Esfuerzo cotidiano versus maledicencia y charlatanería (#Cuba)


Por: J. M. del Río

Desde el pasado día 12 no escribo sobre los temas de actualidad que se comentan en el barrio. Varias han sido las razones. La primera es que recibí a parte de mi parentela proveniente de mi provincia natal, que vinieron a la boda de un amigo común de la capital y eso absorbió mi atención por razones obvias de elemental urbanidad familiar.  La otra es que en ocasiones a uno le entra algo de  “saudade” y de “morriña”, porque mis parientes vienen del mismo pueblo donde yo nací, y en lugar de pensar en los temas políticos y sociales del momento, en el intercambio con los allegados,  emprende uno a cavilar sobre aquellas cosas de la niñez y de la adolescencia que marcaron la pauta de lo que uno es ahora. Soy de los que reafirma el acertado apotegma que asevera que “cualquier tiempo futuro será mejor” y que la misión principal de un revolucionario, no importa en que instancia del estrato social se encuentre, es precisamente eso: luchar porque el futuro sea superior; pero también comparto el criterio de que en las personas como en los pueblos, los antecedentes, la historia, definen el desempeño cotidiano, la conducta y el accionar del presente.

Somos reflejos de lo que hemos heredado, por eso me siento orgulloso de mis orígenes, de lo que aprendí con la familia,  de lo que asimilé con las lecturas e historias que me contaron mis mayores sobre los grandes hombres y mujeres y los pasajes más relevantes de nuestra historia, de lo que me aleccionaron los campesinos de mi lugar de nacimiento, de lo que me ilustró aquel viejo pescador que pregonaba sus productos todos los viernes por las calles de mi pueblo, de los maestros que me iniciaron en el entonces para mi difícil  arte de las letras y los números, de mi padre el abnegado obrero y  de mi madre la ama de casa que fue siempre la que más trabajó. Si uno le sigue el hilo a la historia de nuestro país, en cualquier casa de buen vecino encuentra uno abundante tela por donde cortar y la historia continua escribiéndose.

Cuando los niños que recién están naciendo ahora sean adultos, seguramente ya habrán leído para ese entonces o alguien les habrá contado en más de una oportunidad, la historia que están escribiendo en estos momentos los santiagueros, los holguineros y los guantanameros con la reconstrucción de sus respectivos territorios luego de los destrozos ocasionados por el huracán Sandy y seguramente se asombrarán al constatar como resurgió de entre escombros, árboles derribados, sembrados destruidos y viviendas borradas del panorama citadino, un entorno renovado mucho más bello y varias veces más apto para vivir.

Al momento de escribir estas líneas han pasado 26 días después del paso de ese terrible fenómeno meteorológico y ya se palpan los avances en la restauración, al menos en lo que objetivamente ha sido posible. Lo más importante es que la recuperación se está llevando a cabo en un clima de orden y disciplina, con la participación de todos, porque todo el pueblo de Cuba ha brindado su aporte de una u otra forma, directa o indirectamente, para ayudar a nuestros hermanos y hermanas afectados.

Nuestros niños tendrán que aprender también como, al tiempo en que la gran mayoría del pueblo se esforzaba en brindar su granito de arena para la reconstrucción de los territorios afectados, con gran desagrado para todos, observábamos que coexistía un grupúsculo de enfermizos que mientras los demás  trabajaban y se enfrentaban a la catástrofe natural; ellos, siguiendo instrucciones de sus jefes del imperio del norte,  echaban el bofe para tratar de encontrarle la quinta pata al gato, en un inútil intento para generar desconcierto, desaliento y desmoralización en la población.

Quizás algunos de los que lean estas líneas en alguna ocasión hayan tenido acceso a algunas de esos blogs (cada cual tiene derecho a decir sobre la forma en que va a perder su tiempo) que se han creado para pretender desprestigiar a nuestro país y que se dedican a desbarrar sobre lo que esos blogueros de primera, segunda y tercera categoría, consideran que debía hacerse para supuestamente darle solución, por arte de magia, a los destrozos ocasionados por Sandy. Son esos mismos agoreros del infortunio quienes, valiéndose de las cajas de resonancia habituales en el sur de la Florida y en otras regiones del mundo, han estado “(des) informando” sobre lo supuestamente acaecido antes, durante y después del  paso del huracán, con un grado tal de malevolencia y mala leche y altas dosis de falseamiento de la realidad,  que uno se pregunta si se trata de personas nacidas en nuestro país o  de agentes enemigos infiltrados en nuestro territorio o sin son extraterrestres provenientes de una galaxia cercana al planeta del nunca jamás,  para llegar a la conclusión que no son más que simples cipayos a sueldo, que no disimulan su intensión de aceptar untas del amo y que han olvidado la historia de su país.

