El huracán Sandy: David y Goliat


Por: J. M. del Río

Hacer comparaciones no es tarea fácil. Comparemos por ejemplo, en la historia que nos cuenta la Biblia, al gigante Goliat con el pequeño David. Según relata una de las versiones bíblicas (Samuel  17, 1-58) Goliat, como representante de los filisteos desafió a los israelitas a que escogieran entre ellos al soldado mejor preparado, para dirimir el enfrentamiento entre ambos pueblos mediante un singular combate del guerrero escogido contra él.  El que obtuviera la victoria  en ese duelo decidiría la contienda  a favor de su pueblo.  Según esa versión, Goliat pereció en el combate, victima de una piedra que lanzó  David con su honda y los israelitas predominaron en la pugna. Años después, el pequeño David llegó a convertirse en Rey de Judea y de Israel.

Armados con la honda de David hemos estado los cubanos durante todos estos años de independencia mediatizada y de Revolución victoriosa, prestos a enfrentarnos al Gigante que la geografía nos proveyó como vecino cercano, que durante todos estos años ha tratado de absorbernos y de convertirnos en un apéndice de sus intereses. Sucede que en tantos años de conflictos, en ocasiones la naturaleza pone a prueba tanto a los imitadores del espíritu del gigante Goliat, como a los que defienden sus principios con el arma artesanal de David. Así ha pasado en estos días con la violenta embestida del huracán Sandy, que atravesó las provincias orientales de Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo, afectando de paso a otras provincias del país con fuertes lluvias que provocaron grandes inundaciones; para luego salir al mar, organizarse, cobrar fuerza, amenazar los estados situados en la costa sureste de los EE.UU. y más tarde penetrar por los estados ubicados en la costa noreste y regodearse excesivamente sobre esos territorios para dejar una estela de destrucción y muerte.

A su paso por Cuba, el huracán Sandy deambuló sobre las antes citadas provincias orientales como una imprudente “bulldozer[1]”, que con su cuchilla frontal, derribó miles de árboles, afectó más de 130 mil viviendas, destruyó miles de hectáreas de cultivos y  daño almacenes, fábricas, hoteles, escuelas, hospitales. Las primeras imágenes que vimos por la televisión fueron tan impactantes que a más de uno se le aguaron los ojos. Los orientales, que forman parte de un pueblo con una historia de lucha escrita con sangre, sudor, esfuerzos y victorias, resultaron igualmente estremecidos por la violenta acción de la naturaleza, que se ensañó contra ellos y sus medios de vida y de sustento. Lo más doloroso fueron las pérdidas humanas.

Primero que todo hay que señalar que este tipo de evento meteorológico  no nos toma por sorpresa. El pueblo de Cuba está preparado para afrontar estas situaciones. Nuestra Defensa Civil tiene estudiadas las medidas para prepararnos con antelación a fin de hacer frente a todo  lo que pueda ser previsto en estos casos. Los cubanos de forma mayoritaria, respondemos disciplinadamente a las instrucciones de la Defensa Civil y anualmente se realizan ejercicios de adiestramiento donde cada cual aprende lo que debe hacer en casos de desastres naturales o de otro tipo; pero en ocasiones la naturaleza nos juega alguna treta y suceden cosas que alteran nuestras previsiones. No caben dudas de que la conmoción inicial provocada por el huracán Sandy fue anonadante para los orientales y para todo el pueblo de Cuba; pero como desde que surgimos como nación hemos aprendido a levantarnos con más ímpetu después de cualquier caída, esta vez no ha sido diferente. Y luego de ensanchar nuestro pecho inicialmente apretujado por lo que vimos, enjugar las ocasionales lágrimas vertidas por la rabia ante la impotencia, se proyecta con más fuerza la contraofensiva que cambiará  la imagen de destrozos ocasionados por el huracán, por un paisaje de solidaridad humana, de trabajo, de empuje revolucionario y Santiago de Cuba y las demás ciudades, pueblos y caseríos dañados resurgirán como ave fénix, más hermosos, más hospitalarios y heroicos como siempre  lo han sido.

