La travesía oculta del yate Granma


La travesía oculta del yate Granma

Por Meliza Rodríguez Martínez

¿Qué pasó con el yate Granma después que desembarcó en Playa Las Coloradas el 2 de diciembre de 1956?  El 8 de enero de 1959 cuando la Caravana de la Victoria entró a La Habana, el navío se encontraba atracado en el muelle frente al edificio del Estado Mayor- en la Avenida del Puerto-, pero su “destino”, en ese periodo intermedio, aún es incógnita en el saber popular.

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“Después del arribo, procedente de Tuxpan, México, el 25 de noviembre de 1956 con 82 expedicionarios a bordo, el yate desaparece de los textos de historia, publicados a partir de 1959. Sin embargo, el 8 de enero de ese año despierta la atención del Comandante en Jefe Fidel Castro al verlo en el varadero frente al edificio del Estado Mayor en La Habana”, afirma el Máster en Ciencias Históricas Fabio Fernández Batista, profesor de la Facultad de Historia de la Universidad de La Habana y especialista en el período revolucionario.

El 9 de diciembre de 1956, la revista Bohemia publicó: “El yate Granma en que llegó parte de los revolucionarios fue conducido a remolque a Manzanillo. El segundo comandante del guardacostas 106 Las Villas de la Marina de Guerra Riggs Guerra se vanaglorió de haber ametrallado la embarcación y de llevar puestas, como trofeo de guerra, unas botas recogidas en el yate”.

Según fuentes consultadas, esta es la última referencia conocida sobre la ubicación del navío, luego del arribo a Las Coloradas, por lo que muchos investigadores coinciden en plantear que su paradero está invisible en los textos históricos cubanos, en el periodo de 1956 a 1959.

En el estudio Historia del yate Granma, de Milagros Gálvez Aguilera, publicado por primera vez en el año 2006, se puede apreciar que el navío permaneció un tiempo fondeado cerca de la costa de Niquero en condiciones de abandono.

Luego fue remolcado por la fragata Antonio Maceo hacia el Arsenal Naval de Casablanca en la bahía de La Habana, además, especifica que la embarcación se detiene temporalmente en Cienfuegos antes de continuar viaje hacia la capital, todo producto a las reclamaciones de la marina mexicana

A su llegada a Casablanca, en julio de 1957, el navío quedó bajo la custodia del sargento de tercera, maquinista, Rolando Novoa Pantoja, quien se encargó del cuidado y preservación de la embarcación.

 Al recibir la embarcación Novoa recuerda:

“… había un gran desorden. Decían que estaba fuera de servicio. Eso parecía si observabas una de sus propelas invertidas, la pequeña planta abandonada en popa y los cables que asomaban sus extremos por el cuarto de máquinas…”

Pantoja cuidó de la embarcación sin conocer aún su verdadera historia.

El director del Museo de la Revolución, José Andrés Pérez explica que hubo varios intentos de compra por hombres del régimen como yate de recreo, pero Pantoja declaraba a las autoridades  que el yate se encontraba en un estado de deterioro avanzado y se le sometió a una pequeña reparación que deja al bajel en condiciones para navegar. Es gracias a este mantenimiento que el barco comienza a cumplir misiones como buque auxiliar A-11 en la Marina de Guerra.

Un dato interesante es que Novoa era amigo de la infancia del timonel de la expedición del Granma, Norberto Collado, quien estaba en prisión en Isla de Pinos.

El documento citado aclara que el 20 de diciembre de 1958, después de mínimas reparaciones, la embarcación partió a Isla de Pinos, actual Isla de la Juventud, con el objetivo de patrullar las costas por la guerra de liberación nacional, librada en el país.

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En los primeros días posteriores al triunfo revolucionario, el Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán pidió a Norberto Collado que localizara el Granma lo antes posible y lo trajera hacia La Habana. El día 8 de enero de 1959, a las 13:53 horas entró a la rada capitalina el yate escoltado por las tres fragatas: José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo bajo el fuego de 21 salvas de artillería lanzadas por esas embarcaciones.

La nave atraca en el varadero frente al edificio del Estado Mayor del ejército donde es visitada por Fidel en su entrada triunfal a la Habana. A bordo de la nave el Comandante en jefe expresó:

Nombrado como buque insignia de la Marina de Guerra Revolucionaria (MGR) el 1 de febrero de 1959, el Buque Auxiliar A-11 Granma, con Norberto Collado al frente, regresó a Manzanillo y en 1960 recibió orden de trasladarse hacia la capital. Escoltado por el guardacostas 107 Habana, el barco hizo escala en Cayo Loco, Cienfuegos, dando a los pobladores de esa urbe la posibilidad de visitar la embarcación.

