Perfumes: Los mejores vienen del excremento. Parte I


El ámbar gris ... de donde vienePor Roberto del Río

Usado para fijar carísimos perfumes, el ámbar gris no es ámbar ni exactamente gris. Se produce en el intestino del cachalote y tiene olor nauseabundo pero, al descomponerse, libera un aroma exquisito. Actualmente su comercio está prohibido y ha sido reemplazado por su versión sintética.

El ámbar gris es una secreción biliar de los intestinos del cachalote y se encuentra flotando en el mar o en la arena de la costa. Aunque normalmente no supera unos cientos de gramos, el bloque de mayor tamaño de ambar gris registrado pesaba 454,5 kg y era de un cachalote cazado en 1912.

  ¿Cuántas personas se atreverían a rociar su piel con restos no digeridos de calamares acumulados en el intestino del cachalote? En nuestros días la respuesta dependerá de una campaña publicitaria, pero hace siglos, esta sustancia, conocida como ámbar gris, era usada para fijar los aromas de finos perfumes y literalmente valía su peso en oro. Como es de esperar por su origen, cuando esta sustancia está fresca es de color negro, consistencia blanda y emana un olor fétido y nauseabundo, muy desagradable. ¿A quién se le ocurriría siquiera acercarse? Sin embargo, su descomposición por el aire, el sol y el agua del mar lo convierten en una sustancia blanca cuyo olor se suaviza con el tiempo hasta ser un aroma tan agradable como el mejor perfume. Esto se debe a que su principal componente es el (-)Ambreino, un alcohol triterpeno que inicialmente carece de olor pero que con el tiempo, luego de su degradación auto-oxidativa bajo la acción del aire y el sol, produce compuestos volátiles cuyo aroma es exquisito e inconfundible. El olor fétido inicial sería emanado probablemente por los demás componentes que se pierden durante la oxidación.

Desafortunadamente, los intestinos del cachalote (Physeter macrocephalus) son la única fuente natural del ámbar gris. Estos animales se alimentan de calamares y sepias que habitan aguas profundas, donde la presión es letal para cualquier otro mamífero. Moluscos como estos pueden ser muy grandes y sus picos córneos son difíciles de digerir, pudiendo causar dispepsia. Alrededor de estos restos se acumula la secreción intestinal del cachalote y forma masas amorfas que deben ser expulsadas para evitar obstrucciones intestinales. De esta manera, con la suerte a favor, se pueden encontrar estas masas de ámbar gris flotando en el mar.                                                                                                   

Gracias al historiador argelino al Maqqarí, que vivió entre los siglos XVI y XVII, sabemos que en las costas de la antigua Andalucía solían aparecen masas de ámbar gris, o “abir” según los árabes. Lo mismo ocurre actualmente en el sureste de la India y en las islas de Sumatra, Socotra en Yemen y Madagascar. El denominador común de estos últimos lugares es su ubicación sobre las costas del Océano Índico, un santuario ballenero.

El lado gris oscuro de esta historia tiene al ser humano como protagonista. A principios del siglo XVIII comenzó la caza masiva del cachalote y el ámbar gris fresco y en cantidad era uno de los codiciados trofeos.

En 1810 fue avistado por primera vez un gigantesco cachalote gris que formó parte de la tradición ballenera bajo el nombre de Mocha Dick. Por medio siglo se oyeron relatos sobre los fallidos intentos de capturarlo. No fue sino hasta 1859 que Mocha fue atrapado luego de sufrir diecinueve arponazos, por un ballenero sueco. Al parecer, las ballenas en general no ofrecen gran resistencia a la captura, pero ahora se sabe que los cachalotes sí. De esta historia deriva un clásico de la literatura, Moby Dick de Herman Melville, probablemente el único beneficio real que la humanidad haya obtenido de la caza comercial de ballenas.

Durante el siglo XX la población de cachalotes se redujo a la mitad. Actualmente quedan un millón de ejemplares. Se estima que sólo en la década del ’60 fueron capturados alrededor de 240 mil cachalotes.

Hoy en día, el comercio de ámbar gris está prohibido. Sin embargo es posible reemplazar sus principales componentes con sustancias sintéticas que conservan las propiedades fijadoras y aromáticas, como el (-)-8a-12-epoxy-13,14,15,16-tetranorlabdano, o AmbroxÒ para los amigos.

El AmbroxÒ está registrado por una empresa farmacéutica, sin embargo, en los últimos diez años se han desarrollado en las universidades diversas estrategias para mejorar su síntesis. Estos estudios incluyen la síntesis de la mezcla racémica a partir de un racemato de comunatos de metilo (Universidad de Jaen, España), síntesis del enanteómero puro a partir de intermediarios también enanteoméricamente puros (Universidad de Sienna, Italia) y ciclado enantioselectivo (Universidad de Nagoya, Japón).

Aún con el abaratamiento del costo de este fijador, siempre habrá gente que cree que lo más caro es lo mejor simplemente porque ellos pueden comprarlo y los demás no. Esta filosofía de vida los deja fuera del sentido común y, en algunos casos, los pone por encima de la ley. Por esta razón, no basta con proteger sólo algunas especies de ballenas. La caza comercial no es una actividad sostenible y los países deben proteger a conciencia los santuarios que se encuentran en sus costas, que con tanto empeño defienden cuando se trata de zonas petroleras. Los cetáceos también son riqueza, son renovables y pueden durar para siempre.

 

Publicado el 11/07/2014 en Tu opinión cuenta y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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