Yo también vi Meñique


Un niño junto a la gigantografía de Meñique en la Cinemateca de Cuba, durante el estreno de la película.

Seguí con expectación cada aspecto de la evolución del que sería el primer filme cubano producido en 3D, ansiosa, esperando su estreno. Por fin, se estrenó el 20 de julio en el marco de las celebraciones por el día de los niños. Yo que ya dejé de ser una niña, agarré a mi vecinita y nos fuimos a disfrutarla en el cine Infanta una semana después.

Es un filme maravilloso, desde el mismo comienzo en que con letras se anuncia que corresponde a una adaptación de José Martí, aspecto que por supuesto todos los cubanos conocemos, te emocionba al imaginar cómo se sentiría nuestro Apóstol con este tributo a su obra para los niños en la Edad de Oro.

Meñique desborda en cubanía y transmite la sencillez, la inteligencia y la creatividad de los cubanos. Lo que más me agradó fue la canción que éste entona mientras se esfuerza por cultivar la tierra en una región hostil para ello. mientras mi vecinita no se decide entre el Hacha con su acento oriental, las escenas de Meñoique con la princesa en el altar o el final de la bruja.

El caso es que muchos niños ya han visto la maravillosa película.

Más de 100 mil cubanos han visto a Meñique (+ Fotos y Video)

Por: Ladyrene Pérez, Rosa Miriam Elizalde | Cubadebate

Los cines de estreno de un tramo a otro de la Isla están de bote en bote ahora mismo.  Meñique, el primer largometraje animado en 3-D producido en Cuba, se ha convertido en un suceso cultural y social que arrastra a la gente al cine, a pesar del calor insoportable de este verano y del fenómeno de las múltiples pantallas en la casa, que es tan popular aquí como en cualquier otra parte.  Cuando aún no ha terminado la primera semana de exhibición, ya la han visto más de 100 000 cubanos.

Meñique, dirigida por Ernesto Padrón, es una versión del cuento homónimo adaptado por José Martí en 1889 para la revista infantil La Edad de Oro, a partir de una historia del francés Edouard Laboulaye. Trata las peripecias de un joven campesino que intenta, sin éxito, sacar a su familia de la pobreza.  Un enorme roble hechizado deja al palacio del rey en las tinieblas y sin agua. El soberano promete otorgar el título de Marqués y dar a su hija, la princesa Denise, en matrimonio, a quien logre cortar el árbol y abrir un pozo.  El leitmotiv del filme aparece en el primer cuadro: “el saber puede más que la fuerza”.

La película nos presenta una Cuba medieval con taberna de paso obligado –“La Bodeguita del Medioevo” donde se come arroz con frijoles-, dragones, güijes, una princesa de ojos pardos que roba para los pobres, la bruja correspondiente que empuña su varita mágica-teléfono móvil, un hacha parlante y un pico sordomudo, el gigante desesperado porque nadie lo quiere y un enamorado y astuto Meñique que intentará encontrar a su “media naranja”.  Los escenarios recuerdan la arquitectura de La Habana colonial y los preciosos parajes del Valle de Viñales y de Trinidad, en el occidente y centro de la Isla.

Siendo una historia de temas fantásticos –la magia, la fantasía y lo sueños sirven hoy frecuentemente para escabullirse de la realidad-, el cuento se compromete con una concreta reivindicación del mundo real: la justicia. Lo hace sin violentar demasiado las reglas impuestas por la industria del entretenimiento occidental, pero desde el retrato de los personajes hasta la comicidad de las palabras y las imágenes, se advierte que este Meñique es otra cosa. Lo subrayan las canciones originales de Silvio Rodríguez, nada que ver con Disney, lo que se nota muchísimo, como cuando el protagonista de la historia labra la tierra y canta: “Dice mi hermano el sinsonte/ que el campo es su tesitura/ yo soy amigo del monte/ y de todas sus criaturas… Con mi trabajo quisiera/ ser de mi suerte monarca/ y que ese don se esparciera/ sobre mi pobre comarca”.

“Es una película para niños, en la que cada escena es una decisión artística, pero también ética y moral”, confirma Esther Hirzel, directora de los Estudios de Animación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), que produjo la película junto con Ficción Producciones, la Televisión de Galicia y la Fundación Villa del Cine de Venezuela.

Todos los cubanos conocen al Meñique martiano, afirma Esther. Es nuestro pequeño Pulgarcito que vence a los poderosos con su ingenio, su inteligencia, su buen corazón. No había que hacer una encuesta previa para saber que él conectaría con los niños, solo había que sacar a Meñique de su ostracismo y enfrentar pruebas que parecían tan difíciles para los realizadores como aquellas que desafió el personaje del cuento.

Los Estudios de Animación del ICAIC tenían el presupuesto para hacer la película –unos 4 millones de dólares, considerablemente bajo para este tipo de producciones-, pero la industria cinematográfica cubana carecía de experiencia en la animación en tres dimensiones, que exige un estándar de calidad muy alto. “Tuvimos que entrenar a los dibujantes sobre la marcha”, admite Esther. En los momentos de mayor intensidad, más de 200 dibujantes y un grupo considerable de programadores y artistas cubanos y españoles trabajaron para producir la película.  Un animador hace menos de un segundo por día. El trabajo de una semana son aproximadamente cuatro segundos. Pestañeas en el cine y te perdiste horas de trabajo.

Tuvieron que convivir, además, con el drama de la navegación por Internet en la Isla. El “ciberdespacio” cubano convertía en una odisea el envío de las copias digitales por la red para los productores en Galicia.  Cuando tenían casi el 75 por ciento de la película producida, hubo que empezar casi de cero. El software para la animación que utilizaban originalmente, además de caro -costaba 3 000 dólares por puesto de trabajo-, era propiedad de una empresa estadounidense. En manos de la industria cubana, ponía en riesgo la comercialización del filme por las restricciones del bloqueo. Hubo que cambiar de tecnología y volver a entrenar a los jóvenes realizadores.

Lo que ha salido de este esfuerzo, asegura la cineasta Rebeca Chávez, es “un Martí risueño y tierno, y la película nos acerca a él sin miedo”. Destaca “el diseño todo, el mundo creado alrededor de la fábula tiene un sello autoral cubano inobjetable, la mesura del humor, los guiños a los artilugios de la modernidad  técnicas entre otros aciertos son equilibrios que en una película de animación no es poca cosa. Si el cine de animación es patrimonio de las grandes compañías, Meñique ha conseguido ‘bailar en casa del trompo’”.

Después de ver la cinta de 80 minutos de duración como un espectador cualquiera en el caluroso domingo del estreno, el escritor y guionista Senel Paz reconoce que “esta es una película cubana y universal”. Los niños no tienen nacionalidad cinéfila. Si les gusta una película, la ven; si no, hacen otra cosa. Su reacción es genuina y está siempre a flor de piel. “Es una alegría descubrir que Meñique ha sido una fiesta para ellos y que el público cubano sigue demostrando su fidelidad al cine”.

Ariel Blanco, jefe de producción de "Meñique". Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

Alejandro Rodríguez y Lidia Morales Alejandro Rodríguez, Arturo Palacios y Lidia Morales trabajara en una secuencia animada de cuatro minutos para mi largometraje Omega 3. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

Jerzy Morales, director de animación. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

Fotogramas de Meñique
MeñiAmigos MeñiBoda MeñiBruja MeñiGiganteMeñiHachibaldo

 

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