Y he aquí algunas comparaciones. Los norteamericanos se prepararon también. Es un  país con muchos recursos, cuentan con todo lo necesario para enfrentar una calamidad de este tipo; pero se observan diferencias que los medios de prensa recalcan sobre todo cuando hacen referencia a eventos similares que han tenido lugar en el pasado, subrayando las deficiencias de las instituciones estaduales y federales encargadas de brindar protección a la población. El huracán Katrina, que golpeó violentamente las costas de los EE.UU que dan al Golfo de México, dejó un estela de destrucción y muerte con más de 1 800 muertos y daños materiales superiores a los 81 mil millones de dólares y puso en evidencia la ineficiencia de la burocracia encargada de la protección contra desastres de la administración de George Bush. No hay confianza en lo que los gobiernos estaduales y Federal pueden hacer a favor de la población en estos casos. Tienen los recursos; pero les falta la voluntad política. En nuestro casos tenemos la voluntad política; pero no nos sobran los recursos y con lo que tenemos, “arañamos el piso” y hacemos “de tripa corazón” y cada quien recibe lo que debe recibir y el pueblo confía en su gobierno y en su Revolución.

En las zonas afectadas por el huracán Sandy en Cuba se observan muchos destrozos, viviendas demolidas, sembrados arruinados, innumerables árboles, postes telefónicos  y postes de los tendidos eléctricos arrancados de cuajo; pero junto a eso se ve al pueblo trabajando a mano limpia, con medios artesanales, con modernos equipos o con lo que se tenga disponible, poniendo su granito de arena para cambiar el panorama y junto al Pueblo, en la primera línea del combate por la recuperación, están nuestros dirigentes. El Presidente Raúl el primero, los ministros, los Presidentes de los gobiernos provinciales y municipales, los Secretarios Generales del Partido Comunista y en la mente de todos, Fidel; cada cual respondiendo directamente por su responsabilidad ante el pueblo. Por otra parte, al momento de redactar estas líneas se conocía que en los EE.UU. el huracán había provocado la muerte de más de 97 personas (una verdadera desgracia que resulta más doloroso que los estragos materiales ocasionados a la zona y con todo respeto trasladamos nuestro más sentido pésame a sus familiares), los daños se calculan en más de 40 mil millones de dólares, más de 8 millones de personas quedaron temporalmente sin electricidad, la zona en construcción del Centro de Comercio Mundial en Nueva York quedó inundada y el sistema del tren subterráneo sufrió los peores daños en sus 108 años de existencia. Wall Street cerró sus operaciones al menos por dos días y el Alcalde Bloomberg anunció que la ciudad no contaba con suficientes recursos en este momento para enfrentar la situación. Igualmente se reportan que grupos de saqueadores han asaltado tiendas en algunas áreas de la ciudad, por lo que ha sido necesario movilizar  a un número de efectivos de la Guardia Nacional para controlar la situación.

Antes de la llegada del huracán a las costas de los EE.UU., las autoridades ordenaron la evacuación de miles de personas residentes en zonas de peligro. Algunos cumplieron la recomendación otros no lo hicieron, lo que dio motivo para que alguna emisora de ese país emitiera apocalípticas amenazas sobre lo que podría sucederle a los que decidieran no evacuarse. Así escuchamos a un locutor del sur de la Florida que insinuaba de forma ofensiva: “si algún idiota decide permanecer en su casa a pesar de los riesgos, no debemos poner en peligro a bomberos y rescatistas para intentar salvarlo en caso de alguna contingencia”. Es decir se aplicaría “el sálvese quién pueda” típico de esa sociedad.  Hemos escuchados otras cosas interesantes que nos sirven de botón de muestra para comparar lo que suceden en el poderoso vecino país, con los que está aconteciendo en Cuba. Un individuo de los llamados “sin techo”, que deambulan por las calles de Nueva York y otras ciudades de los EE.UU. porque no tienen “ni donde caerse muertos”, después del paso del huracán declaró: “a nosotros los sin techo no se nos permite albergarnos en un refugio después del huracán, porque nos plantean que están dedicados a los que se quedaron sin techo”. Esto parece un juego de palabra; pero resulta una triste realidad que confronta la sociedad del Goliat del norte.

