La noticia de hoy: descubrimientos de un disidente cubano (I)


J. M. del Río. Una historia de barrio.

En otras oportunidades he hablado de Pancho. ¿Quién es este incógnito personaje? Pues nada más y nada menos que “el aprendiz de disidente de mi barrio” y a través de mi amigo Cantaclaro me entero de que Pancho” logró al fin su sueño dorado: viajó a Miami y permaneció allá por tres meses.  Claro está, me dice Cantaclaro, que por muy “disidente” que se crea Pancho él no entra en el grupo de los “disidentes turistas”, que salen de Cuba con los gastos cubiertos y visas de entrada a países que no ponen reparos a las actividades anticubanas de estos emisarios del imperio. Se trata simplemente de un neófito de la “disidencia”.

Pancho, que dicho sea de paso, es un ser real, que por razones éticas no menciono su verdadero nombre, ha regresado algo desencantado. Primero que todo se queja de que recibió la visa de EE.UU a la tercera ocasión de haberla solicitado; pero tuvo que abonar una abultada cantidad de plata las tres oportunidades en que acudió a la cita con el funcionario de la Sección de Intereses de los EE.UU en La Habana.

Primer descubrimiento: a los señores del Departamento de Estado no les interesa que Ud. diga que es “disidente”, tiene que demostrarlo realizando acciones antigubernamentales, siguiendo la directriz de las programas diseñados por ellos a través de sus mercenarios a sueldo.

Es primera vez que sale de Cuba. Cuenta que quedó impresionado por lo que vio en Miami: muchas tiendas, grandes supermercados, cantidad de automóviles modernos circulando por las calles, edificios enorme

s, todo el mundo con un celular. En fin lo apabulló la “pacotilla”; pero entre col y col, “cuela” una lechuga y enumera también lo otro que se encontró por allá. Asegura que pensó que al llegar allá, cualquier “exiliado” podría ayudarlo y tirarle un cabo y aprendió otra cosa. Primero que todo allí se aplica a raja tabla aquello de que “el que no trabaja no come” y la gente honrada tiene que ganarse los frijoles bregando duro. Con su propio hijo, para comenzar, que trabaja como camionero, durante los tres meses de estancia en Miami,

pudo compartir escasamente algunos fines de semanas. Casi siempre regresaba a casa tarde en la noche o no regresaba, porque había salido con el camión hacia otra ciudad o hacia otro Estado y lo primero que éste le dijo fue que no le hablara de política, porque en Miami había muchos camajanes que vivían del “anticastrismo” y que él tenía que trabajar muy duro para subsistir, ahorrar para mandarle alguna platica y viajar a Cuba cuando tuviera chance. No obstante la pasaron bien, porque la familia es la familia.

Segundo descubrimiento de Pancho: no todos los cubanos residentes en los EE.UU son “anticastristas”, no todos viven del negocio del “anticastrismo”, no todos le han vuelto la espalda a su país.

Cuenta Pancho que, a espaldas de su hijo,  trató de ponerse en contacto con alguno de los titulados  “anticastrista” para hablar de “tú a tú” sobre el tema de la “disidencia” y no tuvo éxito porque, según él,  “los “anticastristas” de Miami piensan que todo el mundo es un “agente castrista”, máxime si se trata de un desconocido que llega presentándose como “disidente interno”.

Tercer descubrimiento de Pancho: si no eres del grupo de los mercenarios a sueldo, que integran la tropa de los que tienen derecho a viajar como “turistas de la oposición”, con carta de recomendación de tus jefes, mejor que cierres el pico.  Y descubrió otras cosas que les contaré en próximos escritos.

 

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