Los niños: los grandes perdedores del gobierno de Temer


Por María Josefina Arce

Los recortes sociales que ha puesto en marcha Michel Temer desde su llegada a la presidencia mediante un golpe parlamentario han comprometido seriamente el presente y el futuro de un sector tan vulnerable como los niños y adolescentes, muchos de los cuales viven en la miseria.

Un informe de la Fundación Abrinq, una organización sin fines lucrativos cuya misión es promover la defensa de los derechos y el ejercicio de la ciudadanía de los menores, señala que cuarenta por ciento de los niños de hasta 14 años viven en hogares pobres, lo que representa una población de 17 millones 300 mil personas.

Precisa el documento que de ellos, cinco millones 800 mil, o un 13,5 por ciento, están en situación de pobreza extrema, lo que demuestra la falta de políticas públicas a favor de este segmento poblacional.

De hecho Brasil bajo el gobierno de Temer podría estar nuevamente presente en el mapa del hambre, lo que no sucedía desde hace años, gracias a los esfuerzos de los gobiernos del Partido de los Trabajadores.

A esto se suma que en el país sudamericano es una triste realidad el trabajo infantil, que se ha incrementado ante la perdida de programas sociales puestos en marcha durante el mandato de Luiz Inacio Lula Da Silva, hoy encarcelado injustamente, y de Dilma Rousseff, víctima de un golpe parlamentario.

El Instituto brasileño de Geografía y Estadística reveló que cerca de tres millones de menores son explotados y, a diario por lo menos siete de ellos sufren algún tipo de accidente. La cifra podría ser aún mayor pues las estadísticas no consideran a las víctimas del narcotráfico y de muchas actividades ilícitas e insalubres.

La región norte del país es la que presenta un escenario más grave, donde trabaja 1,5% de los niños de entre 5 y 13 años.

Los menores también se enfrentan cotidianamente a la violencia. El 68 por ciento de las violaciones tiene como víctimas a menores de 18 años y casi un tercio de los menores de hasta 13 años son agredidos por amigos y conocidos de la familia.

Unido a esta situación ha crecido el índice de mortalidad infantil, luego de varios años de continua reducción. Al respecto, especialistas de la Organización de Naciones Unidas en el área de derechos humanos pidieron a la administración de Temer revisar su programa de austeridad.

En un comunicado señalaron que “las personas que viven en la pobreza y otros grupos marginados sufren de manera desproporcionada el resultado de medidas económicas restrictivas en un país que es considerado un ejemplo de políticas progresivas para reducir la pobreza y promover la inclusión social.”

Y es que además de recortar los recursos para planes como la Red Cigüeña, destinado a cualificar la atención pre-natal y del parto, se redujo el alcance del programa Más Médicos sobre todo en el área más crítica, que es el semi-árido del Nordeste brasileño, explicó el ex ministro de Salud Alexandre Padilha.

Otro factor importante que incide en el aumento del número de fallecimientos en edades tempranas es la desnutrición infantil, que de acuerdo con el Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional creció del 12,6 al 13,1 por ciento entre 2016 e 2017 entre menores de cinco años.

Brasil ya no es el de hace apenas unos dos años, el gobierno golpista está llevando al gigante sudamericano al abismo, con un aumento de la pobreza y la desigualdad, y como siempre los grandes perdedores son los sectores más vulnerables, entre ellos los niños, que hoy no tienen garantizados sus más elementales derechos humanos y la incertidumbre empaña su futuro.

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