Del gracejo popular: ¿disidentes?


Por: J.M. del Río.

Popularmente se le atribuye a Máximo Gómez Báez, ilustre hijo de la hermana República Dominicana, a quien su singular amor por Cuba lo llevó, en 1892, a convertirse en el Generalísimo de la revolución, la frase que alude a lo exagerado que algunas veces somos los naturales de nuestro país: “el cubano cuando no llega, se pasa”.  No he podido encontrar en ninguno de los escritos que legó para la historia el ilustre dominicano por nacimiento y cubano por convicción  y que he tenido la oportunidad de revisar, esa frase, pero la utilizo para dar comienzo a los comentarios siguientes.

De nuestro país, sobre el que penden muchas amenazas, se dicen muchas cosas, buenas y malas. Nuestros amigos, que no son pocos en este mundo, en ocasiones exageran las bondades del proceso revolucionario cubano y de lo que hemos podido hacer, a pesar de tener sobre nuestro cuello la bota del imperio del norte, ese que pretende convertirse en gendarme del universo (inclúyase aquí al resto de los componentes del sistema solar y demás galaxias descubiertas hasta el momento), y que según ellos cuenta con la anuencia divina para cambiar al mundo a “su imagen y semejanza” (la de ellos, no la de Dios).

Si mesuradamente analizamos el momento histórico que vive nuestro país en realidad nosotros, los cubanos, que hemos estado “en primera línea” todo este tiempo de revolución y de cambio, pensamos que nuestra sociedad actual no es tan buena como en ocasiones nos gusta decir o dicen nuestros amigos; pero que indudablemente no somos tan malos como se cansan de repetir una y otra vez, de manera cansina, injuriosa y malintencionada, nuestros enemigos y sus secuaces del patio.

Observen que utilice el epíteto “secuaces” y no “disidentes” u “opositores”. Para eso acudo al léxico popular. Un amigo del barrio, a quien llamaremos “Cantaclaro”[1] que no es un hombre de letras; pero que ha pasado “la universidad de la vida” hasta graduarse con el  equivalente a un doctorado en “Ciencias Populares”, me decía recientemente con un toque de ironía:

-¿Tú sabes lo que es un peatón?  ¿A qué viene esa pregunta?, le respondí a Cantaclaro. Claro que lo se. Un peatón es una persona que camina por la vía, que no utiliza un auto u otro tipo de transporte para trasladarse de un lugar a otro. Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) es “una persona que va a pie por una vía pública”.

-Bueno tu me estás respondiendo con tecnicismos, empleando el vocabulario refinado de la Academia de la lengua y que utilizan los “letrados”; pero aquí en La Habana donde la posesión de un automóvil por razones conocidas, no es una cosa generalizada, un peatón no es más que un padre o abuelo, propietario de un automóvil, que tiene un hijo o nieto con licencia de conducción y sin “carro” propio, que para utilizar el auto de su propiedad tiene que pedirle anuencia a su hijo o nieto, lo que equivale a decir que la mayor parte del tiempo anda a pie. ¿Te das cuenta de la diferencia? Expresó Cantaclaro.

Ahora bien, dijo mi amigo, fíjate en esta otra definición. ¿Tú conoces a Pancho[2], el vecino de los altos?,  en conversación que sostuve con él recientemente me dijo que él es un “disidente” y que hace todo lo que está a su alcance para demostrar que “disiente” de “la forma en que la Revolución Cubana y sus dirigentes han conducido a nuestro país en todos estos años de Revolución”. ¿Y que es un “disidente”?, le pregunté a Pancho. Su respuesta estuvo algo aletargada, como si no supiera que decir, simplemente vociferó que “el tenía derecho a “oponerse al Régimen”, porque la Declaración de Derechos humanos establecía esos derechos para “todas las personas” del mundo, etc., etc., etc.

Me cuenta Cantaclaro que le preguntó a Pancho si él había leído alguna vez la Declaración de Derechos humanos completa. Respondió que él había leído la parte que proclama el “derecho a la libre expresión” y eso le bastaba. Es decir –aseguró mi amigo- que Pancho en la práctica no es un “disidente” consciente, sino un simple “secuaz”, que como se afirma en el DRAE, es una persona “que sigue el partido, doctrina u opinión de otro”. Yo, continuó expresando Cantaclaro, le manifesté a Pancho, hago todo lo que está a mi alcance para defender a la Revolución cubana. Esa es la potestad que le da la Revolución al pueblo, porque la Revolución es fuente de derecho.

Entonces mi amigo me pregunta ¿Y tú sabes lo que es un disidente? Mi respuesta algo academicista, se apega nuevamente a lo que dice el DRAE, que “disidente” es una persona que “diside” y que “disidir” es “separarse de la común doctrina, creencia o conducta”. Entonces Cantaclaro lanza al aire una estruendosa carcajada y me dice: Eso es lo que dice el DRAE, ahora aquí en las calles de mi Cuba “disidente” es un individuo que no sabe donde poner el huevo, que cuando suenan los cantos de sirena, como no se tapona los oídos como hicieron los correligionarios de Ulises, según cuenta Homero en la Odisea, quedan embrujados por cualquier cosa que escuchan, cambian la casaca, dan la vuelta,  vuelven la hoja y comienzan a “pensar” como sus mentores. Como decía mi abuelita: cada vez que hacen pis cambian de opinión.

