Nubarrones sobre Jair Bolsonaro


Por Lídice Valenzuela

Con solo tres meses de gobierno, el ultraderechista presidente brasileño Jair Bolsonaro viene demostrando su incapacidad como jefe de gobierno, al expresar obsesivos y controvertidos pensamientos y demostrar su devoción a Estados Unidos (EE. UU.), causa del presunto malestar existente entre los militares de su gabinete.

Quizás porque —como dicen sus opositores— no es inteligente y creyó que con ganar la presidencia con un 51 % de los votos todo sería coser y cantar, el excapitán del Ejército parece olvidar que en su país se mueven muchos y diversos intereses económicos y geopolíticos, en el cual las fuerzas armadas juegan un rol fundamental. Y, además, que más de un 48 % de la población lo rechazó en las elecciones de octubre pasado. O sea, que no puede implantar un régimen fascista, liberal, sin que se le enfrente un alto porciento de ciudadanos contrarios a sus políticas.

En su primera visita oficial, Bolsonaro viajó a Estados Unidos, y firmó varios acuerdos en los que Brasil nada ganó, pero puso en riesgo, con una gran sonrisa, la soberanía nacional.

Con su admirado Donald Trump acordó que la base militar de Alcántara, en el Estado de Maranhao —lo cual debe ser aprobado por el Congreso Nacional— sea utilizada por las tropas norteamericanas, a cambio de un pago por el alquiler de la estación.

Construido en 1983, el Centro de Lanzamiento de Alcántara estaría prohibido para cualquier otro país. Con el nuevo Acuerdo de Salvaguardias Tecnológicas (AST) suscrito con la mayor potencia militar del planeta, “Brasil espera que lluevan inversiones, centenares de millones de dólares”, según el coronel Carlos Moura, presidente de la Agencia Espacial Brasileña.

En los últimos años, la base quedó restringida a vuelos suborbitales (hasta 100 kilómetros sobre el nivel del mar) y a cohetes experimentales. Las empresas estadounidenses Saces, de Elton Mus; Virgen Galáctica, de Richard Branson; y Blue Origen, de Jeff Bezos saben que desde Alcántara pueden realizar vuelos espaciales, además que por su posición alcanza en segundos objetivos cercanos.

El viaje a Washington dejó como saldo una serie de obligaciones para Brasil, pero Bolsonaro no supo cumplir el objetivo de convertirse en el principal aliado de Trump en América Latina, que ocupa Colombia, en especial en su estrategia para derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro.

El mandatario suramericano, cuya visita tuvo una limitadísima cobertura de prensa por los medios anfitriones, dijo sí a las propuestas recibidas, entre ellas la eliminación de las obligatorias visas consulares para que los estadounidenses entren en Brasil, sin reciprocidad para los norteños.

Solo recibió promesas, como el apoyo para el ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, a cambio de renunciar a la condición que disfruta en la Organización Mundial del Comercio, como una economía en desarrollo.

¿Será posible que el incoherente presidente brasileño haya hecho compromisos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA)? Por lo pronto es el primer jefe de gobierno que visita la sede de esa organización en EE. UU. en compañía de su ministro de justicia, Sergio Moro, el exjuez federal que condenó Lula da Silva en primera instancia, con pruebas fraudulentas.

LA REALIDAD DOMÉSTICA

Los días pasan y la marea sube. Bolsonaro —que subió a Internet hace pocos días un video obsceno— enfrenta el rechazo en las calles de millones de brasileños que no aceptan las cláusulas de su reforma a las pensiones, destinadas a la privatización.

Hace pocos días, multitudes se reunieron en las principales vías de los cinco territorios brasileños para hacer valer sus derechos, porque si el gobierno se sale con la suya, no solo se reducirá el monto de las pensiones a quienes ya dejaron atrás el trabajo, sino que los cambios afectarán también a los futuros pensionados.

Movilizada por los sindicatos y movimientos sociales, la clase obrera de Brasil promete darle guerra al ejecutivo, pues la actual reforma es la primera de un programa diseñado para defender los intereses de las élites oligárquicas del país.

Esto es solo el principio. Para algunos analistas, como el uruguayo Aram Aharonian, del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico, luego del posicionamiento de Brasil contra el gobierno de Maduro y su alianza incondicional con EE.UU. e Israel, Bolsonaro es visto como un títere por los seis ministros militares de su gabinete, devenidos, dijo, los verdaderos jefes del poder en el país.

Se trata de Hamilton Mourao, vicepresidente del gobierno, Augusto Heleno Ribeiro, Alberto dos Santos Cruz, Eduardo Villas Bóas, Fernando Azevedo e Silva y Floriano Peixoto Neto, sustituto del renunciante ministro Gustavo Bebianno como jefe de la Secretaría General de la Presidencia.

En opinión de Aharonian, este grupo integra la virtual “junta militar” que dirige al gigante suramericano. Cada uno de estos altos jefes militares, que son sus amigos, tuvieron un rol fundamental para que ganara la presidencia.

