El peso de la esperanza.


Entrevista a Aurelio Alonso*

Por: Progreso Semanal.

La nueva pastoral: “pronunciamiento tibio”

En días pasados la Conferencia Episcopal cubana hizo pública una Carta Pastoral titulada La Esperanza no Defrauda. Se trata de un documento que sale a la luz en el 20 aniversario de El Amor todo lo Espera. Desde el año 2005, con la publicación de la Instrucción Teológica Pastoral La presencia social de la Iglesia, los Obispos cubanos no se manifestaban públicamente, de manera tan directa, sobre la realidad socio-política nacional. El sociólogo Aurelio Alonso, quizás el mejor especialista cubano sobre las relaciones Iglesia-Estado, ha aceptado responder por escrito algunas preguntas sobre las líneas temáticas y el contexto en el cual se produce el documento.

-El Episcopado cubano acaba de hacer pública una Carta Pastoral con motivo del 20 aniversario del documento El amor todo lo Espera. ¿Cuáles son los ejes temáticos fundamentales abordados en la misma?

La nueva Carta Pastoral es una exaltación expresa de El amor todo lo Espera, y esa intención marca por si sola una perspectiva axial, porque el documento de los Obispos cubanos de 1993 delineó un diagnóstico de la coyuntura social y económica cubana y propuestas políticas e institucionales para una salida alternativa ante el derrumbe del sistema socialista soviético. La pastoral de 1993, cuyo estilo parecía inculpar al sistema de las dificultades del Período Especial, se percibió como un corrimiento de las posiciones de la Iglesia cubana en comparación con el Documento Final del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), de 1986. El derrumbe socialista generó penurias e incertidumbre y era normal que estas también se reflejaran en la proyección eclesiástica.

A renglón seguido yo subrayaría el significado que los Obispos atribuyen en este nuevo documento a la visita pastoral de Juan Pablo II (“el alma cubana y la Iglesia que está en Cuba no fueron las mismas después de aquella memorable visita”). Si tomamos en cuenta los cambios eclesiásticos que antecedieron la visita, el desenlace exitoso de la misma, y la evolución posterior en las relaciones con el Estado, la visita del papa Wojtyla, colocada en el mismo medio entre la carta de los Obispos de 1993 y la pastoral actual, puede valorarse como emblemática.

Hechas estas dos consideraciones iniciales diría yo que en el plano temático, La esperanza no defrauda queda delineada y descansa en los epígrafes en que se divide: 1) la libertad y el bien común, 2) la superación de la pobreza, 3) el cambio del orden político, 4) la realización de la persona y el capital humano, 5) la recuperación de los valores familiares erosionados, y 6) el diálogo entre cubanos, dentro y fuera de la Isla. Y en todos estos, en el peso de la esperanza, que me gusta interpretar en la clave de Eduardo Galeano, quien afirma: “En lengua castellana decimos, cuando se nos ocurre decir que tenemos esperanza: abrigamos esperanza […] abrigarla para que ella no se nos muera de frío en estas implacables intemperies de los tiempos que corren”.

-¿Qué continuidades y discontinuidades se observan en la Carta con relación a la agenda pastoral y sociopolítica explicitada en otros documentos eclesiales del pasado?

La clasificación de continuidades y discontinuidades en los documentos eclesiásticos puede entramparnos, y ese es un riesgo de la interpretación. Por supuesto que los documentos pastorales actuales y los que anteceden están llenos de signos de continuidad, que suelen ser explícitos, y pueden estar salpicados, al propio tiempo, de indicadores de ruptura, o como dices de discontinuidad, implícitos casi siempre, camuflados en ocasiones, los cuales tienen a menudo que ser adivinados entre líneas o mediante la contextualización del documento. Esta es una regla que descubrí en el estudio crítico de las encíclicas pontificias.

En 1993 predominó el intento de adaptación a un mundo que dejaba de ser bipolar, donde habría que poner la atención en el fracaso del socialismo y sentar las coordenadas de un proyecto alternativo, reservando en él a los católicos una esfera de protagonismo.

Hoy podríamos hacer un cotejo temático que nos obligaría a partir de lo que llamas las continuidades, comenzando por el reconocimiento de la verdad de fe fuera del plano gnoseológico, como verdad inmutable, que caracteriza al dogma e indica si somos creyentes o no lo somos. Y quiero percibir avance ecuménico cuando se manifiesta en el entorno de la esperanza, también para el no creyente, o cuando reconoce al Gobierno la responsabilidad de velar por el bien común (que es lo que se trata de hacer en Cuba) y se pronuncia por un Estado participativo frente a uno paternalista. Expuesta así, esta mirada crítica al paternalismo en la institucionalización de la autoridad está muy generalizada ya entre los cubanos, en los medios académicos y en algunos sectores de la administración, y no tiene por qué sorprender ni alarmar a nadie.