Por su parte el Presidente Obama, suspendió momentáneamente su campaña electoral para ocuparse de dirigir personalmente, el trabajo de los funcionarios federales encargados de enfrentar desastres de este tipo y una de sus primeras declaraciones es todo un poema electoral: “si la burocracia no funciona, denúncienlo, llámenme directamente” y por supuesto, liberó fondos federales para los habitantes de la zona de Nueva York y Long Island, declarados zonas de desastre mayor. Al parecer no solo los ciudadanos comunes y corrientes del país desconfían, también lo hace el Presidente, que no confía en la Burocracia bajo su mando. Así que la campaña electoral está en ascuas. Parece ser que el huracán ha tenido más impacto electoral que humano. El sobresalto ha puesto nervioso al Presidente y al Candidato Republicano, que no tuvo la delicadeza de posponer sus actividades de campaña, aunque si declaró estar “vigilante de las medidas del Gobierno”, si bien  su historial como gobernador no es tan prolijo en bondades. La otra realidad que se observa es que mientras nosotros en Cuba divulgamos lo que está sucediendo en los EE.UU. y nos compadecemos de los que han sido víctimas de la acción brutal de la naturaleza; la gran prensa de ese país ha silenciado los dañinos efectos causados por ese mismo huracán Sandy en la zona del Caribe, principalmente en Cuba y Haití. El Presidente Obama declaró grandilocuentemente que “debemos estar dispuestos a rescatar a cualquier americano que esté en problemas” y no se le ocurrió decir lo mismo con relación a otros seres humanos de otros países igualmente afectados.

Y mientras nosotros, que reconocemos que esta es una tarea de todos los cubanos, apelamos a la fibra principal que envuelve el corazón de las personas de buena voluntad, sin distingos de credo, color de la piel, género o cualquier otro aspecto que nos pueda diferenciar, para impregnar en todos valor, fortaleza, ánimo, empuje y decisión para acometer la tarea ciclópea que se nos avecina; hay algunos elementos de la claque de sirvientes del Goliat del norte, que de forma indigna y enervante tratan de “hacer leña del árbol caído” y se convierten en fabricadores de tragedias, en vocingleros de banalidades, en grandes estadistas de café con leche que intentan solucionar con cabalísticas  propuestas el mar de atrenzos que dejó el huracán. Se dicen y se desdicen y aunque su cacareo se difunde en los consabidos medios de difusión occidentales, el griterío solo queda en un soliloquio agudo, en staccato y nada más. Tratan de presentarse con una magnanimidad que no les concierne, porque magnánimo es el pueblo, solidario es el pueblo, como esa mujer santiaguera que albergó a 25 personas en su petrocasa[2] de dos cuartos que resistió los embates del Sandy o aquel otro bravo cubano que perdió su vida al ser aplastado por una palma mientras cumplía labores de salvamento o como los integrantes de las brigadas de linieros que han llegado de todas las provincias a brindar su apoyo de hermanos para reconstruir los sistemas eléctricos y telefónicos dañados por Sandy.

La mayoría de los ciudadanos norteamericanos  afectados por el huracán, principalmente los más humildes, tendrán que arreglársela como puedan, sobre la base de la concepción capitalista que establece que “todos tienen derecho a tirarse en la piscina, pero el que no sepa nadar se ahoga y no llega al otro lado”.  Los ricos no tienen problemas. Perdieron una casa, pero tienen otra. ¿Y que va a pasar con los que no tienen seguro médico que antes del huracán estaban en problemas? (Se calcula que unas 23 mil personas mueren anualmente por falta de Seguro Médico). ¿Qué va a pasar con el que además de estar enfermo  perdió la casa y no tiene seguro médico ni de otro tipo?, ¿Y que pasara con los llamados “extranjeros ilegales”, que no eran personas antes del huracán?, ¿qué son ahora? Sería bueno que los mercachifles de pacotilla que andan por ahí pronosticando oquedades, asesoren al norteamericano “de a pié” (como ellos gustan de llamar con cierta irrespetuosidad a sus coterráneos) para que resuelvan el problema que sus gobernantes no van a resolver.

En Cuba sabemos que lo que tenemos frente a nosotros es una tarea de hombres y mujeres dignos. No importa cuantas veces la naturaleza nos golpee, sabremos levantarnos cada vez con más bríos. Trabajamos sobre la base del principio de que nadie quedará desamparado. Los que entonan las notas de ominosos cantos de mal agüero que presagian la incapacidad de nuestro pueblo, bajo la dirección de su Gobierno Revolucionario para levantarse y superar las adversidades que nos ha deparado la vida, les recuerdo lo que mi abuelita oportunamente decía cuando se encontraba algo parecido a lo que hace esta claque: “¡Sigan durmiendo de ese lado, que se van a acalambrar!”


[1] Un equipo pesado empleado en la construcción, que posee una gran cuchilla frontal que se utiliza para remover tierra, desechos de la construcción, etc.

[2] Casa fabricada con elementos construidos con derivados del petróleo.

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