Mujeres cubanas prefieren familias pequeñas


Cuando la población cubana apunta hacia un proceso de envejecimiento, estudios realizados en la isla demuestran que las mujeres del país caribeño prefieren tener familias pequeñas, según afirmó hoy aquí una especialista

Grisell Rodríguez, investigadora del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, expresó que de acuerdo con la encuesta nacional de fecundidad, efectuada en diciembre del 2009, las cubanas consideran parir dos hijos como lo ideal.

En entrevista con el semanario Trabajadores, destacó que aunque esas son las aspiraciones, otro tema son los pasos concretos que se dan para alcanzarlas.

Lo más importante, explicó, es que las parejas tengan los hijos que deseen y, al mismo tiempo, cuenten con todos los mecanismos y recursos para poder regular su descendencia, lo cual pasa, en primer término, por la educación.

Es bueno señalar que en Cuba, desde 1978, cada mujer no tiene una hija que la remplace en su función reproductora, lo que los demógrafos llamamos “estar por debajo del reemplazo”, manifestó.

Según la especialista, los patrones culturales y sociales de comportamiento expresan que ellas prefieren tener pocos hijos y familias pequeñas, no solo por condiciones económicas o de recursos.

Hay que valorar que las mujeres cubanas cuentan con mayor nivel educacional, están incorporadas socialmente, tienen conocimiento y acceso a la anticoncepción, apuntó.

Para Rodríguez, en Cuba la fecundidad -número de hijos efectivos que tiene una mujer- es multicausal, y ante todo se ha conformado históricamente.

“Cuando se les pregunta cuántos hijos quieren tener, raramente dicen tres, y muchas refieren uno.”

En ese sentido, consideró necesario resaltar que la mujer cubana no abandona su aspiración de convertirse en madre, al igual que los hombres en padres, pero es necesario tener en cuenta sus aspiraciones individuales.

Sin duda, hoy tenemos una estructura de población envejecida, y su causa fundamental está en los bajos niveles de fecundidad, aunque también influye la elevada esperanza de vida -76 años para los hombres y 80 para las mujeres-, así como los reducidos índices de mortalidad infantil, manifestó.

Rodríguez consideró que esa situación no debe verse como buena o mala, sino como resultado del proceso de transición demográfica, de disminución de los altos niveles de mortalidad y fecundidad, como ocurre en países más desarrollados.

Entonces, valoró, necesitamos más geriatras que pediatras, una mayor atención al adulto mayor, y no solo desde el punto de vista de salud, sino como parte de un enfoque integral, que posibilite aprovechar más la experiencia de estas personas que rebasan los 60 años.

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