CRÓNICAS DE #MIAMI: Un tipo controversial (#Cuba)


Yo estoy  en contra de los errores y criminal política de Estados Unidos con respecto a Cuba. Mi posición es muy clara.

Por: Nicolás Pérez Delgado

Pluma brillante, ácida y jodedora que no gustó a la ultraderecha de Miami, aunque fue uno de los más importantes periodistas de la vida republicana cubana y también lanzó en sus momentos ramalazos a la revolución. Se trata de Luis Ortega Sierra, a quien un día le preguntan sobre lo que más extrañaba de Cuba y responde: “El país, la gente, los tamales y los bollitos de caritas que vendían en los puestos de chinos”.

En Miami ese hombre hubiera sido grande también si la cacareada libertad de expresión no fuera una simple putica de millonarios y vividores al servicio de las viejas avideces imperiales de Washington. Murió en Miami hace dos años, faltándole sólo seis para cumplir cien. En Cuba fue fundador de la prestigiosa revista Orígenes y escribió para diversos diarios y revistas. Su columna Pasquín, en Prensa Libre, fue una de las más leídas en el país.

Hubiera sido grato conocerlo. Seguro nos hubiéramos llevado bien, aunque algunas veces nos jaláramos los pelos. Su historia no cabe en una crónica, pues era alguien capaz de en medio de una guerra provocar la furia de ambos bandos.

Se fue de Cuba huyendo de la dictadura de Batista cuando la policía en 1953 irrumpió en el diario Pueblo, de su propiedad y dirección, destruyó todas las planas con información sobre el ataque al cuartel Moncada y lo agredió físicamente.

Fidel tumbó a Batista. Él volvió a Cuba, pero semanas después dijo: “Ya me están persiguiendo”, y básicamente acusará de esa persecución nada menos que a Carlos Franqui y a Guillermo Cabrera Infante, quienes poco después traicionarían a la revolución. El extremismo revolucionario, o de los que se dicen revolucionarios, no es fácil. Se abusa de él desde la revolución burguesa con su afilada, incansable y popular guillotina parisién. Y Luis Ortega se encabronó, lo pensó y lo pensó, y se volvió a ir de Cuba y demoró 34 años en visitar a la Isla, en 1994.

Regresa en medio de las penurias económicas del Periodo Especial, luego de la desaparición de la Unión Soviética, y sin deseos de ver más calamidades, declaró: “Fue impresionante la ruina que vi.” Pero periodista al fin, y cubano de corazón, volvió, aunque siempre con su mala leche.

Ortega colaboró con Max Lesnik en Réplica, revista a la que los terroristas miamenses pusieron varias bombas, y en una visita que hace a Cuba se cuenta que Fidel lo recibe y jaranero le dijo: “Coño, Luis, parece que los periodista nunca se retiran,” y que Ortega, rápido, respondió: “Coño, Fidel, pero parece que los comandantes tampoco”. En este caso, sea por lo que sea, se equivocó. Después dicen que cenó varias veces con Fidel. De lo que hablaron o discutieron habría que preguntarle al comandante.

El periodista Luis Báez, cubano de chispa y jarana con varios libros de éxito en su haber, hace 22 años lo capturó en La Habana y le hizo una deliciosa entrevista. Aparece en “Preguntas indiscretas”, libro que por amor al arte acabo de releer.

Baéz  le pregunta de por qué ya no escribía en el Herald y en el Diario de las Américas, y Ortega, que ya había dicho que “los que escribimos en español en los Estados Unidos somos, un poco, como aquellos chinos que escribían, o escriben, en el barrio chino de la Habana,” responde ahora: “Porque hay censura en Miami” (…) porque “para poder escribir en Miami hay que adaptarse a todas las idioteces que forman la mitología del cubano que vive en esa ciudad.”

Y se cataloga como “un tipo desagradable, un cubano tan arbitrario que nunca voy a los velorios” y que “en Miami no encajaba en ambiente tan sectario.” (…) “Miami es un vasto conglomerado de tribus campesinas”, señaló. “Las gentes se identifican por el municipio. No por la nación.”

Y Luis Báez le pregunta: ¿Cómo es la vida del cubano en Estados Unidos? La respuesta fue: “Han perdido la comunicación con los hijos, que se sienten americanos y odian a los padres. Están llenos de deudas. Son tan torpes que cargan deudas para poder venir a Cuba a visitar a sus pueblos y alardear de todos los tarecos que tienen.”

Sobre Más Canosa dijo que no le gustaría ni siquiera cambiar dos palabras con él, pero afirma que ha hecho una cosa interesante: “En vez de dejarse sobornar por los americanos se ha dedicado a sobornarlos”.

Me dijeren que antes de morir volvió echarle a la revolución y que luego quiso arreglar la situación, pero la vida no le dio tiempo. Algo nada extraño en un personaje tan mordaz y controversial. En la entrevista con Luis Báez confiesa: “Yo no estoy a favor de la revolución cubana, sino en contra de los errores y criminal política de Estados Unidos con respecto a Cuba (…) Mi posición es muy clara. Estados Unidos debe sacar las manos de Cuba y dejar que Castro, si puede, resuelva el problema y salve a la isla.”

Báez le pregunta que dónde va a pedir ser enterrado, y Luis Ortega dijo: “Yo he pedido que me quemen y cada vez que pienso en eso se me encogen lo que tú sabes.”

Y hace dos años esa gloria del periodismo cubano, Luis Ortega Sierra, fue cremado en Miami sin pena ni gloria y, estoy seguro, con eso que todos sabemos que son, encogidos.

Ver también Miami, donde el tiempo se detuvo Revelaciones de Luis Ortega

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