La CIA y el FBI coordinaban cuerpos represivos en La Habana (Parte 1)


Fulgencio Batista. El que la mal llamada “disidencia” cubana califica de demócrata.

Por: José Buajasán Marawi

Junto con el golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, la sociedad cubana heredó todo un sistema de opresión padecido en la República Neocolonial en beneficio de la explotación llevada a cabo por los Estados Unidos en contubernio con los distintos gobiernos.

Para mantener ese sistema se emplearon las Fuerzas Armadas y los distintos cuerpos represivos.

El movimiento obrero había caído bajo el control de Eusebio Mujal tras el asesinato de sus verdaderos dirigentes y el asalto a los sindicatos; en el campo, los terratenientes actuaban a sus anchas, robándose tierras, desalojando a los campesinos y asesinando a sus líderes; el ciudadano negro, padecía la discriminación más atroz: excluidos de los trabajos más remunerados –bancos, tiendas de comercio y de servicio, escuelas privadas, etc.; la mujer, discriminada en todos los sentidos y humillada, sino, ver la página roja donde diariamente aparecían jóvenes mujeres que se quitaban la vida por fracasos amorosos o abusos y rechazos de todo tipo.

El país, estaba además lleno de prostíbulos donde prevalecía un sistema de esclavitud de mujeres traídas y arrancadas de la miseria de los campos; de salas de juego y tráfico de drogas, explotados por la mafia extranjera y las autoridades cómplices. El desempleo, el hambre, las enfermedades y el analfabetismo se expandían alarmantemente por todo el país.

A estos males, se añadía para desgracia de nuestro pueblo, la dictadura opresora del nuevo tirano, reconocido inmediatamente por el Gobierno norteamericano y que con su acción frustró las esperanzas de la mayor parte del pueblo que esperaba elegir a los seguidores de Eduardo Chibás quien con su “último aldabonazo” apeló a la conciencia de los cubanos para “barrer” tanta desvergüenza, corrupción y opresión.

Para evitar la toma del poder por los ortodoxos, Prío elaboró el plan de permitir el regreso de Fulgencio Batista a Cuba dándole todas las garantías. Pensaba que le restaría votos a los ortodoxos con la postulación del partido de Batista electo como senador por Santa Clara.

Batista, al llegar a Cuba, de inmediato comenzó a conspirar

Varias vías informaban de los planes de Batista. El periodista Mario Kuchilán se enteró de los mismos y divulgó lo que conoció. Tiempo después el periodista Luis Hernández Serrano en un artículo, señaló que sobre el golpe de Estado militar de Batista, fue enviado un informe muy detallado el 8 de febrero de 1952, al Jefe Dirección SIM por el capitán Salvador Díaz-Versón Rodríguez, oficial de ese cuerpo investigativo. Esa información fue entregada al presidente Prío.

Prío no le prestó el más mínimo caso. Al igual que Batista temía las medidas de recuperación de bienes malversados que prometían llevar a cabo los ortodoxos.

Con el artero golpe, perpetrado pocos días antes de las elecciones, Batista depuró las Fuerzas Armadas y los aparatos policíacos, ascendiendo y colocando en ellos a sus secuaces, disolvió el Congreso y sustituyó a todos los gobiernos provinciales y municipales que no juraron los llamados Estatutos.

Numerosos cubanos, principalmente los de mayor edad, al ver como muchos de los hombres que derrocaron a Machado habían caído en la corrupción y el vicio traicionando los ideales de la Revolución de Mella y Guiteras, no se sintieron partidarios de enfrentar con las armas al Dictador ya que no creían que con ello se iba a lograr algo mejor. Nos decían a los jóvenes: “Con los americanos o sin los americanos, pero nunca contra los americanos” o la otra fatal sentencia: “Con el Ejército o sin el Ejército, pero nunca contra el Ejército”. Batista contaba con los americanos y con el Ejército.

