Desagradecidos muerden la mano que ayuda.


Por:Arthur González.

Como denunció el vocero de la iglesia católica habanera, Orlando Márquez Hidalgo el pasado 14.03.2012, elementos contrarrevolucionarios  siguiendo instrucción desde Miami, violaron la paz de la casa de Dios en varias provincias cubanas. La iglesia fue muy precisa al afirmar que: “se trata de una estrategia preparada y coordinada por grupos en varias regiones del país. No es un hecho fortuito, sino bien pensado y al parecer con el propósito de crear situaciones críticas a medida que se acerca la visita del Papa Benedicto XVIa Cuba”.

Sin embargo algunas agencias de prensa internacionales tratan de darle otro enfoque a este reprobable hecho que ha indignado a creyentes y no creyentes, trastocando la información de forma mal intencionada, al intentar hacerle creer al mundo que son “pacíficos disidentes” que lo hicieron para ser escuchados por el Papa.

Me pregunto, ¿se puede calificar de “pacíficos” a quienes haciendo caso omiso y empleando posiciones de fuerza, obligan a un sacerdote a aceptar que 13 personas permanezcan dentro de su iglesia? ¿Hasta dónde hay que soportar la manipulación mediática orientada por la mafia anticubana de Miami, que se conoce fehacientemente que tiene planes para entorpecer la visita no deseada por ellos del Santo Padre a Cuba?
¿Quiénes son los llamados disidentes que están en contra de la voluntad de la iglesia, intentando por la fuerza tomar los templos como trinchera política, sin el menor respeto a  Dios, religiosos, laicos y feligreses?

Según comentarios de algunos creyentes vecinos de la zona de Centro Habana y asiduos a esa Basílica, la mayoría de los ocupantes de la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, tienen una pésima conducta social. Entre ellos hay ex reclusos y otros con múltiples advertencias, algunos de los lugareños afirmaron que no trabajan y viven de actividades ilegales.

Habrá que esperar a que se conozcan los nombres y antecedentes de los llamados “disidentes” para confirmarlo, pero no es de extrañar que así sea por la forma tan irreverente con que cometieron el hecho, incluso a la misma hora en que el Cardenal Jaime Ortega le hablaba al pueblo cubano sobre la visita del Papa.

Ya se iniciaron los ataques a la figura del Obispo de Holguín, Monseñor Emilio Aranguren, por no permitir que su iglesia fuera tomada a la fuerza.

La posición de Monseñor Aranguren me recordó a la de Jesús hijo de Dios, cuando echó del templo a los fariseos.

Pueden quejarse cuanto quieran los violadores de domicilio, el Obispo actuó conforme a lo cualquier ciudadano respetable debe hacer. Nadie permite que penetren en su casa un grupo de personas por la fuerza y se nieguen a salir.

En el código penal se establece que: El  que, fuera de los casos autorizados en la ley, penetre en domicilio ajeno sin la voluntad, expresa o tácita, del morador, o permanezca en él contra su voluntad manifiesta, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas. Si se ejecuta de noche o empleando violencia o intimidación en ls personas, o con el concurso de dos o más personas, la sanción es de privación de libertad de dos a cinco años.

Entonces de qué disidentes estamos hablando, ¿de los que manipulan la información a su antojo, para hacer de actos ilegales alabanzas a la llamada “disidencia” financiada desde EE.UU.?

La iglesia dejó bien establecida sus consideraciones sobre los hechos al afirmar que: “todo acto que pretenda convertir el templo en lugar de demostración política pública, desconociendo la autoridad del sacerdote, o el derecho de la mayoría que va allí en busca de la paz espiritual y el espacio para la oración, es ciertamente un acto ilegítimo e irresponsable”.

Más vale que la contrarrevolución asalariada no juegue con candela, para no terminar en el banco de los acusados por violar el artículo 287 del capítulo II, sección primera, del código penal vigente.

Respeten para que se les respete; al menos tengan un poco de pudor en utilizar lugares sagrados para millones de creyentes de este mundo.

Nada ni nadie podrá enturbiar la visita de Benedicto XVI, saldrá de Cuba con la imagen de un pueblo culto y respetuoso, con autoridades inteligentes y con preparación para conducir el nuevo rumbo que se ha trazado. Pero también se llevará la verdadera proyección de la contrarrevolución, su mercenarismo al servicio de los norteamericanos, su irreverencia y falta de principios éticos y morales  que hacen que el pueblo no los respete ni reconozca.

Quieran o no, ese será el saldo que permanecerá en la mente y corazón del Santo Padre.

Los pecadores que han apostado por hacer de su visita un rejuego propagandístico, el día del juicio final pagarán caro ante Dios sus malas intensiones.

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