A Dios lo que es de Dios.


Por: Henry Garcia.

No es de extrañar que el nuevo modus operandi de penetrar  y no abandonar las Iglesias por parte de elementos inescrupulosos, y fíjense que no digo ni disidentes, ni mercenarios, ni contrarrevolucionarios, porque en realidad no lo son. Son vulgares delincuentes con múltiples antecedentes penales, que no estudian, ni trabajan, siempre en busca de dinero fácil, según vecinos que los conocen bien de cerca.

Su aptitud obedece a que han descubierto una entrada fácil de dinero; quién lo aporta: el presupuesto millonario del Gobierno Norteamericano para subvertir el orden en Cuba, y es suministrado a través de sus agencias a la Mafia Anticubana de Miami y esta después de quedarse con su  buena tajada, les envía a un insignificante grupito (asiduos de visitar la Oficina de Intereses de EE.UU. en La Habana), que se encarga de repartirlo puntualmente a cuanto delincuente se preste a realizar acciones, no importa si es para tratar de crear situaciones desagradables a la Iglesia y humillarla en vísperas de la visita del Santo Padre a Cuba, o para salir a una esquina con un caldero gritando que tienen hambre, pero con el dinerito verde en el bolsillo.

A fin de cuentas responden a la intención del Imperio de desacreditar a la Revolución Cubana, y le hacen el juego sin el menor escrúpulo.

El “César paga”,  a sus peones que viven a piernas sueltas: primero porque la policía cubana no es la de New York o de Europa, bien equipadas con órdenes de los poderosos de reprimir hasta que corra la sangre, esta de la isla vela por la tranquilidad ciudadana, y sus acciones tienen de fondo la humanidad, respeto y nobleza salidas de las tradiciones arraigadas en la mente del pueblo cubano del cual forma parte.

No es de extrañar que una buena mayoría de estos elementos busquen un aval, para no ser rechazados cuando soliciten visa para Estados Unidos. En su opinión hay que darle al “César lo que es de él”.

No hay porque preocuparse, ni por la mafia cubana miamense, ni los de aquí adentro, aunque haga algún ruido, amplificado siempre por la maquinaria mediática de la mentira; jamás tendrán más seguidores en el mundo que el pueblo que defiende esta isla.

El Santo Padre puede estar convencido que las iglesias cubanas, pertenecen a quienes practican la fe con el corazón y no con el bolsillo, y que será bien recibido con el entusiasmo y respeto que merece.

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