Sin embargo para el estudiantado universitario dirigido por la FEU y los estudiantes de Segunda Enseñanza, surgieron de inmediato actitudes de rebeldía y protestas ante el artero golpe. En la Colina Universitaria los estudiantes esperaron por las armas que les prometiera Prío y que nunca llegaron. La tiranía dirigió toda su más brutal represión contra el movimiento estudiantil reprimiendo sus manifestaciones de protesta que en la capital y en todo el país eran casi diarias.

Solo, la “Generación del Centenario” liderada por Fidel, recuperó la confianza de los cubanos en la lucha armada como única vía para restablecer la justicia y expulsar del poder al régimen de facto, cuando el 26 de Julio de 1953, se produjo el asalto a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

A petición de los jóvenes del “Club Martiano Herencia Rebelde”, me limitaré a reseñar, brevemente, las fuerzas represivas en la Ciudad de La Habana, parte del trabajo investigativo sobre todo el país que vengo realizando.

Relaciones con EEUU

Al producirse la caída del dictador Batista, salieron de la zona del Estado de la Florida, fundamentalmente de la base aeronaval de Homestead, los destructores “Jack White”, “Robinson”, “Gilmore” y “Bushnell” que pertenecían a la flota del Atlántico.

Su misión consistía en evacuar a los ciudadanos norteamericanos residentes o en tránsito en la Habana, si la huida de Batista producía caos y desórdenes en la capital.

No entraron en el puerto de la Habana, según lo investigado, permaneciendo frente a la capital hasta que el gobierno de EE.UU. de América reconoció al gobierno cubano el 6 de enero de 1959, regresando a su Flota y sus bases. La realidad era que tenían el propósito de intervenir si las condiciones lo aconsejaban.

Los Embajadores de los EE.UU durante el gobierno de Batista

Homer Bigart, periodista del New York Times relata su trifulca con el Embajador Earl T. Smith al informarle de la entrevista hecha en la Sierra a los rebeldes:

Me increpó colérico diciéndome: ¿Cómo es posible -preguntó el Embajador- que Ud. se haya ido a la Sierra a hablar con esos comunistas? Fidel Castro es un comunista, con una pequeña banda de criminales que se dedican a matar y a robar en las montañas de Oriente.

Indignado el periodista que había sido galardonado con el premio “Pulitzer” escribió a su diario el domingo 23 de marzo:

“De continuarse la presente política norteamericana con respecto a Cuba, los Estados Unidos se quedarán con un solo amigo: el dictador Fulgencio Batista.”

El lacayismo de Batista con los norteamericanos llegó a tal extremo, que en horas de la noche del mismo día del ataque a Palacio y del asesinato de Pelayo Cuervo que venía denunciando el aumento de las tarifas telefónicas, firmó en ese lugar, lleno aún de sangre, el Decreto Presidencial No. 552 de 13 de marzo de 1957 por el cual la tiranía aumentaba las tarifas y establecido el sistema de tiempo “medido”, firmado con altos representantes de la Cuban Telephone Company. Como premio por su conducta servil se le obsequió al tirano un teléfono de oro.

También los embajadores norteamericanos, felicitaron a jefes policiales, como los coroneles Orlando Piedra Negueruela y Mariano Faget Díaz, jefes respectivos del Buró de Investigaciones y del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), por su cooperación y servicios brindados.

La actitud observada por los embajadores no era de tipo personal, obedecía a toda una política bien estructurada.
El miércoles, 28 de diciembre de 1955, el agregado naval de la embajada de EE. UU. en La Habana informa que en el año que está por terminar, trescientos cuarentaisiete buques de la armada norteamericana han visitado distintos puertos cubanos. Doscientos cuarentaiséis unidades marítimas, con cerca de cuarentaiún mil miembros, tocaron el puerto de La Habana.

El agregado naval estima que el personal de esas embarcaciones gastó alrededor de 2 millones de dólares en Cuba, y cerca de 60 000 dólares se invirtieron en servicios de pilotaje, agua y provisiones frescas.

