Abelardo Moreno: Cuando Cuba compromete una posición, la cumple


Por Dianet Doimeadios, Ana Álvarez

Abelardo Moreno Fernández escribe sus memorias. Llegó a la diplomacia hace más tiempo del que quiere rememorar y recuerda que tiene “unos cuantos años ya”. Siembra el enigma y, sin vacilar, impone la duración de la entrevista: “Solo 10 minutos”. Luego se olvida del reloj.

Prefiere no contar detalles de su vida personal o “anécdotas reveladoras”, advierte. Comienza a hablar el elegante veterano y en el Salón Azul de la Cancillería cubana prevalecen la fuerza de su voz y la autoridad de su memoria.

Este hombre inmenso, de manos largas y discurso preciso, es una figura de la diplomacia revolucionaria. Durante 19 años fue viceministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba.

“La creación del Minrex transformó la política exterior cubana en 180 grados en un plazo muy breve –afirma–. No solo institucionalizó los cambios fundamentales que en materia de relaciones exteriores hacía la Revolución, sino que rompió totalmente con la diplomacia de la república neocolonial. Enterró el Ministerio de Estado”.

¿Ministerio de Estado? Ese nombre me recuerda otro. ¿Casualidad o copia fiel del original?

–Antes del primero de enero de 1959 solo existían relaciones exteriores dependientes, calco más o menos disimulado de la política exterior de los Estados Unidos. El Ministerio de Estado no llevaba por casualidad el apellido de su casa matriz en Washington, hacía una simbiosis entre la república mediatizada y los intereses estadounidenses en la Isla. Cuba no era un país independiente ni soberano.

“Roa asumió la jefatura de la Cancillería cubana en junio de 1959. Al asumir el cargo, propuso que el ministerio cambiara de nombre. El 23 de diciembre de 1959, por decisión del Gobierno revolucionario, nació el Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex). Desde entonces, hace 60 años, celebramos la fecha fundacional.

“Pero no bastaba con cambiar el nombre. Roa sentó las bases para la transformación del antiguo Ministerio de Estado en un organismo revolucionario, antiimperialista, invencible. Al frente de la diplomacia cubana estaría un hombre brillante, un polemista temible, un tipo muy simpático y ocurrente. La riqueza de su vocabulario lo convertía en el terror de los intérpretes en Naciones Unidas, eso lo viví muchas veces. Su español era tan rico que empleaba términos que nadie conocía. Era un mal habla’o, pero con la mesura y la medida de su tremenda dignidad”.

Entonces, ¿ese fue el inicio de la diplomacia revolucionaria?

–No podemos equivocarnos, porque la política exterior revolucionaria ya había nacido. Primero, antes del triunfo de 1959, Fidel había dejado claro que la política exterior cubana se basaría en los principios de soberanía, independencia, integridad territorial y no injerencia en los asuntos internos, todo lo que no había existido después de la Enmienda Platt.

“Roa decía que Fidel es ‘el hombre que oye la hierba crecer’. Y así lo hizo en enero de 1959, durante su primer viaje oficial al exterior, en Caracas, donde dijo:

‘Estos pueblos de América saben que su fuerza interna está en la unión y que su fuerza continental está también en la unión (…) Si la unidad dentro de las naciones es fructífera y es la que permite a los pueblos defender su derecho, ¿por qué no ha de ser más fructífera todavía la unidad de naciones que tenemos los mismos sentimientos, los mismos intereses, la misma raza, el mismo idioma, la misma sensibilidad y la misma aspiración humana?’”.

El diplomático y la integración

Abelardo Moreno Fernández. Foto: Cubaminrex/Cubadebate.

La carrera diplomática de Abelardo Moreno cumplió recientemente 58 años, más de medio siglo de vida sin doblegar la frente. Luchando como un héroe de tiempos lejanos, ha acumulado un montón de recuerdos que son su autorretrato moral.

