Con amenazas, Trump comienza su campaña de relección


Por David Brooks

En medio de amenazas de redadas masivas de inmigrantes, enviar más tropas a Medio Oriente, haber dicho más de 10 mil mentiras desde que llegó a la Casa Blanca, de estar bajo múltiples investigaciones federales y estatales sobre todo aspecto de su vida política y empresarial, detonar guerras comerciales y humillar a aliados dentro y fuera de casa, Donald Trump lanzó ayer su campaña de relección presidencial afirmando que él, y sólo él, puede asegurar la grandeza de Estados Unidos.

Ante unos 20 mil fieles en una arena en Orlando, Florida –sede de uno de los mundos ficticios y de fantasía más exitosos del planeta, Disney World–, el maestro de ceremonia del reality show más poderoso del mundo declaró que el lema de su primera elección: “Hagamos grande a América otra vez” ahora será sustituido por “Mantengamos grande a América”.

En un truco de magia, quien se postuló como candidato insurgente contra la cúpula política, ahora intentará ganar su relección como un presidente insurgente. Trump afirmó que seguirá luchando, en nombre de los ciudadanos ordinarios, contra un sistema político corrupto, para lograr retornar el gobierno al pueblo.

Festejó que ha logrado crear la economía más grandiosa en la historia de este país, y que ha recuperado la soberanía nacional al reformular el comercio internacional. “El sueño americano ha regresado”, proclamó.

Y por supuesto tocó el tema de la migración. Afirmó que ya se están construyendo cientos de kilómetros de su muro fronterizo y acusó que los “inmigrantes ilegales” incluyen extranjeros criminales que amenazan a niños en las escuelas, que son una carga fiscal, y que reducen el nivel de vida para otros, sobre todo minorías.

Una y otra vez insistió en que ningún presidente ha hecho tanto en la historia del país y que aún falta más gloria, incluyendo una cura para el cáncer y aterrizar en Marte. En casi todos sus datos y ejemplos de logros, los hechos no sustentan lo dicho, pero eso no es nada noticioso.

En su discurso mareador de más de una hora, al referirse a los candidatos demócratas, y por nombre a Bernie Sanders, proclamó que Estados Unidos jamás será un país socialista, jamás, lo cual provocó coros de “USA, USA”. Poco después advirtió que un voto para un demócrata en la elección “es un voto para el surgimiento de socialismo radical y la destrucción del sueño americano”.

Fue hace justo cuatro años que Trump bajó por las escaleras eléctricas de la Torre Trump en esta ciudad para anunciar su candidatura presidencial y, entre otras cosas, acusó a México y a su pueblo de enviar violadores y delincuentes a Estados Unidos.

Ayer, su mensaje fue que está logrando frenar la ‘invasión” en las fronteras, y el lunes anunció, por tuit, como prefacio a este acto, que su gobierno se prepara para expulsar a millones de “extranjeros ilegales” por todo el país a partir de la próxima semana. No se sabe si cumplirá su palabra, pero nadie duda que esto, como hace cuatro años, fue más para efectos políticos que otra cosa.

Trump lanza su campaña de relección en una coyuntura favorable, con una tasa de desempleo en su nivel más bajo en décadas y una economía que, según algunos medidores, está prosperando (sobre todo para los más ricos y Wall Street). Tiene una infraestructura electoral mucho más organizada, y más fondos para su esfuerzo.

Pero Trump permanece entre los presidentes más impopulares de la historia moderna, casi nunca ha logrado superar entre 40 y 43 por ciento de aprobación que tiene en las encuestas, siempre con una mayoría que lo desaprueba.

Ni en la misma ciudad en que lanzó su campaña esta noche es tan querido, el rotativo local Orlando Sentinel, publicó ayer un editorial anunciando su preferencia electoral: No Donald Trump.

Más aún, encuestas internas recientes de su propia campaña indican que el presidente está perdiendo frente a los principales candidatos demócratas a escala nacional y en varios estados claves que lo llevaron a su triunfo en 2016.

Al clásico estilo Trump, cuando se filtraron estos datos, el presidente negó que fueran válidos y despidió a varios de los mensajeros, sus propios encuestadores.

Sin embargo, sus bases siguen muy entusiasmadas, y las filas republicanas aún ofrecen un apoyo abrumador, según las encuestas entre ellos. El show de esta noche fue para nutrir a este sector que sigue percibiendo a su líder como un insurgente, y continúa aplaudiendo su discurso populista, nacionalista.

Aunque él y sus filas siguen disputando el asunto, Trump no ganó la mayoría del voto popular en 2016 (perdió por 3 millones de sufragios frente a Hillary Clinton), pero sí obtuvo el de 60 millones, sorprendiendo a los expertos, los encuestadores y tal vez a sí mismo.

Gran parte de sus bases están felices con sus logros, sobre todo el de colocar a dos jueces conservadores en la Suprema Corte, y decenas más en tribunales federales, así como sus acciones anti inmigrantes, y la anulación de regulaciones ambientales, entre otras cuestiones.

No les importa que el mandatario ha hecho más de 10 mil afirmaciones falsas o engañosas desde que llegó a la Casa Blanca, según el Washington Post.

Ni tampoco que hay 29 investigaciones criminales federales, estatales y legislativas sobre múltiples aspectos de su vida política y empresarial.

Todo indica que esa mezcla de políticas antimigrantes, su denuncia de los medios como enemigos del pueblo, su ataque contra los derechos de las mujeres y la comunidad gay, sus mensajes racistas y su populismo nacionalista y la anulación de la diferencia entre verdades y ficciones que lo llevó al triunfo en 2016 estarán presentes en su campaña de reelección. Y México será, una vez más, utilizado para sus fines electorales.

Su gran espectáculo de esta noche concluyó con la canción You Can’t Always Get What You Want, de los Rolling Stones (dejaremos a otros la tarea de interpretar eso).

Publicado el 06/19/2019 en Donald Trump, Estados Unidos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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