Esta actitud observada por el gobierno de Estados Unidos que dice defender los derechos humanos en el Mundo, no debe extrañarnos.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el 2008, Estados Unidos intentó derrocar a 50 gobiernos, muchos de ellos democráticos, y aplastó a 30 movimientos populares que luchaban contra regímenes tiránicos. Al hacerlo bombardeó 25 países, causando pérdidas de millones de vidas y la desesperación de millones más.

Misión militar

El gobierno de Prío fue un activo colaborador de las políticas norteamericanas de seguridad hemisférica, rubricando los acuerdos mediante los cuales quedaron establecidas en Cuba misiones de los tres servicios armados de los Estados Unidos: la Fuerza Aérea en 1950, y el Ejército y la Marina de Guerra en 1951.

El 7 de marzo de 1952, tres días antes del golpe de Estado castrense de Batista, se firmó el Acuerdo de Asistencia Mutua para la Defensa, en cumplimiento del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

No obstante, según afirmó Morris H. Morley, las autoridades norteamericanas no estaban suficientemente satisfechas con el comportamiento de ambos presidentes auténticos.

Desde el 11 de noviembre de 1951 ya estaban establecidos dieciséis asesores: ocho oficiales, un oficial de servicio y siete alistados y tres días antes del golpe de Batista firmaron un convenio de cooperación que hizo que en enero de 1958 trabajaran en Cuba como asesores de la dictadura, 14 oficiales además del personal auxiliar. También estaban presentes delegaciones del FBI y de la CIA que asesoraban y coordinaban las tareas represivas de la policía y otros cuerpos de investigación de la tiranía.

Estos convenios de cooperación sirvieron para el adiestramiento del ejército batistiano en su lucha contra las guerrillas revolucionarias, además del suministro de grandes cantidades de armamento, estímulos, felicitaciones y condecoraciones por parte del presidente Eisenhower al jefe del Estado Mayor Conjunto, general Francisco Tabernilla y Dolz, y a un hijo de éste, el jefe de la aviación, Marcelo Tabernilla Palmero, culpable del bombardeo a numerosos pueblos y ciudades, que causaron centenares de víctimas civiles, además de otros altos oficiales.

En uno de esos mensajes del embajador Earl T. Smith confeccionado en base a criterios de oficiales de la Misión Militar, dice:

La Embajada es del criterio que las actividades de las Fuerzas militares cubanas en la Sierra Maestra y en otros lugares de Cuba como Cienfuegos, durante el alzamiento en el cual participó la guarnición naval de esa ciudad, constituyen una defensa legítima del Gobierno legalmente constituido en Cuba, el cual ha sido reconocido por los Estados Unidos (…) Si se han cometido excesos, ello no altera este hecho básico…
La Embajada considera que no es realista esperar que el Gobierno de Cuba, o cualquier otro Gobierno que reciba asistencia, se abstenga de usar esa técnica contra una rebelión organizada y armada.

La actuación de los militares cubanos ofrece tal satisfacción al gobierno de los Estados Unidos, que en mayo de 1954 el presidente Dwight D. Eisenhower concedió a Tabernilla la Legión del Mérito con rango de Commander “por sus servicios extraordinariamente meritorios desde el 10 de marzo de 1952 al 20 de mayo de 1954”.

Explica la proclama del Presidente norteamericano que “inmediatamente después de ser designado Jefe de Estado Mayor, el general Tabernilla inició un vigoroso programa de reorganización y modernización del Ejército de Cuba, siempre con la vista fija en una completa coordinación y cooperación con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos de América en la Defensa Común del Hemisferio Occidental…”

Eisenhower sentencia: “El general Tabernilla ha puesto siempre su desinterés e integridad de carácter al servicio de su patria y de la coordinación y cooperación entre el Ejército de Cuba y los Estados Unidos de América, aun en detrimento de sus intereses personales. En este distinguido soldado tiene los Estados Unidos un capaz y distinguido amigo”.