El especialista de país, el embajador extraordinario y plenipotenciario, el representante ante la Organización de Naciones Unidas, el negociador nato, el vicecanciller cubano que más tiempo ha permanecido en el cargo y el asesor del ministro de Relaciones Exteriores habla con felicidad de sus experiencias, “a pesar de los temporales”.

¿Cuándo llegó al Ministerio de Relaciones Exteriores?

–Hace más tiempo del que me quiero acordar. Empecé a trabajar en el ministerio en julio de 1961, con 16 años. Coincidió con la visita de Yuri Gagarin a Cuba; mi primera tarea fue atenderlo en la dirección de Protocolo. A partir de ahí continué en varias áreas políticas, hasta el día de hoy.

¿Qué distingue al protocolo cubano, que tiene tanto prestigio?

–Es el protocolo del ministerio y del Estado. Tiene mucho prestigio por su elevadísima profesionalidad. Nuestro protocolo es muy serio y sólido, con normas muy estrictas. Después de haber visto muchos protocolos del mundo, me atrevo a decirte que uno de los mejores es el de los cubanos.

¿Cuándo comenzó a descubrir la política multilateral?

–Estuve un breve lapso en la Dirección de Europa, luego pasé a la de Asuntos Multilaterales, que en aquella época se llamaba Dirección de Organismos Internacionales. Ahí empecé a atender organizaciones políticas, asuntos económicos, militares… Por ejemplo, durante un periodo atendí todo lo relacionado con la Organización del Tratado del Atlántico Norte y con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, que empezaba sus funciones en ese momento.

“Al cabo de varios años comencé a especializarme en los temas relacionados con las Naciones Unidas, sobre todo con la problemática económica. En la década del ochenta modifiqué un poco el perfil y pasé a atender los asuntos políticos de la ONU y los organismos especializados que forman parte de su sistema, así como las agrupaciones de Estados: el Grupo de los 77, el Movimiento de Países No Alineados… Hasta hoy sigo muy vinculado con todo lo que tiene que ver con la política multilateral, como asesor del ministro”.

Usted ha mencionado el Movimiento de Países No Alineados. ¿Por qué el MNOAL es inherente a su historia de vida?

–Me atrevería a decirte que hay dos actividades, entre las tantas que he tenido que atender, que están en mi corazón. Una de ellas es el Movimiento de Países No Alineados. Empecé a trabajar en ese marco en 1973, en la cuarta cumbre, con sede en Argelia. Después seguí participando en prácticamente todas las cumbres y reuniones ministeriales del MNOAL, en algunos casos como representante de Cuba, primero en las comisiones económicas y después en las políticas.

“Más tarde, y en múltiples ocasiones, como presidente de la Comisión Política. A partir de la Cumbre de Isla Margarita (2016) fui facilitador, sin tener un cargo oficial, solo para contribuir en las negociaciones, para que se llegue a acuerdos que sean aceptables para todos. La CELAC es la otra joya que tanto aprecio”.

Cuba siempre presidió el MNOAL en circunstancias especiales…

–Nosotros presidimos el Movimiento en dos ocasiones. La primera vez fue en 1979, en su pleno florecimiento. Cuba presidió durante tres años y medio. Ese medio año adicional fue porque la cumbre siguiente, prevista a efectuarse en Irak, no pudo celebrarse por el estallido de la guerra Irán-Irak.

“Durante esa presidencia (1979-1983) hay que destacar el papel de Fidel. Con su brillantez resolvió problemas que parecían no tener solución; por ejemplo, el conflicto de Kampuchea, hoy Camboya. Fidel magistralmente tomó en sus manos las actividades centrales del Movimiento.

“Ahora estoy escribiendo la historia del Movimiento de Países No Alineados y en la investigación he logrado acceder a muchas de las cartas que el Comandante envió a otros jefes de Estado y de Gobierno. No había un aspecto importante del MNOAL del cual él no estuviera al tanto, desde los problemas de los palestinos o del África meridional hasta la situación de América Latina y el Caribe. Opinaba qué había que hacer, cómo el Movimiento tenía que actuar, cómo debía preservar su naturaleza antiimperialista, anticolonialista, antineocolonial.

