Los rostros de Camilo


los rostros de Camilo

Por: Oscar Alfonso Sosa |

Guiados por sus manos, los pinceles se mueven sobre cada palmo del lienzo, completando trazos que poco a poco dan forma a una barba espesa, al cabello abundante y la sonrisa amplia. Es uno de los tantos rostros de Camilo Cienfuegos que la joven Adriana Herrera Pérez ha estampado en su obra. “Es mi forma de inmortalizar a quien me inspira mucho, mi modesta manera de perpetuarlo”, dice con la convicción de una avezada creadora.

Especialista en Restauración, egresada de la Academia de Artes Plásticas de Trinidad y matriculada en el Instituto Superior de Arte, Adriana conoce el porqué de cada huella que deja su pincel.

“Hoy Camilo es mi motivo especial; vivir en Yaguajay ha sido una suerte porque crecí oyendo sus historias, sus anécdotas, su leyenda, y eso funciona como una energía muy especial que me traslada a lo más íntimo del Héroe.

“Si miras cada cuadro, te darás cuenta de que el rostro, la barba, su manera de mirar, de sonreír, son detalles que jerarquizo. Más allá de ello, busco también su naturalidad, su ser, ese Camilo en reposo, pensativo, animado; intento recrearlo como lo veo y lo pienso, como lo sueño despierta”.

La oficina en el Complejo Histórico Camilo Cienfuegos, donde realiza el adiestramiento, es todo un mar de cartulinas, marcos, lienzos, pinturas y pinceles.

“Desde que llegué a la institución me propuse hacer una contribución que fuera un sencillo homenaje a Camilo. Ya he terminado cuatro piezas y me ocupan varios proyectos; el más importante está relacionado con el Mausoleo e incluye una maqueta.

“Mi pretensión es insertar toda esa obra en la colección permanente. Quiero dejar un cuadro mío en cada local del centro, donde la inspiración se mantiene siempre despierta.

“Cada vez que termino una obra sobre Camilo se multiplica mi motivación, que desemboca en la experimentación, incluso con materiales no convencionales. Crear texturas es como abrir un manantial infinito de ideas, y eso me incita a seguir buscando formas para dar un toque distinto a lo que hago.

“En este ajetreo las dificultades, las adversidades aparecen muchas veces cuando menos lo esperas, pero aquí aprendí muy bien un legado del Señor de la Vanguardia: pasar sobre ellas y seguir haciendo, sin detenerme”.

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