Jornada democrática


Por: J.M. del Río

La Comisión Electoral Nacional emitió un parte con los resultados preliminares de las elecciones de los delegados a las 168 Asambleas Municipales de nuestro país. Se conoció que habrá segunda vuelta en 1,410 circunscripciones como establece la Ley Electoral, porque en esos lugares ninguno de sus candidatos obtuvo más del 50 % de los votos.

Esta primera vuelta, a pesar de los malos augurios y el estridente cacareo de la claque del  imperio, fue una verdadera muestra de la solidez de nuestra democracia. Los colegios electorales se vistieron con sus mejores galas gracias al esfuerzo desinteresado de los más de 196 mil cubanos que voluntariamente ocuparon posiciones como autoridades electorales; 120,400 de los cuales se desempeñaron directamente en las mesas electorales.

Para ejercer sus funciones, engalanar los colegios, custodiar las urnas y apoyar disciplinada y respetuosamente el proceso electoral, contaron además con el decisivo apoyo de vecinos, cederistas, federadas, pioneros (fieles y disciplinados custodios de la integridad de las urnas), combatientes de la revolución, centros de trabajo, escuelas e incluso propietarios de casas particulares que gustosamente brindaron sus domicilios para ser utilizados como colegios electorales.

Si el enemigo pretendió intentar perturbar, alterar, desorganizar o cualquier otra acción negativa de desestímulo contra esta jornada popular y democrática, el tiro le salió por la culata y, repito lo que dijo un amigo del barrio, a viva voz, en la cola del pan, cuando escuchó los datos sobre los resultados electorales: “los dejamos otra vez con la jeta[1] hinchada”. Ahora están tratando de descubrir “como se asa la manteca”, porque a partir de sus irracionales razonamientos no logran discernir por qué el pueblo cubano sigue apoyando masivamente a su Revolución.

Para tratar de explicar mejor por qué digo esto, los invito a que analicen conmigo los siguientes discernimientos. Los llamados “disidentes”, “opositores pacíficos”, “activistas políticos”, “damas de blanco”, “periodistas independientes”, “anticastristas”, “combatientes por la libertad de Cuba” y otros poseedores de títulos que han sido cuidadosamente diseñados por el gobierno de EEUU y la mafia mamiamense como “producto de exportación”, para ser utilizados por los órganos de prensa que desde hace más de 50 años están “puestos para nuestro cartón[2]”, no pretenden otra cosa que difamar a la Revolución y al Gobierno Revolucionario y suministran a sus mentores un galimatías informático que colinda con la estupidez,  que por ser tan extremadamente parcializado e irreal, las agencias imperialistas necesitarían  analistas eruditos para poder conformar un escenario objetivo con semejante cúmulo de embustes y bazofias. Vayan llevando la cuenta: en cualquier país del mundo suministrar información a representantes de un país extranjero, con el objetivo de confabularse o conspirar contra el gobierno de su país, se convierte en un acto punible por la ley. En algunos lugares son más severos que en otros. En los EE.UU., por ejemplo, para trabajar con un gobierno extranjero incluso en la más noble de las tareas, el interesado debe inscribirse como “agente” al servicio de ese gobierno, de lo contrario puede ser sancionado.  Estos personajes que pretenden erigirse en los súper poseedores de la verdad, constantemente violan estas normas, que también existen en Cuba, porque somos un país de leyes y se consideran con el derecho a continuar haciéndolo impunemente. Yo no represento a las autoridades. Me dedico, entre otras cosas, a escribir algunas líneas de tiempo en tiempo para compartirlas con los que las quieran leer. Considero que todos tenemos derecho a exponer nuestros criterios de forma abierta, libre y ordenada. Respeto a los que con ese comportamiento adversan mis ideas. He aprendido a escuchar criterios divergentes. En Cuba hay muchas formas de expresar lo que uno piensa y aquellos cubanos que no compartan los criterios políticos y sociales que por decisión de la mayoría del pueblo prevalecen en nuestro país actualmente, pueden utilizar esas tribunas y estar dispuestos a debatir y compartir sus opiniones. Eso lo respeto. Lo que no respeto ni respetaré nunca es lo que hacen estas personas, que han vendido su alma al imperio y hacen todo lo inimaginable para “caer bien”, aunque eso implique difundir las más viles mentiras contra su patria y  su pueblo.

Sobre la base de las informaciones que estos personajes tramitan y alguna otra que pudieran obtener a través de oscuros canales, los especialistas del imperio forman sus errados criterios sobre la “casi segura cercana desarticulación de la Revolución” y al parecer esperaban que eso fuera a suceder en estas elecciones de Delegados de las Asambleas Municipales del país. Ahora  los escuchamos dando la información en reverso. Mientras que por su parte la Presidente de la Comisión Electoral Nacional anuncia que de los aproximadamente ocho millones y medio de electores inscritos con derecho al voto, ejercieron esa potestad más de ocho millones cien mil, para un 91 % y que de esos votos emitidos, más del 90,12 % fueron boletas válidas, mientras que 4,9 % fueron boletas en blanco y  4,4 %  anuladas (Cualquiera que haya sido testigo presencial[3] de un escrutinio de votos en un colegio electoral sabe que, a pesar de todas las explicaciones que se dan por radio, TV, prensa escrita y de forma directa en los vecindarios y en los colegios electorales a la hora de votar, hay personas que cometen errores y votan por más de uno de  los candidatos , lo cual invalida la boleta, aunque también los hay que invalidan la boleta de ex profeso).