“Muchos artículos de prensa elogiaron la presidencia cubana. Recuerdo uno de una agencia occidental que decía: ‘Fidel Castro ha demostrado que es el líder indiscutible del Movimiento de Países No Alineados’. Es importante señalar que aquel cable era de una agencia que permanentemente estaba tratando de atacar a la presidencia cubana”.

¿Y en la segunda ocasión?

–Entonces, las circunstancias eran distintas. Fue un periodo después de la desaparición de la Unión Soviética y del campo socialista europeo, cuando se apostaba a que el Movimiento desapareciera, con el pretexto de que su cometido había sido cumplido, que ya no tenía nada que hacer en un mundo que no era bipolar.

“Nosotros tuvimos la necesidad de trabajar para revitalizar a una organización que, durante 40 años, había desempeñado un papel protagónico en la vida internacional. Fue compleja la Cumbre de Kuala Lumpur, hubo temas sumamente difíciles como, por ejemplo, la descolonización en pleno siglo XXI, la independencia del Sahara Occidental.

“Pero logramos dos cosas. Primero, en Malasia en el año 2006, se aprobó un documento que, lamentablemente, no ha recibido toda la importancia que tiene, la ‘Declaración de propósitos y principios del MNOAL en la coyuntura internacional actual’, donde se actualizaban y renovaban los principios de trabajo del Movimiento sobre las bases de los ya definidos en la cumbre afroasiática de Bandung, en 1955. Era un mundo radicalmente diferente y había que rediseñar esos principios para preservar el carácter antiimperialista.

“El otro elemento importante es que, al menos durante el periodo de la presidencia cubana, quizás un poco después, logramos revitalizar el MNOAL. Esto significa lograr que adoptara posiciones comunes en una serie de temas de importancia capital para los países del sur del planeta, en el marco de las Naciones Unidas.

“Ese organismo se ha convertido en el foco esencial de la actuación de los No Alineados; ahí reside su órgano director, el buró de coordinación. O sea, que ese segundo objetivo también se cumplió”.

Ante posiciones diversas, hay que negociar

Abelardo Moreno Fernández tiene 75 años y es asesor del ministro de Relaciones Exteriores de Cuba. Foto: Cubaminrex/Cubadebate.

¿Cómo logra un Estado que ocupa la presidencia de una organización tan heterogénea como el MNOAL mediar y facilitar posiciones comunes sin que se le acuse de usar esa posición en favor de sus intereses?

–Hay que negociar. Para ello, existen técnicas, maneras de proceder, formas de intentar llegar a una postura común, tanto en el marco de los No Alineados como en otros escenarios. Ante posiciones diversas, en muchos casos contradictorias, siempre se requiere de procesos de negociación que son un arte y una ciencia.

¿Cómo definiría el arte y la ciencia de la negociación?

–La ciencia radica en tratar de encontrar formulaciones que permitan que esos puntos comunes sean los que predominen y no las áreas de interferencia. En una negociación, todos están teóricamente  contentos, pero es mentira, nadie lo está, porque nadie alcanzó todo lo que aspiraba alcanzar. Esa es la ciencia de la negociación: aunque la gente no alcance todo a lo que aspiraba, por lo menos que logre aquello que le permita defender sus concepciones de política exterior, y que ambas partes puedan sentirse teóricamente satisfechas.

“¿Dónde está el arte de la negociación en el MNOAL y en otros ámbitos? En tener un millón de amigos, como dice la canción. Las relaciones multilaterales se basan en las relaciones que logres establecer. Todos los buenos multilateralistas tienen muchísimas relaciones a lo largo y ancho del planeta, porque es vital el empleo de ese recurso para arribar a una conclusión positiva en una negociación. No es lo mismo que estés negociando con alguien que no es tu amigo, a que lo hagas con quien sí lo es. Ahí están la ciencia y el arte en un proceso de negociación. Eso es capital.