La reciente carta de los Obispos caracteriza la etapa presente por la aparición de “nuevas posibilidades cuando se ponen en práctica en el país un conjunto de medidas que inciden en el entorno económico, social y, hasta cierto punto, político”. En suma, deja la impresión de que la mirada de los Obispos en torno al paquete de medidas adoptadas en los últimos tiempos por el Estado cubano es positiva, y los puntos de disenso se centran sobre todo en ausencias (“reflejo claro aunque incompleto de demandas largamente anheladas por la población”). Creo que si no son más explícitos sus juicios no merecen ser valorados como adversos al cambio en curso.

En cuanto a la prioridad de dar solución al problema de la pobreza, en la América Latina, hasta la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela, ningún otro país había experimentado un modelo de justicia social y equidad de la profundidad y la coherencia del cubano. Al punto de que, si nos guiamos por los indicadores universales, en los ochenta la superación de la pobreza en Cuba no constituía una preocupación social. Se llegó a pensar en un logro consumado. Y ha vuelto a constituir un problema como efecto de la desconexión económica que implicó, a partir de 1990, la perdida de la inserción internacional beneficiosa que propiciaba el CAME.

En La esperanza no defrauda no se contabiliza el legado de aquel avance frente a la pobreza –son matices que faltan—  pero se admite que “Cuba tiene una tradición histórica de recuperación y unos cimientos científico-técnicos sobre los cuales pueden edificarse las reformas que el país necesita”.

Mucho de lo que consigna la preocupación de los Obispos es lo que también se puede constatar en la agenda oficial, y otros aspectos, no asimilados aún, pero susceptibles de entrar a su tiempo en la agenda,  los podemos identificar en gran parte de las propuestas que se originan en los medios académicos nacionales.

La pastoral aspira a “una actualización o puesta al día de la legislación nacional en el orden político”, lo que reduce su propuesta al plano jurídico formal y pasa por alto el contenido mismo del cambio. La idea del cambio quedaba más clara líneas atrás, cuando se refería a un Estado “participativo” y no “paternalista”: la opción por una democracia socialista frente a un orden estamentario que aleja del ideal socializador.

En resumen, que resulta difícil orientarse dentro del documento para saber si el cambio necesario en el entorno cubano se vincula a una apertura económica y política que haga viable al socialismo o si se propone otra cosa.

-¿Cómo es, en el actual contexto, la relación de la Iglesia con la sociedad y con las autoridades de la Isla?

No creo tener una visión muy distinta a la que tenía antes de la pastoral. Alguna vez la caractericé como “normalidad accidentada”. Nunca la he vinculado a inmovilismos, y menos cuando “la multiplicación de canales de entendimiento entre el catolicismo y las complicadas dinámicas socioeconómicas del sistema cubano son evidentes […] y explican la aceptación gubernamental en el 2010 del papel mediador del Cardenal (en representación de la Iglesia)”[1].

Al inaugurar el VI Congreso del PCC, Raúl Castro aludió a esta mediación afirmando: “lo efectuamos en el marco de un diálogo de respeto mutuo, lealtad y transparencia con la alta jerarquía de la Iglesia Católica, que contribuyó con su labor humanitaria a que esta acción concluyera en armonía y cuyos laureles, en todo caso, corresponden a esa institución religiosa”[2].

Me atrevo a afirmar a estas alturas que el catolicismo ha rescatado una influencia institucional y a la vez un lugar significativo en la demografía religiosa cubana. Por otra parte, el espectro religioso cubano de hoy tal vez sea el que mayores logros refleja, en la  historia de Cuba, en la superación de discriminaciones, y en la contribución a fomentar un clima de libertad religiosa sin distingos de credo.

Por ello me resisto a ver en este documento de los Obispos la impronta de un retroceso, ni nos fuerza a ello el hecho de que conmemore la pastoral de 1993. No obstante, insisto, para concluir, en que lo valoro como un pronunciamiento tibio. Si me detengo, por ejemplo, en el punto del rechazo al bloqueo de los Estados Unidos, en el epígrafe 36, observo que se hace al amparo del posicionamiento de Juan Pablo II en Cuba. No es que esto sea ilegítimo, pero confieso que me hubiera agradado más escuchar a los Obispos cubanos condenarlo con palabras propias y claras, como lo hicieron quienes les antecedieron en 1969, sin la necesidad de atenerse a lo que el Papa haya expresado al respecto.

*Aurelio Alonso, intelectual cubano, es director de la revista de Casa de las Américas.

Lenier González, periodista cubano, coeditor de la revista Espacio Laical y colaborador de asiduo de Progreso Weekly/Semanal.

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente y el autor.


[1] Ver Aurelio Alonso, “A Igreja católica, a política e a sociedade”, en la revista Estudos Avançados, del Instituto de Estudios Avanzados, de la Universidad de Sao Paulo, en Brasil, No. 72, de mayo-agosto de 2011.

[2] Informe central al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, Granma (edición especial), 17 de abril de 2011, La Habana

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