Hablarnos mejor (#Cuba #EEUU #Madrid)


10bPor Sara Más Farías

Muchas puertas se nos abren si el intercambio con otras personas es efectivo. De las destrezas comunicativas que seamos capaces de desarrollar depender á el mayor éxito que obtengamos, incluida la capacidad de diálogo, negociación y flexibilidad.

También serán mayores el bienestar y la salud propia y ajena ¿Cuántas veces se ha sentido parte de un frustrante diálogo entre sordos, como si sus palabras no fueran escuchadas por su interlocutor?

¿Cuántas otras no ha bastado la complicidad de una mirada para hacernos entender y  sentirnos comprendidos?

¿No se ha visto en la situación de tener que explicar varias veces su punto de vista para conseguir que los demás se sitúen en su lugar y comprendan lo que está exponiendo?

¿Acaso no ha vivido la experiencia de reconocer que, en un encuentro, cierta vez, el desenlace fue fatal porque en la conversación usted y su interlocutor jamás se entendieron?

El acto de comunicarnos, tan natural y cotidiano como diverso y necesario, va tejiendo diariamente nuestra existencia, sin que estemos conscientes, todo el tiempo, de que así ocurre.

Los lenguajes que empleamos son los más diversos: una mirada, la escritura, una palabra, un gesto, una catarata de expresiones y criterios.

Así, desde que venimos al mundo o abrimos los ojos, cada jornada, a la luz del día, estamos transmitiendo y recibiendo información, sensaciones, sentimientos, impresiones, en un  camino de doble vía: ida y regreso.

Pero, más allá de definiciones y reflexiones abstractas, lo cierto es que en la base de todas esas variantes  está asentada la comunicación interpersonal.

De las destrezas comunicativas que seamos capaces de desarrollar dependerá el mayor éxito que obtengamos, incluida la capacidad de diálogo, negociación y flexibilidad, que también

son aspectos a tener en cuenta.

¿Cómo nos hablamos?

Si algún acto repetimos a diario, todo el tiempo, es el de comunicarnos.

Y en esto es muy importante lo que se dice, y también cómo se dice. «La persona capaz de mantener una comunicación interpersonal adecuada contribuye al bienestar y calidad de vida de sí misma y de las demás», asegura el profesor y psicólogo Dionisio Zaldívar Pérez. Y agrega: «Un individuo competente en el desempeño de sus relaciones interpersonales es aquel que cuenta con recursos personológicos que le permiten utilizar y manejar, de manera acertada y efectiva, sus habilidades comunicativas, en dependencia de los diferentes contextos sociales en los que se desenvuelve».

Algunas pautas pueden ser muy útiles, aun cuando el intercambio interpersonal, por habitual y cotidiano, pocas veces lo solemos analizar como proceso que podemos mejorar. Es bueno repasar mentalmente qué pudo fallar o suele sucedernos, qué nos ha dejado un sabor amargo o alguna insatisfacción, al final de un intercambio verbal con un amigo, compañera de trabajo o familiar cercano.

Entre esas acciones que entorpecen el diálogo y crean «ruidos en la comunicación» está la tendencia a ordenar, amenazar o intimidar, así como a juzgar las frases o supuestas actitudes de quienes participan en el diálogo, tanto como la inclinación a minimizar o desvalorizar al otro o a lo que expresa. Lo recomendable es evitar el sarcasmo, las humillaciones, los juicios o valoraciones y las órdenes, pues todo ello puede ser detonante, finalmente, de una discusión que solo nos cierra los canales de comunicación.

Siempre debemos tener en cuenta que no tenemos la razón de nuestro lado, sino apenas un punto de vista de los muchos que puede haber sobre un asunto. De modo que cualquier

intercambio debe dejar espacio para que las personas expresen sus pensamientos, afectos e ideas con responsabilidad, sin presiones, por diferentes que sean. Más vale decir «yo opino

de otra forma» o «tengo una idea diferente», que espetarle a nuestro interlocutor «no tienes la razón» o «estás equivocado».

No atrincherarnos en nuestros criterios y ponernos en el lugar de la otra persona nos permite situarnos en lo que nos está diciendo, nos coloca en la escucha atenta de lo que expresa, aunque tengamos ideas distintas.

También es sano y beneficioso mostrar que hemos comprendido lo que nuestros interlocutores dicen y sostienen, cuando eso ocurre, porque fortalece la confianza y transparencia mutuas.

Vale recordar que todas las personas tenemos igual derecho a manifestar y expresar nuestros pensamientos, sentimientos y creencias de una manera directa, sincera, apropiada y oportuna, respetuosa siempre de los derechos ajenos y propios. La comunicación, entonces, puede ser ese intercambio constructivo que nos ayude a solucionar problemas y conflictos cotidianos.

Las recomendaciones del profesor Zaldívar resumen lo dicho en tres actitudes básicas que favorecen la comunicación y la expresión de percepciones y actuaciones positivas en la relación con los otros: la empatía, la aceptación y la congruencia.

La primera implica la capacidad de ver un asunto desde la perspectiva del otro, de meterse en la piel de la otra persona. La aceptación supone tolerancia a las diferencias ajenas, aceptar que otras personas son diferentes y la capacidad para aceptar esto sin que nos sintamos  amenazados.

Y, finalmente, la congruencia es sinónimo de autenticidad en el sentido de que se actúe sin dobleces, sin disociación entre nuestras formas de pensar, sentir y actuar.

Entre esas acciones que entorpecen el diálogo y crean «ruidos en la comunicación» está la tendencia a ordenar, amenazar o intimidar.

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