“Esto no quiere decir que un negociador no tenga que mantener posiciones duras; sí las tiene que tener, pero con todo el respeto que merece el adversario. El que pierde la ‘chaveta’, pierde la negociación. En ese proceso puedes perder la cabeza, pero deliberadamente, solo en el momento preciso, cuando a ti te convenga ponerte bravo.

“Recuerdo cuando varios países, que por razones éticas no voy a mencionar, trataron de obstaculizar a toda costa la presidencia de Cuba en el MNOAL. Tres años después, esos mismos países tuvieron que declarar públicamente, en una reunión del Movimiento, que agradecían a Cuba su comportamiento ético, la forma en que lo había presidido, su interés por que la organización avanzara y fuera hacia adelante”.

¿Algún momento de apuros que recuerde?

–El momento más difícil para mí fue quizás la cumbre que se efectuó en Isla Margarita, República Bolivariana de Venezuela, en 2016. Se me pidió que fuera el facilitador. Entonces, tenía que propiciar que las opiniones diversas y contradictorias llegaran a no serlo. Te confieso que la pasé negra, pero el país salió beneficiado, porque se lograron formulaciones que respondían a los intereses de Cuba y, por supuesto, a los del país anfitrión.

Una diplomacia que sí puede decir

Fidel en el XXXIV Periodo de Sesiones de la Asamblea General de ONU, pronunció su discurso como presidente de los Países No Alineados, 12 de octubre de 1979. Foto: Joaquín Viñas/ PL.

Uno de los misterios más grandes de la política exterior cubana es su fortaleza en el área multilateral. ¿Cómo llegó Cuba a convertirse en una potencia en este ámbito?

–Cuba es una potencia en el ámbito multilateral. Eso se ha logrado a lo largo de los años. Primero, porque había un Fidel Castro, un maestro para todos nosotros en la negociación, hacedor de la política exterior de la Revolución cubana. Tuve la fortuna de estar varias veces en Naciones Unidas con el Comandante en Jefe y recuerdo cuando fue a presentar los resultados de la VI Cumbre del MNOAL, en 1979. Nunca antes, ni después, la sala del plenario de la Asamblea General estuvo tan llena. Había gente, incluido quien les habla, que lo escuchaba sentada en el piso. Eso demuestra la atención que el mundo le prestaba a Fidel.

“El segundo elemento, que considero muy importante, es el trabajo constante. Trabajar y esforzarte, ser responsable, estudiar… Creo que todos aquellos que tienen la intención de ser multilateralistas tienen que saber que una tarea esencial para ellos es estudiar, porque el mundo multilateral se basa en los precedentes, en lo que pasó hace 10, 15 o 25 años. Un buen multilateralista, como un buen negociador, tiene que conocer los precedentes.

“Nunca se me olvidará una frase del Canciller de la Dignidad, que decía: ‘Este trabajo es para gente de nalgas quietas’. En ese criollismo de Roa está toda la verdad. Esta área es para gente capaz de sentarse a aprender. Los multilateralistas cubanos no han parado de trabajar y estudiar.

“Hay un tercer elemento que no podemos dejar de lado, la ética permanente. Cuando te comprometes con una posición, la cumples. Esa es una divisa de la política exterior cubana. Estoy aburrido de ver a negociadores multilaterales de otros países que se comprometen a hacer algo y después cambian de parecer o, por lo menos, te quieren hacer ver a ti que están cumpliendo su compromiso pero están haciendo todo lo contrario. Eso no lo hace la diplomacia multilateral cubana. La gente confía en que siempre va a existir un comportamiento ético en el trabajo de los multilateralistas.

