Un best seller llamado “Rayuela” (#Cuba #Argentina #México #Colombia)


SAIMI REYES Y JAVIER ORTIZ

Entre la última novela del autor de El Código Da Vinci y la saga de Las Cincuenta Sombras de Grey, un clásico de la literatura latinoamericana fue situado por los lectores en la lista de los diez textos de ficción más vendidos de Argentina, México y Colombia. Rayuela, la novela del escritor argentino Julio Cortázar, ha entrado en el exclusivo top ten de lo comercial en las semanas de julio y agosto, como un intruso metido por la fuerza de la popularidad entre lo que está de moda en la “lectura por entretenimiento.”

El nuevo interés por Rayuela debe estar relacionada con el cincuenta aniversario de la novela y la edición conmemorativa publicada por la editorial española Alfaguara. El nombre de esta novela ha rotado por diferentes posiciones de la lista de los diez primeros libros de ficción más comprados  en varios países latinoamericanos.

Lo extraordinario de esta noticia, además de que más gente está leyendo buena literatura, es que hace cincuenta años, cuando se publicó, Rayuela no estaba pensada para figurar en una lista de best sellers, sino, tal vez, en un catálogo de experimentos literarios.

En 1977, Cortázar dijo en una entrevista que se me ocurrió y sé muy bien que era una cosa difícil, realmente muy, muy difícil, intentar escribir un libro, en donde el lector, en vez de leer la novela consecutivamente, tuviera en primer lugar diferentes opciones. Lo cual lo situaba ya casi en un pie de igualdad con el autor, porque el autor también había tomado diferentes opciones al escribir al libro.

Posibilidad de elecciones, de dejar de lado una parte del libro y leer otra, o leerla en otro orden y crearse un mundo en el cual él desempeñaba un papel activo y no pasivo. Yo sé muy bien que, en la práctica, eso no corresponde exactamente con mis deseos, dígamos, teóricos, porque finalmente los lectores de Rayuela la han aceptado en su conjunto como un libro, y en ese sentido, es una novela como cualquier otra. 

Pero también sé que muchos de sus lectores han sentido que se les reclamaba una participación mucho más activa, que es lo que yo llamo en el libro el lector cómplice.

Acerca del tipo de lector que tenía en mente, dijo: Yo pensé, cuando termine Rayuela, que había escrito un libro de un hombre de mi edad, para lectores de mi edad. La gran maravilla fue que ese libro, cuando se publicó en la Argentina y se conoció en toda la América Latina, encontro sus lectores en los jóvenes, en quienes yo no había pensando directamente jamás al escribir ese libro. Los verdaderos lectores de Rayuela han sido los jóvenes.

LA RESEÑA DE UNA RAYUELA

Para leer esta novela (contranovela, a decir de su autor) hay que estar concentrado y dispuesto. Es un libro egoísta, que reclama completamente la atención. No se permite distraerse.

En Argentina, la tierra del autor, una rayuela es un pon, traduciéndolo al cubano. El juego que hemos practicado alguna que otra vez en la vida, encierra un significado más profundo. No se pueden pisar las líneas, hay que llegar a la cima. Desde la reflexión de Cortázar, una rayuela es lo mismo que el mandala, es un símbolo de la unidad, pero desacralizado. Él no deseaba imponer a sus lectores ese conocimiento, teniendo a su alcance el recurso menos estilizado, pero igual de efectivo, de referirse al juego infantil.

Cuando uno da el primer paso y se lanza uno a las páginas de la obra, se siente cierto aturdimiento, que va desapareciendo en la medida que se comprenden las intenciones ocultas: se desea que seamos nosotros mismos una especie de editores y de creadores.

Puede leerlo de la manera acostumbrada: de principio a fin (y sin remordimientos, como dice un pequeño prólogo), puede leerlo como indica el tablero de direcciones que aparece al principio, o puede simplemente, leerlo como desee.

Los personajes del Club de la Serpiente, y la Maga (a quien hay que sacar del grupo por su defecto-virtud de nunca captar nada y no comprender las discusiones filosóficas de los integrantes) se van mezclando alrededor de Horacio Oliveira y de su visión fría y extraña del mundo.

Un argentino que significa la emigración, el desgaste, el desamor y la locura, nos enseña sus sentimientos, mientras los esconde. Es contradictorio, como todo en Rayuela, pero es cierto. Cada vez que dice que no hay amor entre el personaje y la Maga, describe un sentimiento, una necesidad, un deseo físico, que difícilmente podríamos llamar de otra manera.

No hay manera de convertir a Rayuela en un libro para reseñar, lo único posible es sugerirlo de todo corazón. Hágalo suyo, experimente, déjese llevar, y entonces comprenderá la fascinación que sigue provocando aún hoy, cincuenta años después de ver la luz.

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