Literalmente de un plumazo Eisenhower había exculpado y daba su espaldarazo a los perpetradores del golpe militar del 10 de marzo y a los asesinatos cometidos por las tropas batistianas.

Regimientos de la Guardia Rural

En la etapa prerrevolucionaria, el Ejército cubano estaba organizado mayormente en unidades (regimientos) de la Guardia Rural. Por ello, la Misión Militar de Estados Unidos se dedica a observar el funcionamiento de dichos regimientos, a los cuales se les asigna una misión represiva, que la Misión encubre bajo el manto del “mantenimiento del orden público”.

Con fecha 27 de junio de 1955, el coronel H. S. Isaacson, nuevo jefe de la Misión, presenta al Jefe de Estado Mayor del Ejército (JEME) sus “observaciones y recomendaciones… como resultado de mi visita a los distintos Regimientos de la GR y sus puestos”. Entre las “observaciones” podemos resaltar las siguientes:

“Los elementos de la GR situados estratégicamente por todo el país, están desarrollando eficientemente su misión de mantener el orden público”.

En medio de la situación de virtual insurgencia revolucionaria que se vivía en Cuba y de la creciente y brutal represión sobre la población por parte de los órganos armados de la tiranía batistiana, la llamada Defensa Común del Hemisferio Occidental concebida por el coronel Isaacson cuando recorre por toda la isla los cuarteles de la GR, tiene como foco “el mantenimiento del orden público que en su opinión se desarrolla “eficientemente” porque evidentemente en su peregrinar el coronel no conoció ni de los desalojos de campesinos, ni de “plan de Machete”, ni de vejámenes a la población. Sí era de la mayor importancia la “vestimenta de los guardias rurales”.

En el mes de mayo, el propio coronel Isaacson envió al JEME un informe crítico que la misión preparó con relación a los “ejercicios y maniobras efectuadas por los alumnos de la Escuela de Cadetes durante la marcha celebrada del 1 al 15 de abril” del propio año. En carta de remisión, el jefe de la Misión Militar señala que en su opinión lo más importante es que “el programa de instrucción de la Escuela de Cadetes tenga mayor cantidad de entrenamiento táctico… relacionado con unidades tácticas pequeñas…”.

Obsérvese que estamos hablando de mayo de 1957 cuando ya el Ejército Rebelde había comenzado a realizar acciones guerrilleras en la Sierra Maestra y estaba a punto de producirse, el 28 de mayo, el ataque al Uvero, que marca el arribo de la guerrilla a su mayoría de edad. En otros documentos que citaremos a continuación, quedará más clara la relación de esta opinión del coronel Isaacson con las acciones batistianas contra las fuerzas guerrilleras.

Al año siguiente, 1958, la Misión Militar vuelve a observar la Marcha de Cadetes que en esa ocasión se produce del 17 al 31 de marzo. Por esa fecha ya se está preparando la ofensiva contra Fidel en la Sierra Maestra (Plan FF –Fase Final o Fin de Fidel) y el Movimiento 26 de Julio ha llamado a organizar una huelga general revolucionaria contra Batista.

El mencionado informe de la Misión Militar advierte notables avances en la preparación de los cadetes, pero señala deficiencia en la preparación y manejo de las comidas y la construcción de letrinas. En el informe, firmado por el coronel Clark Lynn, Jr, para entonces Jefe de la Misión Militar y redactado por el vicejefe de la misma, coronel Fred B. Séller, Jr, se expresa que a la Misión “le gustaría prestara usted y su personal la mayor ayuda posible en la preparación de los planes” para la marcha de los cadetes y se sugiere que con el objeto de “asistirlo” de la mejor manera se comuniquen los planes a los distintos asesores de esta Misión aproximadamente 30 días antes de la iniciación del programa”.

