Almagro, como plaga de langostas


Por Allen Pérez

Luis Leonardo Almagro Lemes –conocido en el bajo mundo simplemente como Luis Almagro– nació hace más o menos 56 años atrás, en Paysandú, al oeste de la geografía uruguaya, ciudad importante del interior del país. De seguro que cuando nació la tierra se oscureció, las vacas se desmayaron seis días antes y el cielo se extravió imbuido entre truenos y torrenciales crecidas.

Asunto pequeño no fue. Nacía él un 1 de junio –en una fea y fangosa noche– como un impresentable no solamente para la República Oriental del Uruguay, sino también para América Latina y el Caribe. Llegará a su tumba –aunque en el camino se arrepienta– con su destino de sanducero traidor: imborrable, imperecedero.

Fíjese usted, estimado lector, que hay traidores que clavan su daga en el último momento, después de haber recibido grandes favores y honores de quienes fueron sus protectores y compañeros de ruta; el enmascarado Luis Almagro es uno de ellos, Bruto y Casio a la vez, serpiente gelatinosa y turbia, elemento de execrable deformidad moral.

Su maldición la llevaba muy a escondidas –en la mugredad de su caverna– tanto que así burló durante muchos años al Frente Amplio, a Tabaré Vásquez y a Pepe Mujica, sobre todo a este último. Fue asesor de Mujica cuando éste fue Ministro de Agricultura y cuando el mismo Pepe llegó a la presidencia en 2010 fue convertido por el izquierdismo en canciller, dejando su cargo de embajador en China (2007–2010). Luego, en el 2014, terminó siendo elegido senador de la República.

Un año después, y de la mano de su anciano mentor, fue electo Secretario General de la OEA, desde donde consuma su sonada traición y desde donde irá revelando su psicopatía política y manías de Nerón. Por ello, la reelección a la que ahora aspira este hampón es una grave amenaza para el bienestar de nuestros pueblos.

He tratado de introducir a este personaje con alguna pompa cierta, pues es él merecedor de ella, dadas sus olímpicas traiciones y porque es un sujeto muy ruin que tiene precio en muchos dólares.

Hace poco tiempo, Almagro recibió en Washington al líder racista, separatista y golpista de la oligarquía cruceña boliviana. Dijo Almagro en su cuenta de Twitter: “Me reuní con Luis Fernando Camacho, a quien le reconocemos su compromiso con la democracia boliviana. Dialogamos sobre el proceso de transición y próximas elecciones”. Luego Camacho le corresponde expresándole su agradecimiento “por su objetividad e imparcialidad”.

Pero coreografía más repugnante y vomitiva no puede haber. Ahora Almagro se pone del lado de un camorrero, un camisa negra, e interviene ya para influenciar con pasos tenebrosos el resultado en unas posibles elecciones. Es él una plaga de langostas. El descaro es total y la podredumbre demasiado fétida.

La reunión se realizó poco tiempo después de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sacara a la luz un informe preliminar que dice, entre muchas otras cosas, lo siguiente: que se rechaza “de manera enfática las masacres de Sacaba y de Senkata (donde murieron casi una veintena de manifestantes, probablemente afines al expresidente Evo Morales), en las que se habría incurrido en graves violaciones de los derechos humanos”. (…) “Además, los patrones de las lesiones que se han registrado ofrecen serios indicios de prácticas de ejecución extrajudicial”.

No es todo. Mientras toda esta barbaridad ocurría, el Benito Mussolini de la usurpadora de Añez, el gánster ministro del interior, Arturo Murillo, amenazaba con su sicariato al pueblo: “no podrá haber elecciones” en el Chapare, en el Trópico de Cochabamba, al centro del país, si se mantiene vetada esa región a la entrada de la Policía. (…) “La Policía debe ingresar al Chapare porque el Estado de derecho debe estar en todos los rincones de nuestra patria, no se puede permitir que exista una republiqueta dentro de nuestro territorio, la policía sindical no es ni legal, ni constitucional”.

El pueblo de Bolivia tiene todo el derecho de defenderse de tanto abuso y violación a los derechos humanos. Y lo que hacen Almagro, Camacho, Murillo y la despreciable Añez, es atizar el fuego para desmantelar al Estado Plurinacional.

Seamos francos. Hoy la OEA está siendo gobernada políticamente por un megalómano y pirómano que se llama Luis Almagro, un agente pagado por esa misma institución, que Trump financia en su mayoría. No es retórica, es una realidad: Almagro es el embajador verdadero de Trump ante la OEA.

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