Algunos fueron estrategas de su campaña electoral, como Villa Boas, llamado el Augusto Pinochet moderno, quien sometió al Tribunal Federal para lograr que el exmandatario Luiz Inacio Lula da Silva fuera encarcelado, sacándolo del camino del Palacio de Planalto.

Villas Boas es el líder del grupo, aun cuando por una enfermedad se mueve en silla de ruedas. Peixoto Neto, Heleno y Dos Santos Cruz, los tres últimos comandantes de las fuerzas de Naciones Unidas en Haití entre 2002 y 2010.

Editoriales de los periódicos O’Globo y O Estado de Sao Paulo, al servicio de las élites empresariales, asumieron la incapacidad del jefe de Estado. O Estado fue categórico: “Sería ingenuo creer que Bolsonaro de un momento a otro pasará a comportarse como presidente y asumirá las responsabilidades de gobierno”.

Mauro Lopez, editor del portal Brasil 24/7 y de Jornalistas pela democracia afirmó que “el capitán Jair Bolsonaro podrá seguir viviendo en el Palacio da Alvorada y hasta jugar videojuegos en su oficina del Planalto, siempre que obedezca a sus superiores: los generales”.

La posición de Bolsonaro es débil y compleja, al extremo de preguntarse ante la prensa por qué fue rechazado públicamente en los lugares a donde ha viajado, dadas las expresiones de protesta por su presencia en Washington y en Santiago de Chile, este último fin de semana.

El tema de Venezuela, tratado con dirigentes de EE. UU. levantó un avispero entre los uniformados, pues Brasil no supo posicionarse con una política independiente ante una eventual presión de Washington. Hablar mal de los estadounidenses, ahora, destacó, es impensable.

Mourao hizo fuertes críticas al “régimen chavista”, pero se acogió al principio de no intervención y de solidaridad interamericana “desvestida de ideología y sectarismo” para evitar conflictos que, afirmó, agraven la crisis. Es decir, afirmaciones impensables en la entrevista de Bolsonaro con Trump, en cuyas manos dejó prácticamente a Brasil y hace apenas mes y medio sugirió participar en un “plan bélico contra Caracas” que contemplaba, como hizo después, entregar la base de Alcántara al Pentágono.

CORRUPCIÓN DE LOS BOLSONARO

Bolsonaro, quien hizo bandera la lucha contra la corrupción en su campaña electoral, sufre ahora un escándalo de manejo ilegal de dinero en el que aparecen su esposa Michelle y su hijo Flavio, diputado por la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro.

La publicación Russia Today afirmó que el Consejo de Actividades Financieras (COAF) de Hacienda informó que en la investigación denominada Lava Jato, en la estatal petrolera Petrobras, se detectaron transacciones atípicas en las cuentas del chofer de Flavio, Fabricio José de Queiroz, por valor de 307 000 dólares.

COAF consideró que Queiroz, un policía militar muy cercano a los Bolsonaro, carecía de posibilidades con el salario que percibía. La mayor parte de los ingresos en la cuenta del empleado coinciden con la fecha de cobro en la Asamblea Legislativa fluminense.

También se descubrió que el chofer, propietario de dos apartamentos, hizo un depósito de 6150 dólares no declarados en la cuenta de Michelle Bolsonaro. Además, se han recibido en la Fiscalía General de la Repúblicasignificativas denuncias contra el Partido Social Liberal (PSL), creado por el mandatario, pero del cual ya se separó.

El periódico Folha de Sao Paulo afirma que el PSL recibía dinero en Minas Gerais del fondo partidario obligatorio para lanzar candidaturas falsas, y luego ese dinero retornaba a algunos principales postulados.

Entretanto, para un político que desestima abiertamente el cuidado del medio ambiente, la tragedia de la empresa de extracción minera de Brumadinho, que dejó más de 200 fallecidos, fue un revés político, ya que se descuidaron las posibilidades del lugar. Las paredes de la mina cayeron arrastrando millas de lodo. La cuestión ambiental, según demostraron expertos, fue fundamental para el desplome.

Otro hecho inusitado captó la atención de millones de personas en el mundo, cuando el carnaval de Río de Janeiro, el más deslumbrante de América Latina, centró sus danzas y cantos en críticas al mandatario y sus políticas.

Las 27 comparsas de Río, y las de Sao Paulo, Belo Horizonte, Salvador de Bahía y Recife reflejaron las acciones más importantes de los tres meses de gobierno ultraderechista, coreando las frases más desatinadas del mandatario.

Pero Bolsonaro no es de los que se queda callado a pesar de sus incoherencias, y en contrapartida respondió con groserías a los cánticos de las comparsas callejeras, reprendiendo a dos ídolos de la cultura popular Caetano Veloso y Daniela Mercury.

La emblemática escuela Mangueira, triunfadora del Carnaval de este año, cambió las palabras Orden y Progreso inscriptas en la bandera nacional por las de Indios, Negros y Pobres. Los sambistas portaban carteles con el lema “Lula libre”.

Vaya, que el presidente que menciona a Dios decenas de veces en sus intervenciones, tendrá que orar largo tiempo para que se le permita terminar su mandato, algo de lo que dudan hasta las piedras.

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