Un “mensaje a los pueblos del mundo” desde el 2020


Por Giselle Armas

Cuando el reloj marca las doce de la madrugada del 1ro de enero del nuevo año abrazamos a familiares y amigos y les deseamos que todos los proyectos individuales y colectivos se cumplan, pero sobre todo les deseamos salud y paz; condiciones necesarias para la existencia humana. Así como deseamos paz y armonía a nuestros seres queridos, deseamos lo mismo para el mundo entero.

¿Entonces qué significa la paz? En su nombre se han realizados los sueños más hermosos, pero al mismo tiempo ha servido como excusa para dominar y devastar pueblos enteros. Es por eso, que debemos reflexionar qué tipo de paz deseamos y qué intereses defiende, los del gran capital o de los desposeídos; al fin de cuenta estamos hablando de la vida.

Existen dos caminos posibles: tolerar la dominación, la indolencia, la apatía por mantener la “armonía” social o por el contrario, romper de raíz con aquello que nos domina e inmoviliza y luchar por una paz con justicia social.

¿Pero cómo lograr esa paz con justicia social para los pueblos del Tercer Mundo en un contexto de ofensiva neoliberal? ¿Cómo podemos ensanchar el corredor anticapitalista a nivel mundial? Estos y otros cuestionamientos no son nuevos en la historia por la liberación de los pueblos, sino que ahora se nos presenta en otro contexto y con otras características.

Por eso debemos extraer de la memoria histórica de nuestros pueblos las herramientas de luchas exitosas para enfrentar esos problemas. Uno de los documentos que ayuda a clarificar no solo el cómo sino la estrategia política es el Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental que realiza el Ernesto Che Guevara el 16 de abril de 1967.

El mensaje elaborado por el Che tenía un objetivo claro: alertar en la necesidad de aglutinar a las fuerzas socialistas de los continentes de Asia, África y América Latina en la lucha contra el imperialismo como sistema mundial que impide la emancipación humana.

Ernesto Che Guevara llama a que la unidad revolucionaria del campo popular (que es hoy una cualidad por construir incluso dentro de las propias organizaciones) en torno al horizonte estratégico debe anteponerse ante las discrepancias y diversas tácticas de luchas.

Algo queda claro para él: la política de coexistencia pacífica en un sistema mundial capitalista es obsoleta. Al sistema de dominación múltiple es necesario no solo enfrentarlo ideológica, económica y culturalmente, sino política y militarmente. Por ello en el mensaje redefine la categoría de paz que la modernidad impuso y la lleva a las últimas consecuencias, la revolución mundial.

¿Y será la emancipación de los pueblos una utopía de décadas pasadas o es aún una aspiración? Podríamos preguntarle al pueblo palestino, al pueblo venezolano, al brasileño, al chileno, al colombiano y por supuesto, al cubano y nuestra respuesta sería que no es una quimera, sino es la resistencia cotidiana y heroica que llevamos los pueblos y sectores que elegimos la vida ante la muerte.

Los caminos y tácticas para conquistar esa utopía en el contexto que fue producido la Conferencia fue la lucha guerrillera, incómodo para la misma izquierda de la época, pero que se convirtió en el único medio posible que el sistema capitalista y colonial dejó a los pueblos.

Este es nuevo momento histórico, los métodos son diferentes porque el imperialismo ha cambiado su forma y está en todas las esferas de la producción de la vida, pero no debemos olvidar que estamos librando en distintos sectores una guerra sin cuartel.

La modernidad y el capitalismo están demostrando sus límites y la “paz” que ofrece el sistema parece ser muy frágil. De ahí que pongan todos sus recursos materiales y espirituales en destruir las alternativas que revindican el socialismo porque como dice el Che ponemos en “jaque todo el sistema imperialista”.

A diferencia del contexto latinoamericano y mundial la batalla en Cuba no está caracterizada por la violencia, pero no por ello quiere decir que sea menos mortal. Puede serlo si no la consideramos como estratégica. La principal contienda que libramos en la esfera cultural en donde hay una disputa entre sentidos, valores y prácticas socialistas y capitalistas.

Es por lo tanto imperioso que la cultura y su dimensión fundamental, la humana, se vuelva centro de nuestra praxis para seguir apostando a la vida. La cultura está llamada a ser entonces el espacio de resistencia fundamental para mantener el proyecto revolucionario cubano.

A 53 años el Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental continúa problematizando el presente y alertándonos que hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo.

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