Los errores se pagan caros (#Cuba #EEUU)


Los errores cuestan caro y en la educación infantil suelen provocar el surgimiento de las alteraciones de la conducta. El primer y más grave error que cometen algunos padres es no brindarle a su descendencia el afecto y la seguridad que necesita el niño o niña para su feliz crecimiento.

Hay padres que piensan que si les demuestran su amor, los malcrían, y por eso no son cariñosos con el menor, lo que constituye una gran equivocación. Para el desarrollo de una personalidad sana es muy importante sentirse querido, lo que se logra cuando los padres expresan su cariño con palabras dulces, besos y caricias, pero también con la severidad justa de los límites que demanda implantar la autoridad paterna- Error por exceso es el que cometen aquellos padres que protegen demasiado a su prole, reteniendo sus movimientos, limitando sus acciones, convirtiendo a sus hijos e hijas en adultos inseguros e incapaces de actuar en relación a sus posibilidades, pues apenas los dejan correr, jugar con amigos y hasta bañarse y vestirse solos.

La familia puede hacer llegar su amor a los niños ayudándolos en sus acciones, guiando sus juegos y accionar, de modo que sean mejores, pero nunca privándolos de realizar por ellos mismos estas actividades. Iguales o peores consecuencias pueden tener los hijos de padres rígidos, controladores, que les impiden desarrollarse plenamente. Es incorrecto pensar que este exceso de celo hará que el infante sea más disciplinado o tranquilo. Por el contrario, puede provocarle una reacción negativa. La disciplina nunca puede ser impuesta, sino que debe lograrse sobre la base del cariño  y la comprensión. El niño o niña entenderá con mayor claridad y estará dispuesto a comportarse bien si se le explica cómo proceder y, a la vez, se le permite expresar sus deseos o preferencias y actuar de acuerdo con ellos, siempre que resulte posible. De este modo se compensa su natural avidez de independencia.

Esta natural necesidad de sentirse libres que experimenta todo niño, no va en contra de lograr su correcta educación. Por ello es indispensable que la familia tome conciencia de la importancia que tiene instituir los métodos  de disciplina adecuados desde las edades más tempranas, sin olvidar que deben corresponderse con la edad de la niña o el niño. Ni los gritos, los golpes,  las peleas constantes, contribuyen a educar. Ese trato más bien puede hacerlos reaccionar de igual forma, respondiendo con agresividad, o puede llevarlos a mantener una actitud retraída, aislándose de todos por temor.

Para lograr una adecuada educación se demanda de un trabajo continuo, persistente, permanente y, a la vez, suave, lleno de comprensión y ternura. En otras palabras, ni someterlos a una disciplina excesiva, rigurosa, ni tampoco darles rienda suelta. Siempre tomando en cuenta su edad y personalidad.

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