“Siempre digo que siento mucho orgullo de ser un diplomático cubano por muchos motivos, pero uno de ellos es porque nosotros decimos lo que podemos decir. En otras palabras, hay diplomáticos que cuando se oponen a tus posiciones vienen a decirte: ‘Estoy de acuerdo contigo, pero el problema es que no lo puedo decir, porque mi Gobierno no me lo permite’. En el caso nuestro es distinto, nosotros defendemos la política exterior de la Revolución cubana. No decimos nada que no esté dentro de las concepciones, principios y normas de nuestra política.

“Cada vez que alguien se me acerca, tímidamente, para decirme algo así, me indigno y al mismo tiempo me enorgullezco de pertenecer a una diplomacia que sí puede decir”.

Lamentablemente, por ese doble rasero, hay quien cree que hipocresía y diplomacia son sinónimos. En la Comisión de Derechos Humanos, un escenario que Cuba le arrebató al mal, ¿cuántas veces vio las presiones y los chantajes sobre y bajo la mesa?

–Los primeros intentos de condenar a Cuba en el contexto de la Comisión de Derechos Humanos (CDH) se dieron en 1987, directamente por parte de los Estados Unidos. No tuvieron éxito porque hubo un grupo de países, de los No Alineados, que no lo permitió. El primero que presentó una moción de no acción para no considerar la propuesta de EE.UU. contra Cuba fue la India, que había presidido el MNOAL inmediatamente después de nosotros.

“Aquella fue una batalla que duró 20 años, hasta que despareció la Comisión de Derechos Humanos y se creó el Consejo de Derechos Humanos. Durante un tiempo prudencial, ese fue uno de los caballitos de batalla de los Gobiernos estadounidenses contra Cuba, básicamente utilizando a sus marionetas. Hubo ocasiones en las que los países latinoamericanos presentaron proyectos de resolución contra Cuba.

“Lo que más recuerdo son las presiones y chantajes de Estados Unidos. Cuando hacíamos el trabajo de Cancillería para enfrentar las resoluciones contra Cuba presentadas en la CDH, a veces teníamos ganada nuestra posición 24 horas antes, y en una noche los yanquis, por las vías de la presión y el chantaje, de amenazar a un Gobierno diciéndole ‘no te vamos a dar crédito’, ‘no vamos a permitir que el Fondo Monetario te dé crédito’, le hacían cambiar su voto. Eso lo vimos muchas veces. Ahí se demuestra que si no fuera por el chantaje y la presión de Washington, en la mayor parte de los casos esos procesos no hubieran progresado.

“Eso desapareció, lo que no quiere decir que los yanquis no sigan utilizando el tema de los derechos humanos de manera politizada y discriminatoria contra Cuba. Lo que pasa es que el mundo ha cambiado también, ya no es tan fácil que en el Consejo exista una condena a Cuba, ni en materia de derechos humanos o alguna otra cosa.

“Un ejemplo de eso es lo que pasó el año pasado, cuando Estados Unidos trató de enmendar la resolución sobre el bloqueo y presentó ocho párrafos completos para introducir en el documento aspectos vinculados a los derechos humanos. ¿Qué pasó? Tuvieron dos o tres votos a favor y fueron derrotados en toda línea.

“Este año no lo hicieron, parecería que están aprendiendo determinadas lecciones. Eso demuestra que, en el mundo de hoy, no es tan fácil una condena a Cuba en materia de derechos humanos. No digo que no lo intenten en un momento dado; lo pueden hacer en el marco de su arrogancia y su  prepotencia, pero no es fácil”.

Esa fue una batalla de 20 años… Y la del bloqueo, ¿cuánto durará?

–Pelearemos y nos defenderemos con todas las armas mientras exista el bloqueo. En el ámbito multilateral empezó en 1991, cuando presentamos por primera vez nuestro proyecto de resolución, que dura hasta hoy. En aquella oportunidad no lo llevamos a votación. La exploración nos reveló que los yanquis tenían la fuerza suficiente para impedir que se aprobara.

