En Cuba nadie quedará desprotegido


personas
Ómnibus pertenecientes a los gobiernos locales recorren cada territorio del país en la búsqueda de personas con esta vulnerabilidad social para llevarlos a instituciones donde reciben ayuda. Foto: Roberto Suárez

Por Alejandra García Elizalde

En Reina, la avenida que conecta los municipios de Centro Habana y La Habana Vieja, en la capital, las personas van y vienen con la naturalidad de siempre por esta calle de columnas y portones. La parada de guaguas se descongestiona unos segundos, con la llegada de un nuevo ómnibus, y luego vuelve a colmarse. Acostado entre harapos y cartones, está él. Inamovible.

Nadie sabe si duerme, o si respira. Nadie se le acerca, ni le pregunta. Eso sí, lo franquean, para no hacerle daño. Las barbas grises delatan que es un anciano. Parece llevar días con la misma ropa. ¿Tendrá familia?, ¿habrá comido hoy? «Yo mejor ni lo toco. Que se ocupe el Estado de él», le dice una mujer a otra.

En parte tiene razón. Nadie debería estar desamparado en un país como el nuestro, donde la Constitución consagra el culto a la dignidad plena de todos los cubanos. El ser humano importa, incluso cuando es abandonado por su familia. No por lo que significa materialmente satisfacer una necesidad de vestido o alimentación, como expresara el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, sino para «satisfacer el decoro del ser humano, que no se resigna a sentirse inútil, que no se resigna a sentirse incapaz, que tiene el anhelo humanísimo de poder mostrar su capacidad y su actitud para ganarse la vida, para vivir en la sociedad y que se le estime y respete».

Aunque la cifra de deambulantes en la Isla se considera leve, en comparación con países de la región y de otras latitudes, aún queda mucho por hacer para erradicar este fenómeno, sobre todo para que las familias comprendan que necesitan de su máxima atención y cuidado, aseguran a Granma funcionarios de los ministerios de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y de Salud Pública (Minsap), dos de los principales organismos que intervienen en la atención a personas con conducta deambulante en el país.

¿Cómo se asiste hoy a las personas con este tipo de conducta?

En Cuba las personas con conducta deambulante son aquellas que andan de un lugar a otro, sin un rumbo preciso, aun cuando sea común que tengan un oficio o domicilio conocidos. Entre ellos pueden identificarse a individuos que han tenido conductas disociales, vinculadas al uso irresponsable de alcohol; personas con problemas de vivienda, y adultos mayores carentes de amparo familiar, según especialistas del mtss y del Minsap.

El Consejo de la Administración Provincial, los gobiernos locales y los agentes del orden público son las principales instancias que intervienen en la detección de las personas, familias o grupos con conducta deambulante.

Ómnibus pertenecientes a los gobiernos locales recorren cada territorio del país en la búsqueda de individuos con esta vulnerabilidad social. Luego de su identificación, explica Belkis Delgado Cáceres, directora de Prevención, Asistencia y Trabajo Social del mtss, «el primer paso es hacer una evaluación de la persona, para conocer quién es, dónde vive o si tiene una enfermedad asociada».

En muchos casos, no se trata de un deambulante, sino de individuos que bebieron de más y, sin percibirlo, se quedaron dormidos en algún portón de la ciudad, comenta la funcionaria. Ante esta situación, se contacta a los parientes y se le retorna a su núcleo familiar.

Cuando se detecta a una persona con conducta deambulante, y esta no tiene familiares que respondan por ella inmediatamente, la decisión es «trasladarla a un Centro de Protección Social –en la Isla hay cinco de este tipo–, donde se tendrá más tiempo para localizar a los parientes del individuo», señala Delgado Cáceres.

En el Centro, se realiza una evaluación médica exhaustiva, se le higieniza, y se hacen las primeras evaluaciones de todo tipo, para poder tomar decisiones que ayuden en la reincorporación de la persona a la vida social, comenta por su parte Alberto Fernández Seco, jefe del departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental del Minsap.

El sistema de salud cubano tiene previsto que en esta institución las personas con conducta deambulante sean asistidos por médicos (durante ocho horas) y enfermeras (durante 24 horas). Si los individuos necesitan algún tipo de análisis complementario, por ejemplo, se atienden en el policlínico más cercano a ese centro, comenta Fernández  Seco.

No obstante, esta institución es un centro de evaluación, no de permanencia, ya que tiene una capacidad limitada, aclara la Directora de Prevención, Asistencia y Trabajo Social del mtss. Allí se les dan los primeros auxilios y se garantiza que el deambulante pueda volver a la vida social.