Ahora bien cuando los antes citados órganos de prensa que se proclaman “objetivos e imparciales” brindan esta información, comienzan de atrás hacia adelante y primero dicen: “El Gobierno Cubano reconoce que casi un 10% de las boletas fueron anuladas o dejadas en blanco”. No mencionan que el 90 % voto por el candidato de su preferencia, lo que representa más de siete millones trescientos mil electores. Como dije anteriormente: quieren descubrir el método para “asar la manteca” o  están tratando de determinar por qué los gallos y las gallinas tienen los ojos a los lados o mejor, como decía mi abuelita, “no acaban de poner el huevo”. No se dan cuenta que sus informantes son unos embusteros, pésimos recolectores de información y lo que si hacen bien es fantasear bodrios.

Tenemos a una “cibersididente” en proceso de fabricación (todavía no llega a la “altura” de la otra) que plantea que los candidatos designados por la población en asambleas de vecinos deberían “dar a conocer las ideas que quieren desarrollar cuando ocupen sus cargos de Delegados” (como se hacia antes del “castrismo”). Así tenemos que ésta “ciberdisidente” de segunda clase propone el “novedoso” método de que los Delegados hagan campaña electoral y anuncien a los cuatro vientos sus planes y proyectos para la circunscripción. Me hace recordar eso una historia muy popular que describía cabalmente lo que pasaba en las elecciones que tenían lugar antes del triunfo de la Revolución.  Se trataba de un Señor que aspiraba a ser elegido a la Cámara de Representantes por una de nuestras anteriores provincias, que llegó a un poblado donde sus “sargentos políticos[4]” le tenían organizado un mitin  con un grupo de pobladores, que fueron estimulados a asistir con algunos “tragos” de ron y chucherías para comer. El susodicho candidato subió al podio y comenzó a pronunciar el discurso escrito para él por uno de sus ayudantes que nunca había estado en ese pueblo.  El discurso contenía las consabidas y nunca cumplidas promesas electorales, es decir “los planes y proyectos” del mencionado politiquero. Prometió crear fuentes de trabajo, construir escuelas, construir un cine y dentro del montón de ofrecimientos, prometió construir “el puente que necesitaba el pueblo”. Allí fue donde “la mula tumbó a Genaro[5]”. Uno de los presentes que no aguantaba más “paquetes[6]” gritó a todo pulmón: “pero compadre, si en este pueblo no hay ríos”. Al darse cuenta de su metedura de pata, el politiquero trató de enmendar el desliz y respondió precipitadamente: “pues entonces también construimos el río”. ¿Esto es lo que nuestra “ciberdisidente” de segunda clase quiere nuevamente para nosotros? ¿Cuántas de las promesas electorales cumplen los políticos en EE.UU? ¿Cuántas cumplen los Aznar, los Rajoy, los Zapateros y otros políticos europeos? Por favor señora “ciberdisidente” siga usted cumpliendo sus funciones de claque del imperio y no ofenda nuestra inteligencia. Lo que tenemos no será perfecto, pero es lo nuestro. La información que necesitamos sobre nuestros candidatos es el resumen de su autobiografía, con lo que han hecho hasta el momento de su nominación.

Hay otro autotitulado “activista político” que para justificar su garrafal error al predecir la debacle electoral, expresó que lo que sucedía era que las personas iban a votar para evitar el control de los CDR. Que los “disidentes” tenían orientado no votar para que “el régimen” no pudiera hacer propaganda con los resultados electorales y que algunos lo hacían; pero invalidaban las boletas o las dejaban en blanco. Parece que sus amigos “disidentes” no aceptaron la orientación o ¿será que no son tantos? Me inclino por esto último, aunque lo primero también es posible.

El pueblo fue a votar masivamente. Se eligieron los mejores y al día siguiente recibimos con inmenso júbilo el artículo de Fidel acompañado de algunas fotos, donde nuestro líder histórico ridiculizaba a los agoreros del imperio que una vez más lo habían matado. ¡Que doble victoria nos deparó la vida!


[1] En lenguaje coloquial significa cara humana.

[2] En lenguaje coloquial: Estar interesado en algo. Prestarle excesiva atención a algo o a alguien con un interés malsano.

[3] Todos los ciudadanos cubanos con derecho al voto (incluyendo “disidentes”), tienen a su vez el derecho de presenciar ordenada y disciplinadamente como testigos los escrutinios en los colegios electorales. También pueden hacerlo, si lo desean, periodistas nacionales y extranjeros acreditados en Cuba.

[4] Representantes locales de los politiqueros cuya función era tratar de obtener votos de cualquier forma posible, generalmente por vías ilegales (compra de votos, robo de tarjetas electorales, robo de urnas, etc.).

[5] Frase coloquial para referirse al punto donde ya no se aguanta más y se produce un altercado.

[6] En lenguaje coloquial equivale a mentira”.

Publicado el 10/26/2012 en Contrarrevolución, Democracia, Elecciones en Cuba, Elecciones en Cuba, Política, Prensa mediática, Yoani Sanchez. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

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