Medios de Batista

Para enfrentar la rebeldía de los cubanos, el dictador Batista, empleó, los siguientes medios:

El Ejército Constitucional

En las provincias de La Habana y Pinar del Río, la Guardia Rural se había fundado desde el 11 de julio de 1899. Fue el primer tipo de organización militar con que contó Cuba después de finalizada la Guerra de Independencia.

El 5 de abril de 1901 fue publicada la Orden Militar No. 114 mediante la cual se le dio a la Guardia Rural una organización uniforme. Su misión era mantener el orden, proteger a las personas y propiedades, prestar ayuda cuando la pidieran las autoridades civiles. Sus métodos y hasta su uniforme y armas eran copiadas de sus iguales en EE. UU.

El 1ro. de abril de 1902, la jefatura de la Guardia Rural, mediante la Orden General No. 5, dio a conocer la disposición del gobernador militar de Cuba poniendo el Cuerpo de Artillería, que ya existía, bajo las órdenes del jefe de ese cuerpo.
Con este tipo de medida, los norteamericanos diseñaron un tipo de Ejército que integrando la Guardia Rural, pudiera ser utilizado en la represión interna y no para defender a la nación de agresiones extranjeras.

Como jefe de la Guardia Rural de la isla de Cuba fue nombrado el 10 de abril de 1901, el mayor general Alejandro Rodríguez Velasco que desempeñó el cargo hasta el 21 de enero de 1902, a partir de ese momento fue ocupado por el mayor general José de J. Monteagudo y Consuegra.

Esta institución fue siendo perfeccionada y fortalecida por los distintos gobiernos que la utilizaban para defender su sistema de explotación.

Al ocurrir el golpe del 10 de marzo de 1952, Batista mantuvo un Estado Mayor General con iguales cargos a los ya existentes, no hubo reestructuración formal en los regimientos dispersos por la Isla, continuaron funcionando los institutos armados y los diferentes cuerpos del ejército. Fue designado jefe del cuerpo el mayor general Francisco Tabernilla y Dolz. Solo un cambio nominal se produjo mediante el Decreto Presidencial Nro. 15, con fecha 18 de abril de 1952, el Cuerpo de Aviación empezó a nombrarse Fuerza Aérea del Ejército reorganizando su estructura. Su jefe fue el Coronel Carlos Tabernilla Palmero –Winsy-, hijo del Jefe del Ejército.

De inicio, Batista adquirió más de una veintena de aviones de caza. A finales de 1956 la Fuerza Aérea del Ejército tenía un total de 78 aviones distribuidos en tres escuadrones:

De bombardeo ligero con 20 aviones B-26

De persecución con 17 F-47 y 8 T-33

De transporte con 8 T-6, 11 C-47, 2 L-20, 5 PA-18, 4 PA-20, 1 PA-23 Y 2 T Placer

Siguiendo el modelo norteamericano y dando cumplimiento a lo dispuesto en la sexta Ley Orgánica del Ejército, puesta en vigor por el Decreto Ley Nro. 975 del 28 de julio de 1953, se estructuró el Estado Mayor del Ejército. Se crearon las direcciones G-1 (Personal), G-2 (Inteligencia), G-3 (Operaciones), G-4 (Logística) y G-5 (Inspección General).

En el año 1954, el Estado Mayor mantuvo la misma estructura, pero el resto de las fuerzas sufrió los cambios que se plantean a continuación:

Una División de Infantería compuesta por los regimientos 4 de Septiembre y 10 de Marzo que radicaban en la ciudad militar de Columbia.

7 Regimientos. El No. 5 “Martí” en La Habana.

El Regimiento de Artillería “Máximo Gómez (La Cabaña, La Habana).

División de Infantería del SME “General Adolfo del Castillo”, Managua, La Habana.

Los cuerpos de Aviación, Ingeniería y Señales.

Los Servicios Jurídico, de Sanidad, de Inteligencia Militar, de Veterinaria y Transporte.

