Fidel, Frei Betto y la religión


FIDEL Y LA RELIGION

En el teatro las lunetas eran insuficientes. Invitados de varios países que asisten a la Asamblea de Estudios del Consejo de Iglesias de Cuba, y representantes de las instituciones religiosas y asociaciones fraternales de la Isla, colmaron el lugar antes de que el fraile dominico, periodista y escritor brasileño Frei Betto, tomara la palabra.

Se cumplen 30 años de la publicación de su libro Fidel y la Religión, y también los 25 del primer encuentro de Fidel con líderes de las iglesias protestantes, evangélicas y de la Co­munidad Hebrea en abril de 1990. La ocasión es idónea para rememorar, algo así como re­trotraerse a ese primer encuentro entre el Co­mandante en Jefe de la Revolución Cu­bana y el católico militante.

“Yo me encontré con Fidel el 19 de julio de 1980, en las conmemoraciones por el primer aniversario de la Revolución Sandinista. Esa noche hubo una recepción con Fidel y el mi­nistro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, Miguel D’Escoto, me invitó. Fidel llegó, saludó a toda la gente que estaba allí, y se metió en la biblioteca de la casa para atender a los empresarios de Nicaragua, que tenían miedo porque su país iba por el mismo camino de Cuba, entonces le tocaba a Fidel tranquilizar a esa gente. (Risas)

Yo estaba feliz, dispuesto a nunca más lavar mi mano que había saludado a Fidel, era un sueño conocer al guerrillero de la Sierra Maestra. A las dos de la madrugada ya la cola de empresarios había terminado, y D’Escoto me pregunta ‘¿tú tienes interés de hablar con el Comandante?’. Nos quedamos ahí hasta las seis de la mañana. Yo pensaba ‘va a ser la primera y última vez de mi vida que voy a hablar con este hombre, la tengo que aprovechar para hablar de cosas serias’”.

Varios encuentros se sucedieron después entre Fidel y Frei Betto. Según cuenta en su libro, visitó Cuba por primera vez en septiembre de 1981 como parte de la delegación brasileña al Primer Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, y luego realizó 12 viajes a la Isla antes de concretar la entrevista. En el año 1985 regresó como parte del jurado del premio literario Casa de las Américas, y fue invitado a una audiencia privada con el líder.

“Llegó Fidel y empezamos a hablar, y yo me espanté de la manera positiva con que hablaba de la religión. Fue otro momento en que nos dio las seis de la mañana, no sé qué tiempo el Comandante toma para dormir, es un misterio, y no nos enseña la fórmula a noso­tros, que sería bueno. (Risas) Yo tenía ganas de hacer un librito para los jóvenes brasileños sobre Cuba porque era un mito. Al final de la conversación le digo ‘Coman­dante, ¿usted estaría dispuesto a repetir estas cosas que me ha dicho esta noche en una pequeña entrevista para un librito que pretendo hacer en Bra­sil?’”.

Quedaría concertada para el mes de mayo, comentó.

“Dije, si voy a entrevistar a este hombre no voy a hacer un librito, voy a hacer una entrevista grande, y preparé 64 preguntas. En la fecha prevista llegué a la oficina del Comandante, y me dijo ‘Betto, nuestra entrevista no va a ser posible, porque acaban de inaugurar la Radio y TV Martí en Miami, y no voy a tener cabeza para darte la entrevista’.

Yo me sentí en ese momento exactamente como el personaje de Hemingway en El viejo y el mar, o trato de pescarlo ahora, o nunca más.

“Yo empecé ‘Comandante, yo me preparé…’, y me dijo ‘qué quieres preguntar’, y yo empecé a leer las cinco primeras preguntas, ¿cómo ha sido su formación religiosa?, ¿cómo su mamá ha transmitido la fe cristiana a sus hermanos y hermanas? Cuando llegué a la quinta pregunta me dijo, empezamos mañana. Quizá él esperaba que yo le hiciera preguntas académicas de la dialéctica, la religión, pero yo empecé por la vida, me interesaba una vida que pasa por la experiencia de fe, por la experiencia religiosa, de lo que significó estudiar diez años en un colegio jesuita en aquel tiempo. Y lo más impresionante es que él tenía una visión positiva de su formación”.