“Curiosamente, ellos mismos nos ayudaron después, porque aprobaron la Ley Torricelli, la primera gran muestra de extraterritorialidad. Esa ley propició que un grupo importante de países vieran con ojos diferentes la resolución cubana, aquella que no habíamos querido someter a votación, pero que habíamos dejado dentro del marco de trabajo de Naciones Unidas.

“Si se analiza cómo han sido las votaciones desde 1992 –la primera vez que se votó– hasta hace pocas semanas en Naciones Unidas, se aprecia cómo se ha ido modificando paulatinamente el número de votos a favor, que se ha ido incrementando. Durante varios años tuvimos lo que nosotros llamamos un juego perfecto: Estados Unidos e Israel votando en contra, solitos. El último año de Obama fueron Estados Unidos e Israel absteniéndose.

“En los últimos tiempos, un par de países más no han asumido un voto favorable con respecto a nuestra resolución, pero todo esto demuestra que EE.UU. está aislado en sus políticas hacia Cuba. El voto por la resolución cubana me parece la demostración más clara y fehaciente. Ahí también se demuestra el éxito de nuestra política multilateral”.

Resistencia y unidad

Raúl Castro: Declaro a América Latina y el Caribe zona de paz, 29 de enero de 2014,  II Cumbre de la CELAC, La Habana, Cuba. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Hablemos de la CELAC, ese mecanismo de integración que tanto le ha motivado defender y que ha confesado guardar en su corazoncito. ¿Por qué es tan importante la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz?

–La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños es uno de los proyectos más interesantes que Fidel tuvo en mente durante muchos años, su génesis está en los próceres de América Latina y el Caribe. Fidel tenía total claridad: unirnos es la única forma de enfrentar con éxito la agresividad de EE.UU. hacia los países de la región, la única vía para dejar de ser su patio trasero.

“La CELAC surgió a partir de la necesidad de fomentar la unidad latinoamericana, y como consecuencia de una correlación de fuerzas favorable a países con Gobiernos de izquierda, nacionalistas, populares. Así empezó a funcionar. Cuba tuvo el privilegio de ser sede de la segunda cumbre, los días 28 y 29 de enero de 2014, que marcaba el fin de nuestro periodo en la presidencia, que ejercimos durante un año.

“Nos parecía que el principal legado de la presidencia cubana, y de la cumbre efectuada en La Habana, tenía que ser algo que promoviera la paz, la independencia y la soberanía de los países de Latinoamérica. Ahí surgió la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, que habíamos empezado a lanzar desde la primera cumbre en Santiago de Chile, en 2013, pero que concretamos en la segunda.

“Es un documento de tal importancia, que el Comandante en Jefe dijo que era el documento institucional más importante que se había elaborado en América Latina y el Caribe durante 150 años. En primer lugar, consolida el derecho de cada Estado de tener el sistema político, económico y social que considere su pueblo. Va en contra del uso de la fuerza, de la coacción, contra los países del área. Es un documento donde se promueve el ir unidos en busca de un camino común, donde se advierte a todos los países fuera de América Latina y el Caribe que respeten esa propuesta; cosa que, por cierto, Estados Unidos no está haciendo, y nunca hizo.

“Para mí, la experiencia como coordinador nacional de la CELAC, como diplomático cubano, fue muy bonita, aleccionadora y gratificante. A pesar de mis años y mi kilometraje, aprendí muchísimo. Cuba desempeñó un papel muy importante en llevar este organismo hacia adelante, hasta las circunstancias de los años recientes, en que no ha podido efectuarse una cumbre. Ya México ha anunciado que asumirá la presidencia en 2020. Cómo va a ser ese tránsito, no lo sé”.

¿De dónde sacó la resistencia para ser vicecanciller de Cuba durante 19 años?

–El compañero Raúl me preguntó una vez, no hace tanto tiempo: ‘¿Cuándo te vas a jubilar?’. Yo le respondí: ‘Cuando usted se jubile’. Precisamente, porque mi resistencia salió de ahí. Cómo no voy a tener resistencia para ser vicecanciller de este país durante 19 años, cuando hay otros que han dedicado su vida entera a luchar por la Revolución, a hacer la Revolución, a defender la patria.

