¿Qué recuerda a los cubanos, la Zona Cero?


Casi 3 000 muertes de personas inocentes y más de 6 000 heridos fue el saldo de aquellos hechos perpetrados aquel fatídico 11 de septiembre, en el mismo lugar que hoy se conoce como Zona Cero, en la ciudad de Manhattan, en Nueva York.

Allí, donde actualmente se levantan dos grandes fuentes en las que se pueden leer los nombres de los fallecidos, se erige ya una gran torre y se construye otra, con la que pareciera querer alejarse la imagen de terror y tristeza que aún genera en quienes visitan el lugar o acuden a él a través de las fotos en Internet.

Algunos –los menos– se refieren a la Zona Cero como una atracción turística por los cientos de miles de personas que cada año la visitan, pero más allá de eso, se trata de un lugar al que deberíamos todos acudir para recordar y reflexionar sobre aquello que la humanidad tiene que aborrecer y cuanto nos falta por hacer para que hechos como esos no vuelvan a ocurrir, en ninguna parte del mundo.

Aquellos días… sus enseñanzas.

Desde el punto de vista arquitectónico, tres elementos recuerdan los atentados del 2001: El One World Trade Center, el National 9/11 Memorial y el 9/11 Memorial Museum.

Pero más allá de los museos, parques, nombres grabados o edificaciones, la Zona Cero nos recuerdan aquellos instantes, después horas, en que prácticamente todo el país se paralizó –y como en todas partes del mundo– los cubanos seguíamos minuto a minutos las noticias, las imágenes que iban apareciendo y los diversos debates y análisis que comenzaron a gestarse a partir de entonces.

Los cubanos de muchas edades expresábamos por varias vías la indignación y el dolor que provocaban actos como aquellos y el propio líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, dio a conocer enseguida una declaración de nuestro gobierno en la que patentizaba la tristeza de nuestro pueblo ante hechos de tal magnitud.

Fidel reiteró entonces la posición de Cuba ante toda acción terrorista sin importar donde ocurriese, pues nuestro pueblo había sufrido en carne propia por más de 40 años el saldo triste del terrorismo, lamentablemente promovido desde el propio territorio que ahora era víctima de él.

Para Cuba, condenar esos actos era no solo una cuestión de principios éticos, sino de humanidad y se expresaron las más sinceras condolencias al pueblo norteamericano por las dolorosas e injustificables pérdidas de vidas humanas que habían provocado dichos ataques.

Foto: El Heraldo

El gobierno de la Isla ofrecería entonces «su total disposición a cooperar, en la medida de sus modestas posibilidades, con las instituciones sanitarias y con cualquier otra institución de carácter médico o humanitario de ese país, en la atención, cuidado y rehabilitación de las víctimas ocasionadas por los hechos ocurridos en la mañana de hoy”, tal como lo ofreciera el Comunicado oficial que se dio a conocer.

«En esta hora amarga para el pueblo norteamericano, nuestro pueblo se solidariza con el pueblo de Estados Unidos», se reiteró.

Se ofrecería también colaboración en el terreno de los servicios aéreos, en el que Cuba brindaría su corredor para el empleo de aeronaves que facilitaran el tráfico organizado y seguro hacia el vecino del Norte, y así aliviar en alguna medida la situación desesperada que se había generado a partir de los hechos ocurridos y que tuvieron gran impacto en este escenario durante días, semanas, meses.

Esta es una de las tantas formas en las que el gobierno cubano ha estado siempre dispuesto a colaborar, cooperar, tender puentes con el pueblo y el gobierno norteamericano, sobre todo en situaciones de emergencias y entre pueblos civilizados, de igual a igual.

Fueron días para que también se alzara la voz de Fidel para hacer un llamado al análisis, para hacernos pensar. «Ninguno de los actuales problemas del mundo se puede resolver por la fuerza, no hay poder global, ni poder tecnológico, ni poder militar que pueda garantizar la inmunidad total contra tales hechos, porque pueden ser acciones de grupos reducidos, difíciles de descubrir, y lo más complicado, aplicados por gente suicida. De modo que el esfuerzo general de la comunidad internacional es poner fin a una serie de conflictos que andan por el mundo, cuando menos en ese terreno; poner fin al terrorismo mundial, crear una conciencia mundial contra el terrorismo”, diría.

Foto: El Heraldo

Alertas para todos los tiempos

En varios momentos, posterior al año 2001, en Cuba como en otras partes, se rememoraba el 11 de septiembre como un día de lecciones y alertas, de enseñanzas para el futuro.

Ese día del año 1973 había sido asesinado el hermano presidente Salvador Allende y años después ocurren los hechos terroristas en Manhattan.

En el año 2007, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro dedicaría uno de sus artículos –convertido en Reflexión indispensable para este pueblo y muchos en el mundo–a recordar aquellos hechos y resaltar el respeto que siempre nos hemos profesado el pueblo norteamericano y el cubano.

Diría Fidel que nunca desde Cuba se ha predicado ningún género de odios nacionales, ni cosas parecidas al fanatismo, «por eso somos tan fuertes, porque basamos nuestra conducta en principios y en ideas, y tratamos con gran respeto —y ellos se percatan de eso— a cada ciudadano norteamericano que visita a nuestro país».

«Hoy se cumplen seis largos años de aquel doloroso episodio. En la actualidad se conoce que hubo desinformación deliberada», recordaría.

Y enfatizó en el dolor profundo y la tristeza por un pueblo «que puso fin a la guerra de Viet Nam con su enorme oposición a aquella guerra genocida; no olvidamos al pueblo norteamericano que, en un número superior al 80 por ciento, apoyó el regreso de Elián a nuestra patria; no olvidamos cuánto idealismo, perturbado muchas veces por el engaño, porque —como hemos dicho muchas veces— para llevar a un norteamericano a que apoye una causa injusta, una guerra injusta, primero hay que engañarlo, y el método clásico utilizado en la política internacional de ese enorme país es el método de engañar primero, para contar después con el apoyo de la población. Cuando sucede a la inversa y su pueblo descubre que algo es injusto, por su tradición de idealismo, se opone a aquello que ha estado apoyando, muchas veces causas muy injustas, convencido de que lo que apoyaba era justo.»

Para Fidel –tal como lo ha sido siempre para nuestra Revolución y sus principios de política exterior – el camino nunca sería la fuerza ni las guerras.

«[…] Ninguno de los actuales problemas del mundo se puede resolver por la fuerza, no hay poder global, ni poder tecnológico, ni poder militar que pueda garantizar la inmunidad total contra tales hechos, porque pueden ser acciones de grupos reducidos difíciles de descubrir.»

Palabras como estas, que recobran hoy más que nunca su valor y vuelven a resonar ante preocupaciones y alertas urgentes, que centraron las discusiones de la 73 Asamblea General de las Naciones Unidas por estos días allí, muy cerca de la Zona Cero, deberían remitirnos a un camino más seguro, cargado de paz y cooperación entre todos los seres humanos del planeta.

Ahí está en el sentir de los cubanos, es parte de nuestra esencia como nación soberana y solidaria, comprometida con los habitantes de esta casa de todos que deberemos seguir protegiendo – como diría el poeta que también le cantó a las víctimas de la Zona Cero–, siendo un tilín mejores y mucho menos egoístas.

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