La Patrona de #Cuba. A propósito del cuatrocientos aniversario de su aparición.


Por:  J. M. del Río

Finalizó  Septiembre y tenía algunos temas pendientes sobre los que en su oportunidad había pensado escribir; pero mi computadora (ordenador) colapsó abrumada por los años de servicio. Una compañera, que es una técnica excepcional, especializada en revivir equipos casi obsoletos, pero que siguen prestando servicio a la patria, revivió mi máquina y heme aquí, intentando nuevamente decir algunas cosas que considero importantes. Así es amigos, mi máquina también sufre las secuelas del bloqueo y que conste, esto no es “propaganda oficialista” son los hechos cotidianos; pero aquí estamos, aquí seguimos y nuestra perfectible obra permanecerá para mucho tiempo.

El pasado 8 de septiembre se cumplió el 400 aniversario del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad flotando en la bahía de Nipe, actual provincia de Holguín. Según los creyentes devotos conocedores de la historia mariana, a partir de ese momento, con esa nueva advocación, los habitantes de la isla comenzaron a distinguir a la Virgen María, la madre de Jesús. Lo cierto es que con todo lo que se ha investigado, resulta difícil conocer con precisión la procedencia de la imagen hallada. Una de las historias que se cuentan es que junto al hallazgo apareció un madero que llevaba una inscripción donde se leía: “Yo soy la Virgen de la Caridad”. Lo “del Cobre” vino algo después cuando la imagen fue llevada a ese territorio donde se le construyó inicialmente un modesto santuario de madera y techo de guano, que se fue mejorando hasta llegar al santuario que existe actualmente. Desde ese entonces, hasta el sol de hoy, los cubanos creyentes católicos y no católicos, han venerado con gran devoción esa imagen a la que le atribuyen poderes milagrosos y como la mayoría la consideran milagrosa por si misma y no como mediadora con Dios, le hacen solicitudes con un sentido utilitario muy relacionadas con la vida cotidiana. Así le piden directamente que interceda por ellos en cuestiones que van desde la curación de un familiar enfermo, hasta el apoyo para la redacción de una tesis doctoral o para obtener una medalla en alguna competencia deportiva o que le proteja la vida en otras tierras donde el solicitante brindará su apoyo internacionalista o que el marido o la esposa los siga queriendo “hasta que la muerte los separe” o vaya Ud. a saber que cosa, siempre con la mayor devoción.

Por todo eso, para la mayoría de los cubanos, entre los cuales la religiosidad popular presenta las peculiaridades de ser  espontánea, ocasional y asimétrica; la Virgen María es la Virgen María y la Virgen de la Caridad es la Virgen de la Caridad.

Mi amigo Cantaclaro, me contó que cuando él decidió incorporarse a la lucha guerrillera contra la tiranía batistiana, su madre, que conoció de su  determinación por la indiscreción de uno de sus compañeros, lo llamó a contar para tratar de convencerlo de que desistiera de su idea, rezó por él a su manera, le brindó consejos para que se cuidase, le entregó una medallita con la imagen de la Virgen de la Caridad y le hizo jurar que siempre la llevaría “para que la virgencita lo protegiera”. Según Cantaclaro, él, que nunca ha sido creyente, por respeto a su madre (y a la virgen) uso la medalla todo el tiempo que se mantuvo “alzado” y aún la guarda con afecto. Lo curioso del asunto, siguió diciéndome  mi amigo, es que no recuerda haber visto nunca a su madre en Iglesia alguna, aunque en su habitación colgaba un cuadro con una imagen de la Virgen y de cuando en cuando le encendía una vela, sobre todo en el periodo que él estuvo combatiendo contra la tiranía de Batista.

“Ella se hubiera sentido muy feliz, aseveró Cantaclaro, con esta conmemoración del 400 aniversario del hallazgo de la Virgen, al ver que se le ha rendido pleitesía a la Patrona de Cuba a lo largo y ancho del país, en celebraciones que se han caracterizado por la participación de muchas personas creyentes devotos y no creyentes respetuosos, incluyendo las principales autoridades de provincias y municipios por donde peregrinó la Virgen, con lo cual queda demostrado que la Virgen de la Caridad forma parte del imaginario y de la cultura cubana como la palma real, la flor de la mariposa, la bandera y el escudo. Es una verdadera pena, subrayó Cantaclaro, que a estas alturas queden algunos por ahí que tratan infructuosamente  de utilizar la religiosidad de los cubanos para intentar promover conflictos de corte político y contrarrevolucionario. Para mi y para los que comparten mis posiciones, siguió diciendo, siempre ha estado bien claro lo que establece nuestra Constitución que en la Cuba de hoy “ninguna creencia religiosa implica necesariamente una actitud contrarrevolucionaria” y que, por otra parte,  resulta “inadmisible el uso de las creencias religiosas como pretexto para combatir la revolución o incumplir las leyes”. Estoy convencido además, concluyó mi amigo, que en la Cuba Revolucionaria, se sancionan a las personas que infringen la ley, pero jamás persona alguna será sancionada por la profesión de una fe religiosa.

Mientras que eso sucede en Cuba, donde se puede afirmar que la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre evoca la unión del pueblo, incluso entre los no creyentes, algunos en el sur de la Florida que se dicen muy católicos y muy devotos, que pretenden hablar a nombre de otros que allí viven que si son creyentes verdaderos, agitaron durante esos días las banderas del odio desmedido pidiendo a la Virgen “que bendijera a Miami y a los que luchan por la libertad de Cuba contra “el castro-comunismo” y “alumbrara” a los Venezolanos para que votaran contra Chávez”. ¿Será a otra Virgen a la que le están pidiendo todas estas cosas? Estoy seguro que cualquier creyente admitiría con gusto que la Virgen bendijera Miami o cualquier otra ciudad de los EE.UU. o del mundo. Lo otro es discutible, aunque eso es una cuestión de fe, de amor a la patria y de una posición diáfana con relación a lo que Martí aseveró en sus versos sencillos: “con los pobres de la tierra, quiero yo mi suerte echar”, concepto muy cercano a lo expresado por Jesús: “-Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de dios. Les repito que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios.” (San Mateo 18-23/24).

Reconozco que el ejercicio de la fe es un asunto privado de las personas y de las organizaciones religiosas y que la Virgen de la Caridad del Cobre es la Patrona  de Cuba y por tanto de todos los cubanos donde, como se trata de un asunto de fe, los matices políticos se desvanecen; pero de lo que si estoy seguro que el pueblo de Cuba, al que se refiere Martí en sus versos y Jesús en sus enseñanzas, ese que se libró de la tiranía y ahora lucha por un futuro mejor con todos y para el bien de todos seguirá confiando a la Virgen de la Caridad sus peticiones al tiempo que lucha, se esfuerza y trabaja con los pies bien puestos sobre la tierra, para que no quede todo a la milagrosa voluntad de la virgencita.

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