Sin embargo, el papel de la familia es imprescindible para lograr que se reinserten en la cotidianidad. El apoyo familiar es la clave para erradicar esta conducta, agrega.

SOLUCIONES

Las personas involucradas en este fenómeno son adultos y en menor medida, adultos mayores, asegura el Jefe del Departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental del Minsap. Muchos están mal atendidos por la familia, o no cuentan con una vivienda, o son propietarios de casas de las que han sido despojados.

Ante estos casos se tienen en cuenta una serie de decisiones. La primera de las cuales es que, si no hay familia que se ocupe del adulto con más de 60 años de edad, o la que tiene no lo atiende como es debido, «se le garantiza un ingreso en un hogar de ancianos –Cuba cuenta con 155 instituciones de este tipo–, donde tendrá todas sus necesidades cubiertas, y el mtss asume el pago de ese servicio».

El Minsap, añade, es el encargado de buscarle un espacio en esta institución, o en una Casa de abuelos –el sistema de salud cuenta con 294 centros de este tipo– cuando solo precisen de cuidado diurno.

Cuando se da el caso de que la persona presenta alguna patología siquiátrica descompensada, se valora su ingreso en un hospital para estos enfermos, comenta.

En esos casos «el ingreso es temporal. El tratamiento en personas con patologías siquiátricas no precisa una estancia prolongada en un centro hospitalario. Se trata, se medicamenta, y luego vuelve a la vida social y a su hogar», enfatiza.

En caso de que la persona presente descompensaciones de algunas enfermedades crónicas, el Minsap garantiza su atención en centros hospitalarios de la Isla, precisa el especialista.

Muchos de quienes habitan las calles han tenido problemas de vivienda. La conducta deambulante no siempre se asocia a una patología, o a adicciones. Hoy son muchas las personas que habitan las calles por haber tenido problemas de vivienda, coinciden los especialistas.

«Esta situación se repite en muchos de los adultos mayores que deambulan. Algunos son propietarios de casas o apartamentos, sin embargo, las
familias los han rechazado o desplazado. Y, como no sabe a dónde dirigirse para rescatar sus derechos, pernoctan en las calles», añade la Directora de Prevención, Asistencia y Trabajo Social del MTSS.

Algo similar ocurre con las personas que cumplieron sanciones de privación de libertad. Al salir de prisión sus familiares les hacen rechazo, manifiesta.

Ante estos casos, según el Acuerdo 1456 del año 2014, interviene la Fiscalía General de la República (FGR), responsable de prevenir a los familiares obligados de las personas con conducta deambulante para que cumplan con sus obligaciones.

La Fiscalía garantiza, además, la orientación jurídica a los ciudadanos que posean salud mental acerca de la forma en que pueden exigir el cumplimiento de sus derechos.

Para el caso de los enfermos mentales, que no poseen declaración judicial que determine su incapacidad, y se requiera proteger bienes o intereses de los cuales hayan sido despojados o estén en riesgo, la fgr debe indagar sobre los familiares a los que corresponde promover el expediente para declararlos incapacitados.

En el caso de los que son propietarios de viviendas, se coordinan acciones para el inicio de procesos legales, que conduzcan a la restitución de sus derechos.

Asimismo, el Acuerdo 1456 añade que la Policía Nacional Revolucionaria, además de verificar la identidad de la persona con conducta deambulante y sus antecedentes, debe promover la adopción de medidas legales sobre los familiares, que incumplan su deber de atención a estas personas.

UN ESFUERZO DE TODOS

Con la labor de los más de 6 000 trabajadores con que cuenta el país, hemos logrado devolver a muchas de las personas deambulantes a una vida digna, con el acompañamiento de sus familias, explica Belkis Delgado Cáceres, directora de Prevención, Asistencia y Trabajo Social del mtss.

Sin embargo, «es difícil acertar cuando ya las familias se han desentendido. Debemos apelar más a la prevención, y no esperar a actuar cuando ya se ha dado el problema».

No obstante, desde el año 2014 hasta la fecha la cantidad de deambulantes ha disminuido considerablemente, asevera Delgado Cáceres. «Hoy se tiene precisión sobre la cantidad de personas en esta situación y hemos ganado experiencia en su trato y sobre las acciones que hay que realizar para impedir que recaigan, una vez asistidos».

Por otro lado, «hemos protegido familias, a través de la asistencia social, al detectar que en el núcleo familiar de una persona con conducta deambulante el ingreso económico es insuficiente», destaca.

Pero hay que significar que este no es un trabajo solo de las autoridades que están involucradas. «Asistirles es un deber social».

Aunque las cifras sean leves, vivimos en un país de 11 millones de habitantes, «nos preocupamos aunque deambule un solo cubano», concluye la funcionaria.

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