“Además, siempre me sentí muy motivado con el trabajo que desempeñaba, las negociaciones en las que participaba. Por ejemplo, mi última gran negociación fue para la aprobación del Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación entre Cuba y la Unión Europea. Eso fue gratificante, porque la relación actual entre Cuba y la UE pasa por ese acuerdo. Saber que uno tuvo que ver aunque fuera un poquito para que el acuerdo se aprobara, le llena el corazón.

“Y estuve rodeado de excelentes compañeros, tanto jefes como colegas y subordinados, con quienes tuve excelentes relaciones. El apoyo de todos ellos me ayudó a resistir tanto tiempo”.

La diferencia entre oír y escuchar

Raúl Castro Ruz hace entrega de la Medalla Conmemorativa Aniversario 50 del Ministerio de Relaciones Exteriores, al entonces vicecanciller Abelardo Moreno, el 23 de diciembre de 2009. Foto: Omara García Mederos/AIN.

Habló de Raúl. ¿Cómo es trabajar con él?

–El compañero Raúl es una persona que sabe escuchar. Te hace una pregunta, le respondes, y no solo te está oyendo, sino que te escucha, está procesando lo que dices. Tuve la oportunidad de trabajar con él muchas veces, en cumbres de los países No Alineados, en reuniones en América Latina y fuera de ella.

“Con el General de Ejército se puede discutir muy abiertamente, es de una afabilidad y amabilidad para mí asombrosas. Te confieso que mi experiencia con todos los dirigentes de este país con los que he tenido el privilegio de trabajar, ha sido muy buena”.

¿Y la familia no le reprocha las horas de ausencia durante 58 años de entrega a la diplomacia revolucionaria?

–Mi esposa es muy comprensiva. Tenemos una familia muy chiquita. Somos ella y yo. Es una persona no solo muy comprensiva, sino que también estudió en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García. Sabe cómo es este trabajo y también es muy inteligente. Y lo digo para que me oiga. El intercambio con ella, en todos los sentidos, fue sumamente importante. O sea, la familia bien, sin problema, siempre ayudando”.

¿Qué mensaje le trasmitiría a la nueva generación de diplomáticos?

–Mi primer mensaje es que no se crean cosas, que nunca menosprecien un consejo o una idea. Las etapas se viven, se aprovechan, no son para saltarlas. Hay que aprender, trabajar y estudiar; tener ‘nalgas quietas’, como decía el viejo Roa. Bajo ningún concepto deben ser arrogantes ni prepotentes. Trabajar en el Minrex es una responsabilidad, no un privilegio. El hecho de estar graduados de un excelente instituto les da un bagaje primario, pero no los hace diplomáticos.

“En el trabajo diario del ministerio tienen que ser capaces de convivir varias generaciones, como hoy. Los más jóvenes, que aprendan de nuestra experiencia mientras nosotros nos nutrimos de la energía de ellos.

“Les sugiero que no se confíen exclusivamente de sus experiencias en la medida en que vayan avanzando, participando en actividades, sean parte de misiones de Cuba en el exterior, porque la experiencia mal comprendida puede llevar al exceso de confianza, y eso, en este trabajo, es sumamente peligroso. Deben saber escuchar. En el libro de negociación que estoy haciendo, dedico unos cuantos párrafos a demostrar la diferencia entre oír y escuchar. Escuchar es entender, procesar, llegar a conclusiones”.

¿Qué es lo más importante que ha hecho el Minrex como institución en estos 60 años?

–La primera palabra que me viene a la mente es Fidel, porque fue y es el creador de la diplomacia revolucionaria. Lo más importante que ha hecho el ministerio durante 60 años lo voy a resumir en muy pocas palabras: ser incondicionalmente fiel a las ideas de Fidel y a la Revolución. Todo lo demás se deriva de ahí.

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