En la Perla del Sur, la tripulación recibe la contraorden de volver hacia Manzanillo, ya que existía la idea de construir un mausoleo para el barco en la zona cercana al lugar donde encalló en 1956. Pero la idea no fructificó, por lo que meses más tarde se traslada la nave hacia Niquero donde es fondeada hasta 1963.

Durante una Revista Naval, el 3 de agosto de 1963, reaparece el yate Granma, cumpliendo con sus funciones de Buque Insignia de la MGR en Cabañas, provincia de Pinar del Río. Luego de concluidas las actividades el yate es trasladado hacia el muelle del Parque Almendares donde permaneció convertido en museo, siendo visitado en varias ocasiones por Fidel.

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Yate Granma en el parque Almendares, de La Habana

Perfecto Romero, el fotógrafo del semanario humorístico Palante y Premio Nacional de Periodismo José Martí, quien retrató el yate en el muelle habanero, aseguró que “mientras la embarcación estuvo allí no parecía tan deteriorada”.

Al respecto, la Máster en Ciencias Políticas Martha Verónica Álvarez Mola, historiadora de la Oficina de Asuntos Históricos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, apunta que “el yate no fue restaurado en los primeros años de la Revolución porque estábamos en el fragor del triunfo, quizás por eso se destruyó aún más”.

Una nueva Revista Naval realizada el 3 de agosto de 1972 fue la última actividad oficial del Yate Granma como Buque Insignia de la MGR, esta vez presidida por el entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), General de Ejército Raúl Castro Ruz.

En 1973 se concibió la idea de convertir al yate en un bien patrimonial, por ello se decide comenzar la construcción de un Memorial para preservar el barco. De ahí que el 2 de enero de 1974, en las celebraciones por el XV aniversario del Triunfo de la Revolución, se pusiera en marcha la operación denominada Última travesía del yate Granma.

El día acordado, luego del gran desfile militar que tuvo lugar en la Plaza de la Revolución José Martí, las principales figuras del gobierno y el grupo de expedicionarios sobrevivientes llegaron al muelle del Parque Almendares donde, luego de un pase de lista simbólico a los compañeros caídos heroicamente, comenzó la travesía.

A través de todo el malecón habanero se desplazó el yate con la comitiva a bordo, ante una multitud que se agolpaba para ver lo que acontecía. En la boca de la bahía, como es tradición de nuestro país, el buque fue saludado con 21 salvas de artillería desde la Fortaleza de la Cabaña, además de un grupo de aviones en formación.

El barco navegó hasta el muelle de los astilleros de Casablanca donde fue realizada la ceremonia de entrega del yate a la institución que acometería su reparación. Ante un pelotón de soldados que presentaban armas, Fidel hizo entrega simbólica del buque.

El yate Granma entrando en la Bahía de La Habana, en él Fidel, junto a Raúl y otros expedicionarios en 1974 (Foto: Granma).

Con apoyo soviético se elaboró un plan de restauración con una duración de 40 días, pero el deterioro de la embarcación, unido al complejo trabajo con las ocho maderas preciosas necesarias y la espera de las piezas replicadas, desde otros países, extendió la obra por 180 días, puntualizó Gálvez en su texto.

Finalmente, el 14 de noviembre de 1976 es introducido en el Memorial Granma, Museo de la Revolución, en el capitalino municipio Habana Vieja, sitio donde se conserva hasta nuestros días. A lo largo del trayecto desde los astilleros de Casablanca hasta el Memorial el buque fue custodiado por una escolta integrada por oficiales de la Marina y una guardia de honor compuesta por unidades de ceremonia de las tropas terrestres. Paradójicamente el barco hizo su último recorrido por tierra.

En su discurso el comandante afirmó:

“… no podemos decir que el Granma ha llegado hoy a su último puerto. Hay un Granma en el corazón de cada cubano revolucionario y ese Granma continuará su marcha hacia el porvenir. Como a este, no le harán retroceder ni las tormentas ni el mal tiempo…”.

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El expedicionario Carlos Bermúdez Rodríguez asegura que después del desembarco no supieron el destino del yate. “La embarcación la volví a ver en el río Almendrares. Observar el yate en el Memorial es recordar mi lugar durante la travesía, en la puerta de entrada al puesto de mando, pero también siento tristeza, pues muchos compañeros no llegaron a verlo nuevamente

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