El orgasmo femenino, ¿cuándo es normal? (#Cuba #Miami #Madrid)


BEATRIZ TORRES/ AIN

Muchas mujeres asisten a la consulta de Sexología y otras se quedan con la preocupación acerca de la normalidad de su orgasmo al valorar que consiguen la vivencia de este mediante la estimulación del clítoris, fundamentalmente.

La base de tal preocupación está dada por razones culturales y de valores de tipo moral, no siempre coincidentes con las explicaciones científicas.

Al hablar hasta no hace pocas décadas de la sexualidad de la mujer, se la relacionaba con la única función de la procreación, de ahí que se tendiera a minimizar la importancia del orgasmo, especialmente el clitoriano, pues solo se enfatizaba en el vaginal, el cual “servía para tener hijos”; así, era valorado como el correcto.

El otro, era enfocado como vicio. Incluso, en el psicoanálisis, la primera escuela Psicológica era representada por los estudios de S. Freud, quien consideró el autoerotismo y al orgasmo clitoriano como de calidad inferior.

Se ha hablado de dos tipos de orgasmos, el clitoriano y el vaginal, los cuales no se pueden percibir como fenómenos separados, y es posible que la respuesta radique en dos niveles, pero constituyen una unidad.

Si respondemos al observar el fenómeno desde el punto de vista fisiológico, tenemos que hacer referencia a las investigaciones de Master y Jonson.

Ellos han demostrado cómo el orgasmo siempre tiene un lugar de arranque clitoroideo, y comparte la jerarquía de esa zona, de gran cantidad de terminaciones nerviosas, con los labios menores y la entrada de la vagina (primer tercio, correspondiente con el llamado punto G), lo cual no ocurre con el segundo y tercer tercio.

La respuesta orgásmica generalmente arranca del clítoris, porque la sexualidad es personalizada, y cada mujer presenta una jerarquía muy individual en sus zonas erógenas.

El clítoris puede ser estimulado tanto directa como indirectamente por las caricias, la masturbación o también por la relación que, en algunas posturas, hace contacto y roza directamente este; también puede hacerse de forma indirecta mediante el movimiento de la penetración, la cual a su vez provoca la tracción en los labios mayores y, por tanto, estimula al clítoris y propicia la difusión del orgasmo.

Todo lo anterior demuestra que la excitación de la mujer se produce fundamentalmente por la estimulación de sus genitales externos, los cuales comparten una zona pequeña muy difícil de incitar sin tocar la otra, por eso debe verse como un todo, aunque cada fémina posee su especificidad.

Lo más importante es que ninguna mujer debe sentirse enferma o anormal por vivenciar de forma peculiar sus orgasmos, ya que si es capaz de alcanzarlo, entonces no presenta ninguna dificultad. El problema radica muchas veces en que la preocupación de no ser “normal”, lleva a muchas féminas a fingir.

Es necesario aprender a ser asertivas, habilidad humana de aprender a decir lo que nos gusta y complace, para así orientar a la pareja hacia aquellas zonas más estimulantes, pues el erotismo es muy especifico para cada persona y así debe aprender a identificarlo y disfrutarlo.

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