“Disidente” es además –continuó explicando mi amigo Cantaclaro-  un individuo que se autodefine como “independiente” del “régimen comunista” y se convierte en un total “dependiente” del imperialismo yanqui. Que como “no le trabaja al Régimen” por tanto no trabaja y pretende vivir del cuento; pero que recibe una mesada de la Sección de Intereses de los EE.UU. o a través de otras fuentes financiadas por el Gobierno de los EE.UU., que utiliza una jerga especial, aparentemente de su propia cosecha, pero que da la casualidad que es la misma que utilizan los miembros de la claque del imperio, entre los que se encuentran ciertos “académicos”, algunos “periodistas”,  determinadas “ONGs”, todos los llamados “periodistas independientes y las “Organizaciones anticastristas”, etc., que no son más que reproductores de líneas de mensajes preparados contra nuestro país por los peritos de las agencias especiales de los EE.UU.

Por otra parte, para esos dizque “disidentes” la policía cubana cuando actúa en el cumplimiento de su deber “reprime” al pueblo,  la que ellos llaman “policía política” (que ningún cubano que se respete sabe a ciencia ciertas a que cuerpo policíaco se refieren, porque todos saben que en Cuba existe una sola Policía, la Policía Nacional Revolucionaria), propina “golpizas” a los “disidentes” detenidos (los mismos que después no pueden mostrar los efectos de tales “golpizas”, porque se trata de mentiras, de elucubraciones, de fantasías, como le pasó a una “ciberdisidente” cubana, que muy pocos conocen en Cuba, que en su “súper-blog” se recreó narrando como fue “brutalmente golpeada”, por miembros de la “policía política” y después no pudo mostrar certificado médico, marcas, hematomas o cualquier otra evidencia de tal “golpiza”, porque simplemente eso nunca ocurrió).

Para esos “disidentes”, continuó contándome Cantaclaro, los soldados israelitas en la zona de Gaza no reprimen a los palestinos. De ninguna manera. Los adolescentes palestinos que lanzan piedras contra los tanques israelitas durante sus cotidianas protestas, no son más que “terroristas y facinerosos”. Los tanquistas que disparan a mansalva y demuelen las viviendas de los palestinos, son “los defensores del orden”. Tampoco reprimen  los policías españoles en las calles de Madrid y otras ciudades cuando arremeten contra los jóvenes del 15-M, los estudiantes y los trabajadores de la salud, la educación y el carbón que protestan contra las medidas anti-populares del Gobierno de Mariano Rajoy. Para nuestros “dilectos disidentes” de ninguna forma podría decirse que es represiva la actuación de la Policía de los EE.UU. cuando cargan con caballos, toletes y gases lacrimógenos contra los llamados indignados. Para nuestros “olímpicos disidentes” esas inocentes acciones de esos cuerpos policíacos no son más que actos dentro del marco de la democracia, destinados a “resguardar el orden público y la tranquilidad ciudadana”. Los que reprimen son nuestros comedidos policías.

Observa, me dice Cantaclaro, que para esos “disidentes”, al igual que para sus patrocinadores, Cuba “exporta el terrorismo”, mientras que EE.UU. “defiende al mundo contra el terrorismo”, EE.UU. y la OTAN se enfrentaron decididamente a esas prácticas terroristas en la Libia de Gadafi, lo hacen ahora en Siria, en Irán y, por qué no, podrían hacerlo también en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, que según ellos “son un peligro en potencia”.

¿Ya tienes claro que es un “disidente”? Entonces olvídate de las definiciones del diccionario, sentenció mi amigo y pon los pies sobre la tierra, para finalmente decir con sorna: Pancho por su parte, mientras que da riendas sueltas a su “disidencia”, va a seguir asistiendo al Policlínico para tratarse el problema que presenta con el asma y ya tiene programada una intervención quirúrgica el próximo mes para operarse una complicación de cataratas que presenta en ambos ojos, que lo tienen a punto de quedar ciego. Como bien tu sabes aquí en mi Cuba querida a nadie le preguntan por su afiliación política, creencia religiosa, preferencia sexual o le examinan el color de la piel para brindarle la atención médica que necesita y que recibe de forma universal y gratuita todo el pueblo (incluyendo los que como Pancho “disiden”). Es decir, que el llamado “disconforme” Pancho va ser favorecido por la “Operación Milagro[3]”, por obra y gracia del “régimen castrista”, que el tanto combate. Nada mi amigo que recibiendo las mesadas de la SINA y los beneficios que aporta el “régimen comunista” se puede ser “disidente” sin problemas, (mientras no se viole la ley), porque ellos están convencido que la mayor parte de las cosas que se dicen  sobre Cuba (y que ellos repiten como caja de resonancia) no son más que grandes mentiras y a ellos nada le pasará y pasado el tiempo, con un expediente de “persecuciones”, “golpizas” y demás acciones del “régimen castrista” contra él que se puedan inventar, puede aspirar a “huir del comunismo”, llegar a los EE.UU. por cualquier vía legal o ilegal (ésta última es más efectista)  y acogerse a la Ley de ajuste cubano. En definitiva contra él el “tax payer” norteamericano nunca llega a conocer como se dilapida su dinero.

Y me amigo Cantaclaro se despidió, con una sonrisa de oreja a oreja, con la confianza y seguridad que siente cualquier hijo de vecino de mi país; injuriado y vilipendiado por el imperio y sus seguidores y elogiado y encomiado por los pueblos, que ven en nuestra lucha, con sus deficiencias y defectos, un paradigma a seguir.


[1] Utilizo un nombre ficticio; pero esta persona a la que hago referencia existe y lo que aquí se dice es una fiel reproducción de lo que me dijo.

[2] Se trata de una persona real, de carne y hueso. Por razones éticas utilizamos un seudónimo y no su nombre verdadero.

[3] Proyecto impulsado por el Gobierno Revolucionario de la República de Cuba para tratar quirúrgicamente  o con el tratamiento apropiado, a cualquier persona de nuestro país que tenga algún tipo de padecimiento oftalmológico. Se ha aplicado además en Haití y otros países del Caribe, en Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros países de América Latina. Han sido tratados varios millones de personas.

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