Amigo lector o lectora,  le ruego que analice lo siguiente. Después de una devastación como la ocasionada por el huracán Sandy donde resultaron seriamente afectados la mayor parte los componentes  estructurales, naturales y socio-económicos de las poblaciones por donde pasó el ciclón, lo que incluyen agricultura, electricidad, comunicaciones, salud pública, educación, agua potable, viviendas y otras edificaciones e industrias; es necesario aplicar medidas urgentes para evitar epidemias, para atender lo mejor posible a las personas con padecimientos crónicos de salud, para garantizar una distribución equitativa de los alimentos disponibles y en fin hacer todo lo humanamente posible para que nadie quede desamparado. El Estado cubano, con el apoyo decidido de la mayoría del pueblo, ha puesto al servicio de las provincias afectadas las reservas disponibles para estos casos de desastres naturales. Se han tomado medidas para que la ayuda enviada desde varios países, por la Organización de Naciones Unidas y de otras instituciones, llegue a los necesitados y todo lo que se hace va dirigido a mitigar los daños infringidos por esta catástrofe natural a la población. Nuestro país está preparado para hacer frente a ese tipo de contingencia y contamos con la estructura necesaria para garantizar una distribución equitativa y universal de todo lo que este disponible. Aquí no hacen falta montar esos vergonzosos mecanismos de distribución donde desde un camión se le tira la ayuda a las personas necesitadas, como si fueran animalitos del monte y que terminan en penosas reyertas  donde los afectados se arrebatan las cosas entre si. Aquí cada cual recibe ordenadamente lo que le corresponde y vela porque los demás reciban lo suyo.

Y mientras eso ocurre ¿Qué hacen ésos que utilizan la cobertura de “opositores pacíficos”? Pues se dedican a propagar mentiras, a repetir como papagayos infundíos sobre supuestas epidemias, noticias falsas sobre personas que no han recibido ayuda. Si se trata de una escuela que resultó destruida, alegan que “las autoridades no han hecho nada para su reparación”, cuando todo el mundo sabe que en casos de desastres generalizados, es imprescindible organizar el trabajo de reconstrucción otorgando prioridades y que todo no se puede hacer a un mismo tiempo, aunque se quiera. Estos agoreros del pesimismo se dedican a promocionar desdichas, a tratar de criticar “al gobierno” y  a incriminarlo de todo. Llegan hasta culpar “al gobierno por no haber evitado los daños que ocasionó el huracán” y al mismo tiempo continúan con sus invenciones sobre “olas de arrestos”, sobre como “fuerzas combinadas de la seguridad del estado y de la policía regular efectúan operativos contra los opositores pacíficos”. Cacarean con convulsivo e histérico arrebato sobre supuestas “injustas detenciones” llevadas a cabo contra “personas que ejercen su derecho humano de solicitar información sobre personas detenidas” y se cocinan en su propia salsa”.  Sale un supuesto “opositor pacífico” con caperuza de infeliz oveja a intentar provocar al pueblo y a las autoridades, origina alteraciones del orden público, es detenido y al momento el coro de mercachifles comienza a aullar: “viene el lobo, cuidado con el lobo, me atacó el lobo”. Están tan perneados por la información verdadera y objetiva que nos llega a través de la televisión y otros medios masivos (sobre todo los medios alternativos), donde vemos contingentes de policías que parecen seres galácticos, armados de cascos, escudos, toletes, escopetas de balas de gomas y de plomo, escopetas de gases lacrimógenos, cañones de agua, spray de gases de pimienta y otros adminículos de represión, que arremeten violentamente contra pacíficos manifestantes del pueblo en cualquier ciudad de Europa, EE.UU. y otras regiones, que piensan que esa es la imagen que van a captar los que lean o escuchan sus patrañas.

En uno de mis escritos anteriores he planteado que los que actúan de ese talante, utilizando el embuste como modus vivendi  deben estar preparados a responder por sus actos, porque en todo país que se respete (y les aseguro que Cuba es uno de esos países) ninguna persona puede impunemente falsear sus declaraciones y mucho menos cuando lo hace para consumo de órganos de prensa de otros países y cumpliendo instrucciones de un gobierno extranjero. En los EE.UU. la ley establece severas penas a toda persona que levante falsos testimonios contra otra persona o contra algún funcionario público. Si alguien dice algo, tiene que probar que es verdad o de lo contrario atenerse a las consecuencias. ¿Es que nosotros los cubanos no tenemos derecho a aplicar nuestras leyes, que igualmente sancionan al que propala mentiras malintencionadamente? Habría que preguntarse también por qué esos que se dicen defensores de los derechos humanos, para los cuales las violaciones solo se producen en algunos países del tercer mundo o en países en desarrollo, no son capaces de captar las violaciones que a diario se comenten por los gobiernos de la culta y civilizada Europa y de los EE.UU.

En fin estimados amigos y amigas que se toman el trabajo de leer lo que escribo, los invito a que mediten estos comentarios y se pregunten, como yo lo hago cada cierto tiempo, ¿quién hace más por su país, el que despotrica con maledicencia sobre todo lo que se hace y repite infundíos que le facilitan sus mentores,  mientras cruzado de brazo espera que el mana caiga del cielo (o mejor dicho provenga del norte) o aquel que en la hora de la necesidad se acoda con su vecino para brindar su aporte por modesto que sea, que vela porque lo que se hace de buena voluntad, se haga además bien hecho y que no se acurruca a llorar su infortunio, sino que se levanta con brío para enfrentar el presente y así labrar un futuro grandioso?

Cuando pueda dígame si estoy en lo cierto o si sueño, aunque soñar con los pies bien puestos sobre la tierra es algo que no rechazamos los revolucionarios.

Publicado el 11/23/2012 en Contrarrevolución, Derechos Humanos, economía, Estados Unidos, Huracán Sandy, Medio ambiente, Naciones Unidas, Política, Prensa mediática, SINA, Sociedad, Solidaridad. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

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