Miami: Su “Pequeña Habana”


La familia Pineda es parte de las que permanece viviendo en el condominio Havana Palms meses después de que la ciudad ordenara su desalojo. Roberto Koltun / El Nuevo Herald

Por: Nicanor León Cotayo

Luego del triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959 huyeron o viajaron hacia Miami los peores hijos de la isla.   Una parte de ellos constituyó el núcleo inicial del sector  más agresivo e intolerante de la comunidad de ese origen, hoy en abierto declive. Hicieron ruidosamente célebre a su titulada “Pequeña Habana”, una grotesca y fallida muestra de la verdadera. A partir de esos años fueron enviadas a Cuba toneladas de cartas, fotografías y otras modalidades de la propaganda que veneran a aquel modo de vida.

Tal avalancha de espejismos llegó a influir sobre una parte del sector menos informado de la isla.

Como ya es tradicional, de la Pequeña Habana venden su cara más  atractiva y esconden las llagas que pululan allí.

Baste citar el ejemplo de un bloque de 32 unidades (condominio) que hasta hace poco estuvo activo situado en Havana Palms, habitado por numerosas familias.

Luego que hace unos nueve meses se hundió el piso de una de las viviendas ordenaron el desalojo del inmueble, pero una parte de los vecinos se negó a irse.

¿Motivo? Entre otras razones alegadas porque les resulta imposible hacer frente a nuevos alquileres más costosos.

A los escasos inquilinos que aún resisten allí se les suma otra desgracia:  el fantasma diurno y nocturno de un posible desalojo.

Uno de ellos, Mario Pineda, en una entrevista publicada este lunes por el Nuevo Herald, confesó:

“Cada vez que tocan a la puerta abro con miedo, porque pienso que vienen a desalojarnos o  sacarnos los muebles”.
.
Algunos de los fugitivos del Havana Palms se refugiaron, por ahora, en casas de familiares o pagan alquileres más altos que sus hipotecas.

Sin embargo, hay casos, como la familia Pineda, que prefieren arriesgar la vida subsistiendo en ese condominio inhabitable.

Los truenos de la crisis llegaron hasta la oficina del alcalde de Miami, Tomás Regalado, quien lamentó “no saber cómo resolverla”.

Esa ciudad, admitió el funcionario de origen cubano, carece de un plan estatal de viviendas con alquileres asequibles a los  de menos recursos.

El alcalde Regalado agregó, con cierta dosis de cinismo: “resulta inconcebible que todo esto haya pasado sin la existencia de un responsable”.

Falso. Desde hace más de 60 años un reporte arquitectónico alertó en Miami que a los edificios  construidos en 1946 apenas les quedaban cinco años de existencia.

Ahora, muy próximos a un año electoral, Regalado trató de lograr que los bancos privados renegociaran deudas individuales de residentes en Havana Palm.

¿Quiénes eran esas personas?

Las que, aún sin poder costear   sus hipotecas, seguían obligadas a pagar alquileres de viviendas no habitables.
Pero ni el alcalde Regalado avanzó un octavo de metro en la solución de esa calamidad.

“Yo estoy decepcionado”, afirmó, “ninguno de los bancos siquiera se dignó a responder”.

He ahí, sin cosméticos, la otra cara de la Pequeña Habana, ejemplo sublime de la democracia estadounidense.

 

Publicado el 12/26/2013 en Cuba, Derechos Humanos, economía, Estados Unidos, Política, Sociedad y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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