Ante un auditorio que lo escuchaba atentamente, y con el cual, admitió, hubiera querido compartir por dos horas más, Betto intercambió anécdotas que denotan el proceso de transición y desarrollo de las relaciones entre el Partido y las instituciones religiosas, caracterizadas por el conflicto durante los primeros años de la Revolución.

“En una ocasión el obispo de Cienfuegos se quejó porque no habían muchas biblias, y yo le dije ‘bueno, si usted quiere yo puedo tratar de traer algunas’. Tuve que buscar esas biblias y hacerlas llegar aquí, y las envié por la vía oficial a la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central. Cuando llegué a La Haba­na voy a hablar con José Felipe Carneado, quien me dijo que habían llegado un montón de biblias, y él no sabía que debía llevársela a la Conferencia Episcopal .

‘Bueno, vamos a tratar de llevarlas ahora’, le dije. ‘Pero ahora no hay posibilidad’, me contestó. ‘¿Por qué?’, ‘Por­que la gente del Partido tomó cada uno una Bi­blia’. (Risas) ‘Unos decían que era para su abuelo, otros para su hija en la escuela… y ya no queda ninguna’.

“Por la tarde, me encontré con Fidel y me preguntó qué había pasado con las biblias. Le explico y Fidel me pregunta, ‘¿y no quedó ninguna para mí?’. (Risas). Y yo, que siempre traigo mi Biblia, le dije ‘voy a regalarte mi ejemplar’, y puse una dedicatoria: A Fidel, en quien Dios tiene mucha fe. Fra­ter­nalmente, Frei Betto”.

Un pueblo que vive los valores del evangelio, la solidaridad, el altruismo

Dicen que en noviembre de 1985, cuando salieron los primeros 30 000 ejemplares a la venta, las calles se abarrotaron, que hubo que contar con el apoyo de la Policía Nacional Revolucionaria en las librerías, y que ya hoy se ha publicado en 24 países e igual número de idiomas. Según Betto, acaba de firmar el contrato para la edición de Turquía.

Poco después de terminar sus palabras, en un teatro repleto de personas que se le acercaban a saludarlo, conversar, invitarlo a regresar a Cuba, Betto no dudó en responder unas preguntas, y sin pensarlo, se reunía de nuevo junto a él otra multitud para escucharlo nuevamente.

Lo convido a volver sobre la entrevista con Fidel, sobre lo que recuerda de aquellas 23 horas en las cuales se habló de religión, pero también del papel de las iglesias y los creyentes en Cuba y América Latina, la Teología de la Liberación, y de la importancia de integrar los propósitos de la religión y el socialismo.

“Recuerdo esas horas de entrevista con mucha emoción. Esa entrevista fue un regalo de Fidel al pueblo de Cuba, que es un pueblo que tiene profundas raíces religiosas, un pueblo creyente, un pueblo que vive los valores del evangelio, de la solidaridad, el altruismo, la creencia de que es posible crear una civilización y que todos vivan con sus derechos, o lo que teológicamente decimos, que todos vivan como hijos de Dios”.

Sobre lo que significó para las relaciones entre el Estado, las iglesias y las religiones en Cuba, a las cuales catalogó de “excelente”, dijo que como ha dicho un propio obispo cubano, “ayudó a quitar el miedo de los creyentes y los prejuicios de los comunistas”.

“Es un libro que rescató, gracias a Fidel, la raíz espiritual de Martí, o sea, para Martí no había ninguna separación entre el compromiso de crear un mundo nuevo y el compromiso de creer en los valores espirituales. Fidel fue uno de los pocos líderes socialistas del mundo que ha asumido su formación religiosa como un dato positivo, como un valor. Entonces el libro es un testimonio de vida, no solamente de Fidel, sino de la historia del pueblo de Cuba, que es una historia profundamente espiritual”.

Los presentes en la velada llevaron consigo un ejemplar de Fidel y la Religión, seguramente ya lo habrán leído, pero resultará el recuerdo de una tarde de emociones, en la celebración de los primeros “tá” de una obra que pasó a la historia por estrechar el milagro virtuoso de la paz entre los hombres que tienen un mismo propósito, cualesquiera sean sus creencias: el propósito de la salvación de la humanidad.

Fuente: Pensando Americas

 

 

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