LA EDAD DEL MEJOR SEXO (#Cuba #EEUU #Madrid)


Una buena química sexual funciona de maravilla después de los 30, pero también es fenomenal pasados los 60, cuando se dejaron  atrás los apuros, las metas y, en su lugar, se desarrolla una profunda intimidad, tan tierna y enriquecedora  como no se tenía idea.

En esta primera parte, hablaré del almanaque y la vida sexual hasta los 45 años. En la segunda parte, vendrán cincuentones y sesentones.  Todo el mundo tiene la oportunidad de pasarla bien  en el sexo, no más hace falta darse esa oportunidad.

Entre los mitos que  estuvimos analizando en el escrito sobre la sexualidad femenina, me parece oportuno ahondar en el que sostiene que los placeres del sexo tienen que ver, sobre todo, con la gente joven. Sin dudas, contra esta visión tan prejuiciada, hay que argumentar lo suficiente para hacer justicia con aquellas mujeres que no son jóvenes, pero gozan de buena salud y tienen muchos deseos de pasarla bien con una pareja. Pero ellas mismas se limitan debido a que no es fácil, en nuestro medio, encontrar una aceptación de este derecho y esta necesidad. Las propias hijas e hijos muchas veces, socavan tales intentos, al manifestar que ya, a la mediana y avanzada edad, se debe estar pensando más en otra cosa que en esas diversiones que no “pegan” con  barrigas prominentes  y senos caídos.

Sin embargo, las necesidades sexuales y emocionales, de cariño, atención e intimidad, no  desaparecen por el hecho de que exista ese criterio, y una misma  llegue a creer en él a pie juntillas.  Los prejuicios y creencias  pueden estar diciendo que “ya no estás para eso”, pero el cuerpo, la psiquis, reclama contactos  sexuales que, a veces, se acallan dejando de pensar en ellos  o invirtiendo todas las energías en otra actividad.

Ocurre, simplemente, porque a todo lo largo de nuestra vida somos seres sexuados y  el disfrute de la sexualidad siempre va a enriquecernos  y a cubrir una necesidad básica.

Sexo a los 35

Muchos entendidos en el tema coinciden en que  la mujer alcanza su clímax de goce sexual, después de los 30 años. Ya conoce bien su cuerpo, reacciones, gustos y plenitudes. Es una especie de “experta” que sabe lo que quiere, cómo, de qué forma y cuándo lo quiere.

En estos goces, no sólo funciona la experiencia acumulada, sino también un factor bien importante: se produce un cambio en el balance hormonal femenino, que le da a la testosterona un mayor papel  en la bioquímica orgánica femenina y esto se traduce en un interés marcado por la vida sexual.

Es, también, una información conocida que, de las mujeres, el grupo de   muchachas de 20 años, es el que menos posibilidades tiene de alcanzar el orgasmo en una relación coital, mientras que las de 40, son quienes alcanzan las  mejores posibilidades.

“Yo entiendo bien mi propio cuerpo, y tengo a mi compañero muy bien entrenado. Hacer el amor ya no es esperar pacientemente, y en silencio, a que mi pareja adivine o no, qué es  lo que espero o deseo. Ya no es la motivación principal la lucha por llegar al orgasmo como la gran meta. La madurez ofrece, sin dudas, otros beneficios.” Mujer de 43 años.(1)

Para muchos hombres, esta nueva actuación femenina resulta agradable y les imprime  un renovado entusiasmo por su compañera. Para ellos, quienes también van ganando en edad, el sexo, entonces, deja de ser una meta o un tejido de aventuras disímiles donde lo que importa es el rendimiento.

Sexo a los 45

Numerosas mujeres, después que sus hijas e hijos  son adolescentes o jóvenes, comienzan a tener mayor oportunidad para ellas y descubren  que sus experiencias  sexuales, ahora, tienen un toque distinto y son  muy gratificantes. Ya quedaron atrás las tensiones y  la atención tan directa que  requieren los niños pequeños; la época en que, entre el trabajo y la casa, “no hay tiempo ni de mirarse en un espejo” y que al sexo se iba casi de rutina. De nuevo, cuenta con mayor espacio para sus intereses personales y para el descanso y, por tanto, se puede producir un reencuentro erótico, sin premuras, donde la pareja se dispone a coparticipar, en una transferencia recíproca de goces, emociones  y ternuras.

“El hecho de que nuestros dos hijos se hayan ido a un colegio interno, hizo sentirnos a mi esposo y a mí como, si de pronto, estuviésemos en nuestros primeros años de casados, lo que ahora resulta mucho mejor pues cada cual sabe lo que al otro le gusta, por lo que hay verdadera mayor confianza y comunicación. Nos dio por romper la costumbre y durante ese tiempo, hicimos el amor de todas las formas posibles y en todos los lugares de la casa, menos en el cuarto. La experiencia fue realmente maravillosa.” Mujer de 50 años.(2)

1 – 2: Confesiones a la psicóloga Lourdes Florez

Publicado el 09/10/2013 en Cuba, Salud, Sociedad, Variado. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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