El huracán y la palma.


Cuando uno de los tantos huracanes azotó nuestro país hace unos años. Los daños fueron cuantiosos. Hemos escuchado muchas anécdotas contadas por nuestros padres y abuelos sobre las vicisitudes por la que pasaron producto de aquel desastre natural y como constancia musical, el trovador Sindo Garay, dejó para la posteridad, una bella canción titulada “El Huracán y la palma”, inspirada en el suceso que por la furia de los vientos, un pedazo de tabla, atravesó como una lanza a una esbelta palma, que resistió los embates del temible huracán.

La foto de la palma herida se publicó en la prensa y en libros que reseñaron la catástrofe natural y ha quedado como símbolo de la fuerza que un meteoro genera y de los daños que puede infligir a una población desvalida.

La situación ha cambiado. Producto del cambio climático y el recalentamiento atmosférico, los huracanes son cada vez más poderosos y a su paso dejan una estela cada vez más desbastadora. En nuestro país también ha cambiado la preparación del pueblo para enfrentar estos embates de la naturaleza.

Desde 1962 se creó la Defensa Civil, una estructura organizativa capaz de preparar a la población para tomar las medidas de precaución que eviten, en primer lugar, la pérdida de vidas humanas y en segundo lugar para logar la preservación de los bienes materiales y recursos económicos que sea posible proteger.

Por tal motivo, la Defensa Civil ha realizado un levantamiento de los lugares más proclives a sufrir afectaciones y ante eventos de esta naturaleza, se procede a la evacuación masiva de toda persona con posibilidades de sufrir ese tipo de calamidades a lugares seguros. Lo mismo se hace con el ganado mayor y menor, se preservan los alimentos, se cosechan con anticipación los cultivos que podrían ser afectados y se salva todo lo que puede ser salvado.

Así tenemos que ante la cercanía del peligroso huracán Irma fueron evacuada a lugares seguros más de 1 millón 700 mil personas, que durante el tiempo de los embates del huracán, recibieron la asistencia prevista para esos casos y ahora en la fase de recuperación muchas de esas personas, que perdieron sus casas, continúan siendo atendidas en los centros de evacuación que se habilitaron.

Se aplica en estos casos el concepto que ennoblece a nuestra Revolución Socialista: “en nuestro país nadie quedará desamparado”. Si el huracán Irma nos azotó con furia, con igual furia organizada hemos emprendido las labores de recuperación. Los daños han sido considerables. No todo podrá ser resuelto de inmediato, pero nadie quedará desamparado y en esa lucha, nuestro pueblo no estará solo. Hemos recibido mensajes de solidaridad y envíos con ayuda de emergencia de varios países e instituciones internacionales.

Lo que resulta detestable es que en estos momentos en que cientos de cubanos se enfrentan dignamente a la situación calamitosa que confrontan por la pérdida de sus bienes; los enemigos de la Revolución se regodean pensando que el Gobierno Revolucionario no podrá enfrentar la situación y tratan de hacer leña del árbol caído intentando introducir vestigios de desaliento y de desconfianza, entre los que ahora se levantan. No son capaces de entender que esos son los agradecidos, quienes junto a sus dirigentes, confiados en que con su esfuerzo, el apoyo de sus coterráneos y de su Gobierno, volverán a la normalidad.

Por J.M del Río (Colaborador de la Santamambisa)

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