Una mañana en la Casa Blanca (#Cuba #Miami #Washington #EEUU #Bloqueo #ONU)


obama y michelleNICOLÁS PÉREZ DELGADO

En Miami, los medios de la ultra derecha, que son todos, menos dos horas de radio, ésta y la que sigue, no sueltan el barco norcoreano detenido en Panamá. No sueltan al barco, pero tampoco sueltan toda la información respecto a él. Por ejemplo, no dicen que el pasado 26 julio el presidente panameño Ricardo Martinelli declaró que el mercante Chong Chon Gong debía ser devuelto a sus dueños, igual que lo que contenía sus bodegas.

De todas maneras la ultra quiere presionar para que Washington tome más medidas económicas contra Cuba (Corea del Norte no les importa) o, mejor, acabe de alistar sus fuerzas aéreas, terrestres y navales en zafarrancho de combate para ellos alegremente reportar desde sus refrigerados estudios como el ejército y la marina estadounidenses pulverizan pueblos y ciudades en la Isla.

Es el sueño de muchos especímenes de la fauna miamense. Uno de ellos es Cao, y el cao en Cuba se sabe que es un pájaro prieto que dicen de mal agüero, que emite chillidos insoportables y es tonto. Otro de ellos es Sevcec, apellido que tal vez no por gusto suena como el de esa mosca Tse-Tsé, transmisora de indeseables parásitos que provocan la enfermedad del sueño.

Ellos esperan su milagro y, bien pagos, trabajan para que se produzca. Ya me burlé y conté en una crónica anterior que en el mercante norcoreano podría de repente aparecer lo más inusitado, hasta los aretes que decía Vicentico Valdés le faltaban a la Luna, aunque para ellos mejor un tanque de 55 galones de marihuana líquida hecha refresco de soda. Entonces Cuba resutaría, además de país terrorista, narco-estado.

Pero lo ideal sería que entre los sacos con 250 mil quintales de azúcar para hacer dulces encontraran al menos seis de ellos rotulado y atiborrados de poderosos explosivos. Los rótulos dirían: Estatua de la Libertad, Big Ben y Torres Eiffel. ¿O acaso no es Cuba país terrorista?

Sin embargo, ante  tanta escandalera el gobierno estadounidense mantiene reserva.Y no sé si nuestro colega Duende, con sus poderes de hacerse invisible, de aparecer y desaparecer en cualquier sitio, de viajar lo mismo en el ala de un avión que a horcajadas sobre una mariposa, se dará en estos días una vuelta por Washington paraenterarsede buena tinta, de la misma boca del Presidente,lo que piensa del carguero norcoreano detenido en Panamá con esos dos viejos fuselajes de Mig y otros oxidados cachivaches militares.

Bien podría el presidente estar desayunando un revoltillo de huevo con jamón, tostadas, jugo de naranja y café. Estarían su esposa Michelle y sus hijas Natasha  y Malia, ya listas las niñas para partir a la escuela.

El Duende oiría que Michelle, en la intimidad familiar, pregunta al esposo: “¿Viejo, ven acá, y el embargo ese a las islita de Cuba tú también vas a seguir manteniéndolo igual que los otros,hasta que nos vayamos de aquí?”  Y el Duende oye que Barack responde:

“Ay, Michi, mi amor, tú sabes cómo son las cosas. No es que uno quiera o no. A mí los cubanos locos esos de la Isla no me caen mal. Se metieron en África y desprestigiaron a aquel poderoso ejército racista. A mí me gustaría en un día de fiesta invitar a Pello el Afrokán y poner a los muchachos del Congreso a bailar Mozambique. Pero tú sabes que no puedo así como así. Tú conoces quienes mandan en el Congreso. Los intereses están jodiendo el país, y uno pone parches, se vuelve loco, pero no puede.”

Y el Duende, que también es capaz de entrar a las mentes de la gente, lo siente pensar: “Y siempre tengo que no olvidar lo que le pasó a Kennedy en Dallas,” De inmediato, ve que el presidente, limpiándose la boca con una servilleta, se dirige a las niñas: “Muchachitas, en la escuela no vayan a repetir lo que acaban de oír.”

El desayuno termina. Las niñas, a sus clases. La Mamá-en-Jefe, Michelle, sale a resolver un asunto de la dieta escolar. Obama se dirige alasala oeste de la Casa Blanca, al bien iluminado Despacho Oval, a comenzar la mañana de trabajo tras el hermoso escritorio construido con la madera de un buque inglés del siglo XIX”.

Camina como siempre, con paso ágil, y piensa en la pregunta que le hizo su querida esposa. La economía, la política, todo es un embrollo, se dice. La gente allá en la isla abriendo negocios, veraneando en las playas con unas mulatas en biquini que provocan infartos y, en cambio, él llenándose de canas,sus muchachos muriendo en Afganistán, viendo como incluso cierra puertas ese orgullo del automovilismo que fue Detroit. No sabe cómo, y ni siquiera sabe si podrá levantar el embargo, pero reconoce que son bravos esos cubanos de la Isla. Mira que querer seguir guapeando con esos trastos viejos que casi ni pueden volar. No hay quien les meta miedo, y eso que ellos conocen de nuestros miles de cazas F-22 de última generación, con modernos y secretos sistemas de guerra electrónica.

Apenas llega al despacho le informan que Kerry lo quiere ver y él, meditabundo, se sienta en la cómoda poltrona presidencial. Tamborilea con los dedos de la mano derecha sobre la histórica madera del escritorio. El Duende lo ve a través de una de las cuatro amplias ventanas, sonríe y en un gesto con la mano que no hace visible le dice: “Adiós, presidente, que le vaya bien, que yo me voy a despejar dándome un chapuzón en Cuba”.

Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.

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