Volver a empezar (#Cuba #EEUU #Madrid)


Hace poco más de una década, un buen día, mi cuerpo me avisó que la menopausia había llegado, cesó la menstruación.

Lo viví sin molestias y lo asumí como parte del proceso vital. Esto me hizo reflexionar acerca del mito que se ha creado alrededor de este hecho, tan natural como inevitable, y decidí trabajar el tema para comprender y desentrañar los hilos que lo construyen.

Y así, inicié hace diez años, en la Ciudad de México, los Talleres de Reflexión para Mujeres «Rosario Castellanos», con el tema de «La resignificación de la vida: los cincuenta años». El trabajo ha sido muy rico para comprender, a través de las voces de otras mujeres, el  entramado que constituye esta experiencia, y poder argumentar al respecto.

Ninguna mujer vive la menopausia de igual manera. Frente a un hecho fisiológico y hormonal similar, hay trastornos y actitudes diferentes, lo que nos llevó a pensar que intervienen en esa crisis otros factores.

Se atemoriza a las mujeres, se les ofrece toda clase de ayuda, de medicamentos, se habla del cáncer o de la osteoporosis como inminentes, como si la menopausia fuera una enfermedad

y una verdadera catástrofe.

Ciertamente, hay un cambio muy importante, pero no es solo biológico, también es psicológico.

Lo que no impide que, para aminorar las molestias, como los bochornos, el insomnio o la depresión, sean recomendables: el ejercicio, los baños de sol, los masajes relajantes y probar la alternativa de salud que más convenga.

Los roles sexuales

Surgida del feminismo, la teoría de género habla de la construcción histórica, social y cultural de las mujer y los hombres. Las mujeres, como «objeto sexual», cumplen su «rol de género», si son jóvenes, abnegadas, amas de casa-esposas-madres, bellas, es decir: cuerpo para otros. A los 50 años, las mujeres dejan de cumplir el papel que la sociedad les ha asignado.

Mientras, para ellas esa etapa de la vida puede significar liberación, al poder gozar su  sexualidad sin el riesgo de embarazo, al tener tiempo para ella. Entonces ¿por qué la crisis?

¿cómo vive internamente cada mujer esa etapa de su vida?

Esta vivencia está relacionada con su entorno, con lo que se ha construido hasta ese momento: los afectos, la familia, la profesión, la estabilidad emocional y económica. Con frecuencia, esa edad coincide con que los hijos se van, con la separación o el abandono de la pareja y, muchas veces, con la enfermedad o la muerte de los progenitores, lo cual dificulta y ahonda el proceso.

Tener 50 años se experimenta como una pérdida, el tiempo de vida se acorta y se inicia el proceso de envejecimiento inevitable.

Aunque la crisis puede llevar al cambio, al enriquecimiento como sujeto, el mensaje negativo de la sociedad patriarcal lo dificulta. El «rol de género» ha creado también un «doble patrón de envejecimiento » y una «doble moral». «Las mujeres viejas (léase sabias, brujas) son peligrosas y se quedan solas con frecuencia ». Los hombres envejecen y son atractivos, todo depende de qué tanto poder o estatus social tengan.

Ellos pueden casarse con una joven; para ellas es más difícil rehacer su vida amorosa; la sexualidad, en las mujeres de 50 años, está mal vista.

La ideología se interioriza, «el rol de género» construye la subjetividad femenina. Frente a esos mensajes, las mujeres se angustian, sienten que ya no son deseadas, que ya no son útiles: se han vuelto «invisibles». Su identidad se desdibuja.

La resignificación de la vida

Los 50 años son un momento ideal para hacer un balance de nuestra vida. Muchas mujeres, a esta edad, culminan sus estudios de maestría o de doctorado, pospuestos por sus obligaciones anteriores; otras inician carreras, se desarrollan como creadoras, gozan de la amistad, del

amor, de los hijos o los nietos, o de la independencia y la soledad.

Pueden realizar sueños y deseos largamente guardados.

Lo que lo dificulta es la angustia no exteriorizada, la tristeza no hablada, vivir el miedo al futuro incierto, en soledad. Las mujeres necesitamos hablar, compartir con otras mujeres esos sentimientos, las satisfacciones y proyectos, las preocupaciones. El tener un espacio para eso resulta muy importante para aprovechar la crisis y desarrollar todo nuestro potencial intelectual y creativo.

En la época actual, a una mujer de 50 años le restan por lo menos 20 o 25 años de vida productiva.

Es el momento de elaborar un proyecto, de aprovechar la riqueza de la experiencia.

Este material es parte de un texto preparado por la mexicana María Guerra para la realización de los talleres que sobre la edad mediana imparte en grupos de mujeres. María Guerra, licenciada en Historia y maestra en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Autónoma de México, es una activa luchadora contra la discriminación.

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