Cubanía


14bPor Alina Carriera

Todas las definiciones del concepto familia, aunque aplicables a nuestra realidad no son capaces de evidenciar cuán grande ha sido la transformación producida en la familia cubana actual.

Dedicarle tiempo a la familia”, “Estar en familia”, “Ser como familia” o frases semejantes, caracterizan la cotidianidad del cubano.

Es este término, uno de los más sugerentes de nuestro vocabulario, es capaz de adoptar distintos conceptos y de adecuarse a las más disímiles circunstancias.

Especialistas del tema han establecido algunos patrones para denominarlas, así aparecen las familias extendidas, nucleares, monoparentales, etc.

Ahora bien, todas estas definiciones, aunque aplicables a nuestra realidad no son capaces de evidenciar cuán grande ha sido la transformación producida en la familia cubana actual.

Recientes investigaciones llevadas a cabo por el Centro de Estudios de la Mujer, demuestran que de forma general se aprecia una reconceptualización de los roles de género, de fenómenos como el divorcio, las uniones consensuales, la maternidad soltera, y de los derechos sexuales y reproductivos.

También es palpable que en el marco filial ha aumentado la participación de hijos e hijas en la toma de decisiones en el hogar, lo cual en la mayoría de los casos, está respaldada por el acceso a niveles escolares más altos.

Estos cambios positivos no hubieran sido posibles sin las transformaciones económicas y sociales que trajo aparejadas el Triunfo de la Revolución. Como fruto de este proceso se concibió un programa de orientación para la vida, donde elementos como el médico y la enfermera, los centros de educación para la salud familiar y los medios masivos de comunicación han desempeñado un importante papel.

Si comparamos la visión que de la familia cubana nos muestra la literatura decimonónica, con nuestro modo de vivir en la actualidad, es fácil percatarnos de que a pesar de no haberse logrado la total ruptura con el modelo tradicional patrialcal, sí se han incrementado las familias de jefatura femenina; lo que no impide en muchos casos seguir las pautas de una educación sexista en la crianza de los hijos.

También la presencia de la tercera edad ha variado dentro del hogar. Los abuelos pasaron de ser meros consejeros a convertirse en personas importantes, sostén y estabilizador de la dinámica cotidiana. Su “juventud” les permite no sólo encargarse de atender a los nietos, sino además son dueños absolutos de «objetos distinguidos» como el fogón, la jaba de los mandados, la máquina de coser, entre otros; y en muchos casos gerencian la economía doméstica.

La comunicación intrafamiliar es otro aspecto merecedor de una reflexión. A pesar de las orientaciones que por diversas vías se reciben, subsisten las dificultades en la relación entre padres e hijos, fundamentalmente, si estos últimos atraviesan la tan llevada y traída adolescencia. El establecimiento de límites y normas de conducta con métodos adecuados y acordes a la edad, se vuelven cada vez más engorrosos; teniendo en cuenta que los menores de la casa exigen (con todo derecho) ser escuchados.

La doctora en Ciencias Psicológicas Patricia Arés, profunda estudiosa de las características de la familia cubana actual, reconoce el sello distintivo que la hace sui géneris. Plantea que aunque culturalmente nos acercamos a los latinoamericanos, compartimos indicadores de países altamente desarrollados. En este sentido, resalta la especialista, se ha producido una elevación de la esperanza de vida, un decrecimiento de los índices de fecundidad, una dismunición del número de hijos, un crecimiento de la divorcialidad y un aumento de las uniones consensuales, lo cual produce un descenso en la legitimación del matrimonio.

Otra nueva tendencia es, al decir de la doctora Patricia Arés, la “familia altamente conectada”. Es el hogar cubano un lugar de puertas abiertas. En cualquier momento nos solicita la colaboración un vecino, alguien buscando una orientación, el mensajero, el cobrador, las organizaciones de la comunidad, etc; y son atentamente recibidas, sin que por ello nadie piense que se está invadiendo la privacidad. Según el criterio de la estudiosa, las familias dicen estar “muy acompañadas”.

Más indicadores que marcan la diferencia son: el aumento de familias formadas a partir de segundas nupcias, la necesidad de varias familias de cohabitar bajo un mismo techo y la hiperbolización de la carga económica, en detrimento de otras funciones.

A diferencia de muchos lugares del planeta, en Cuba, la vida familiar va más allá de quienes habitan en la misma casa. Son estrechas las relaciones entre parientes, aun cuando vivan lejos, no se limitan a determinados acontecimientos o fechas significativas, si no que los encuentros son generalmente frecuentes y sistemáticos. Al propio tiempo se incluyen en el marco filial a personas a quienes la consanguinidad no las une, como es el caso de los vecinos.

Tales modificaciones, unas para bien y otras por superar, caracterizan a la familia cubana en nuestros días; pero algo sí no ha cambiado y es que ésta constituye un espacio muy importante, pues como diría el Maestro: «La casa es como un manantial perenne, de donde se sacan fuerzas diarias y nuevas, siempre frescas; y siempre poderosas para la batalla de la vida».

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