El Jefe Buró de Prensa y Radio de Columbia era el Cmdte. Alberto Boix Comas.

El Castillo de Atarés y el escuadrón de la Guardia Rural de La Lisa, subordinado al Quinto Distrito también estaban situados en la capital.

Se produjo la mecanización progresiva de la técnica, es decir, en las fuerzas de la capital la caballería prácticamente desapareció, fue sustituida por los vehículos mecanizados como tanques y tanquetas.

El 30 de noviembre de 1956, cuando se esperaba el desembarco del Granma, los institutos armados del país, incluyendo en ellos al Ejército, la Policía Marítima, la Marina de Guerra y la Policía Nacional tenían un total de 35 997 efectivos y todo su equipamiento técnico estaba distribuido a lo largo del país.

Estas fuerzas armadas, teniendo en cuenta el armamento y la técnica que poseían, no resultaban poderosas para enfrentar cualquier conflicto bélico exterior; pero debían ser suficientes para sofocar revueltas internas, si eran eficientemente utilizadas. Llama la atención cómo las fuerzas armadas de un país que deben ser empleadas para defender la soberanía de la nación en caso de ser agredida por otra u otras potencias extranjeras, se empleaban como fuerzas represivas para mantener el orden interior cuando este debe ser atendido por la policía.

En los últimos meses de la tiranía, las fuerzas armadas contaban con ocho regimientos de la Guardia Rural que se distribuían en cuarenta y cuatro escuadrones con trescientos veintidós puestos militares a lo largo de toda la Isla; una división de Infantería; un regimiento reforzado de Artillería; el SME; la Marina de Guerra; la Fuerza Aérea del Ejército.

Además, pasaban a constituir la reserva, los órganos de inteligencia, secretos, paramilitares (masferreristas) y una cantidad considerable de los odiados chivatos, sin olvidar que en tiempo de guerra, de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica del Ejército en vigor, se incluía en esta categoría a todo ciudadano autorizado a portar armas, así como todo órgano estatal o privado, destinado para con sus miembros velar por propiedades, muebles e inmuebles.

Por eso, los cálculos especulativos hechos con posterioridad arrojaron un montante general de ciudadanos, obligados por la ley a apoyar con las armas al régimen, que alcanzaban a la cifra elevada de varias decenas de miles. En estas categorías entraba el Cuerpo de Guardajurados, los cuerpos policiales municipales y de los ministerios.

Una vez finalizada la guerra de liberación, el teniente coronel Tomás R. Arias Cruz, jefe de la Dirección de Personal G-1 del Estado Mayor del Ejército Rebelde (EMER) le rindió un informe al capitán Hilario Peña Lara, ayudante del jefe de las fuerzas de aire, mar y tierra, con fecha 6 de marzo de 1959, en el que relacionó el total de efectivos militares (40 850) que había hasta el 31 de diciembre de 1958. Otro dato señala que a finales de 1956 el Ejército contaba con un total general de 21 307 miembros, de ellos, 18 011 pertenecían al ejército regular y 3 296 al SME. Además tenía 728 trabajadores civiles.

La mayor parte de estos efectivos del Ejército se distribuían en La Habana entre los Campamentos de Columbia, La Cabaña, San Ambrosio (Logística), Managua, Quinto Distrito, el Hospital Militar, Castillo de Atarés, base de Aviación de San Antonio de los Baños.

Los asesinos más connotados en el Ejército fueron Jacinto García Menocal en Bauta y Pinar del Río, Alberto del Río Chaviano, Fermín Cowley Gallego, Agustín Lavastida, el Tte. Coronel Ricardo L. Grao, el Capitán Pedro Morejón, Ángel Sánchez Mosquera, Merob Sosa, Jesús Sosa Blanco y muchos otros más en las martirizadas y heroicas provincias orientales.

Fuente: Cinereverso.org

Nota del Editor del blog: Por lo extenso del trabajo en su versión original se ha publicado en dos partes.

 

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