Yo soy cubano y me muero siendo cubano (#Cuba)


Por:  J. M. del Río

Ahora que nuevamente Cuba ha presentado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, un documento que  condena el brutal bloqueo económico que el Gobierno de los EE.UU. ha mantenido contra nuestro pueblo durante más de 50 años y demanda su incondicional levantamiento, uno de mis doctos amigos del barrio, graduado en la Universidad de la calle, me contaba la historia que había ideado para que sus nietos pudieran entender mejor la intríngulis de ese pérfido bloqueo.

Se trata de una historia que les cuento a mis nietos, que son aprendices de natación -me dijo- sobre un entrenador de ese deporte que quería imponer su obsoleto sistema de entrenamiento, por encima de un ingenioso procedimiento que estaba tratando de introducir uno de los noveles instructores, llegado a la piscina con mucho ímpetu y deseos de mejorar la vida de los nadadores. Cuenta mi amigo que el taimado entrenador comenzó por impedir que el joven instructor recibiera los insumos necesarios para desarrollar su trabajo. Así desvió recursos a otras piscinas donde él desarrollaba su labor, entorpeció el envío de productos tan importantes como el cloro para mantener la limpieza de su alberca, obstaculizó hasta el delirio la posibilidad de recibir materiales para el mantenimiento tales como pinturas especiales y otros, dificultó el recibo de trajes de baño, equipos de entrenamiento, vestimenta deportiva para ejercicios; pero a pesar de todos sus esfuerzos el novato no desistía de sus propósitos, aunque como era lógico suponer, a sus discípulos les costaba más trabajo obtener alguna victoria en las competencias deportivas que periódicamente se organizaban.

No bastándole con todo lo antes dicho, el  marrullero entrenador contrató a unos seudoperiodistas para que “informaran” sobre el quehacer del joven instructor y estos, siguiendo la pauta de su patrón, comenzaron a despotricar contra el atrevido instructor que había desafiado al establecido entrenador, cuyo “sistema de entrenamiento” contaba con un vasto historial matizado con algunos toques de exageración tras muchos años de empleo, en ocasiones utilizando mañas impositivas. Se publicaron artículos de prensa donde se decía que los discípulos del joven preparador parecían indigentes porque no contaban con trajes de baño adecuados, que las piscinas estaban “deprimentes” porque no se les aplicaba el debido mantenimiento y que además los nadadores eran pésimos.  Ninguno de los periodistas, por supuesto, hizo mención al “boicot” que su patrón mantenía contra el bisoño entrenador, cuya experiencia iba en aumento a medida que pasaba el tiempo y combatía contra los desmanes del artero entrenador que cohabitaba en su vecindad.

A tal extremo llegó el personaje, que un día retó al que despreciativamente continuaba llamando “neófito principiante”. a una competencia entre los discípulos de ambas escuelas de natación. Citó a sus seudoperiodistas para que reportaran el evento y contrató a un maleante para que alterara químicamente el  agua contenida en la piscina de su contrincante, de forma tal que los nadadores sintieran un inexplicable cansancio que se reflejaría contra ellos el día de la competencia. Ese día llegó y los discípulos del joven entrenador, demostraron que a pesar de  las difíciles condiciones que habían tenido que enfrentar para lograr entrenar, cuando existe convicción en el triunfo, este es posible. Pese a los innegables  resultados, los “periodistas” continuaron criticando a más no poder al entrenador, e insistieron  en  su empeño  de   demostrar que el método novedoso que estaba tratando de introducir el joven instructor no era efectivo, y  que lo válido era el viejo método. Claro está que ninguno de esos seudoperiodistas   escribió sobre las trampas de su patrón y los resultados de los discípulos del bisoño maestro.

 

Es algo así -puntualizó mi vecino- como aquel cuento de la persona de piel negra en el sur de los EE.UU., que llegó a una estación de policía con un cuchillo clavado en el pecho para que lo atendieran y denunciar que había sido agredido por un miembro del Ku Klux Kan  y el policía que lo recibió, blanco y miembro de la organización racista por demás, le extrajo el puñal del pecho, lo metió en la celda y lo acusó por haberse robado el cuchillo.

¿Que te parece esta historia que tuve que inventar para que mis nietos entiendan mejor el asunto del brutal bloqueo económico que sufre nuestro país?,  -dijo mi amigo el letrado de la calle- y continuó expresando: Claro está que cuando narro esto a mis nietos lo hago utilizando palabras más sencillas, no incluyo el cuento sobre la persona negra en la estación de policía, para que puedan comprender mejor la historia y les explico que el “taimado entrenador” no es otro que el imperialismo yanqui y el “novel instructor” es nuestro país. ¿Tú sabes lo que me dijo uno de mis nietos la primera vez que les conté esta historia? – ¡Abuelo, pero ese tipo es tremendo HP, así que los “americanos” también lo son!  Tuve que responderle que no dijera groserías, que la madre de ese individuo no tenia la culpa de que su hijo fuera tan sinvergüenza y que no eran los “americanos”, que en general son personas de buenos sentimientos, sino el gobierno de ese país y su sistema imperial los que eran unos sinvergüenzas. “Creo que me entendieron”, afirmó mi amigo.

“La necesidad hace parir hijos machos”, decía mi abuelita. Durante más de 50 años hemos sido víctimas de medidas de asedio económico. No sólo se trata de que nuestro país esté imposibilitado de comprar  de forma normal en ese mercado ni una simple aspirina, sino de una abierta guerra económica y comercial que amenaza y sanciona a todo aquel que se atreve a realizar algún tipo de negocio con Cuba, ya sean firmas norteamericanas o de otros países. Sin embargo para beneplácito nuestro y disgusto del imperio, el panorama en nuestro vecindario y en el mundo está cambiando. Cada día son más los que se atreven a desafiar al poderoso imperio y deciden tener relaciones comerciales y de colaboración mutuamente ventajosas.

Por otro lado, si algo aprendimos los cubanos en estos difíciles años de bloqueo es a no botar nada. Todo es útil. Lo que inicialmente nos llegó con una función utilitaria, una vez cumplida esa función, pasa a cumplir otra y si bien es cierto que aún no tenemos bien puntualizada la cultura del reciclaje, al menos aplicamos inteligentemente la cultura del empleo utilitario múltiple.

Eso deben comprenderlo bien nuestros nietos y todos los niños de Cuba y del mundo, porque entre ellos están los futuros gobernantes, los políticos del mañana, los artistas, los grandes deportistas, los profesionales, en fin los hombres y mujeres del pueblo. Pacientemente hemos resistido la obstinación y la terquedad imperial, que como el “taimado entrenador” mientras nos aplica un bloqueo económico que no tiene parangón en el mundo, pretende hacerle creer a todos que nuestro proyecto de sociedad no funciona, que lo válido es lo suyo, la obsoleta sociedad donde “los que no saben nadar se ahogan” e incluso los que saben nadar, pero no aplican los manejos del amo, también se ahogan y solo llegan al otro lado de la piscina los elegidos.

Por eso- ratificó mi amigo- como dice la canción, “yo soy cubano y me muero siendo cubano”, a lo que le agregaría: socialista, martiano y fidelista y me siento deudo de cualquier país, porque como dijera Martí “Patria es humanidad”.

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