¿Se salvará el Mercosur?


¿Se salvará el Mercosur?

El Mercado Común del Sur (MERCOSUR) enfrenta hoy un complejo escenario de intereses, cuando tres de sus cuatro miembros fundadores se alejan de sus matrices primarias, lo cual pone al bloque económico regional en una zona de alto peligro, mas aun cuando Argentina acaba de retirarse de negociaciones desfavorables para su economía.

Este organismo creado por Argentina, Brasil —los de economías más poderosas hasta ahora— y los pequeños Uruguay y Paraguay, a pesar de algunas divergencias internas respecto al comercio entre socios supo salir airoso en distintas épocas históricas en América Latina. Nunca el escenario fue tan turbio como este 2020.

En los últimos años, cuando regímenes de derecha dirigen los destinos de la mayoría de los socios regionales —salvo Argentina— el mecanismo integracionista se fue debilitando y algunos especialistas le auguran pocas expectativas de vida.

Cuando en Foz de Iguazú se reunieron el 30 de noviembre de 1985, tras la caída de las dictaduras militares, los presidentes de Argentina, Raúl Alfonsín, y de Brasil, José Sarney, no imaginaron que aquel embrión integracionista estaría, 29 años más tarde, quebrándose bajo las leyes del neoliberalismo y las políticas dictadas por gobiernos mercantilistas cuyo fin es destrozar el Estado.

Aunque la asimetría económica de los fundadores podría considerarse un obstáculo, no fue así. En los años siguientes fueron suscriptos varios pactos que dieron entrada a la organización a Uruguay y Paraguay, con pequeños patrimonios financieros.

Lo cierto es que la idea primaria, aunque tomó forma con estos cuatro Estados del Cono Sur, era ampliar la membrecía y convertirse en un mercado para el Sur de América Latina, entonces con más de unos 400 millones de consumidores.

Ello significaba un blindaje económico para una región dependiente de Estados Unidos (EE.UU.) y de Europa, con los cuales podrían discutir futuros acuerdos con cierta igualdad de condiciones.

Los años pasaron y también otros eventos históricos en el que sobresale la agudización del neoliberalismo, cambios a gobiernos inclusivos, luego un retorno en espiral a los dictámenes de EE.UU., y un Mercosur de nuevo dividido entre derechistas e izquierdistas.

Cuando en los años 90 del pasado siglo fue creada la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), algunos analistas previeron el fin del Mercosur. No fue así. La UNASUR tuvo propósitos mucho más abarcadores en lo político y en lo social, con criterios más participativos en cuanto a planes de desarrollo, intercambios comerciales favorables y solidarios, sin demeritar el papel que jugaba el Mercado. Ambos se complementaron.

Incluso, el 29 de junio de 2012, Venezuela, con un gobierno revolucionario, integró la nomina del Mercosur.

Las fisuras comenzaron cuando ese año fue relevado del cargo el presidente paraguayo Fernando Lugo mediante un golpe de Estado parlamentario, luego, de igual manera, en 2016, derrocaron a la mandataria de Brasil, Dilma Rousseff. En 2015 el derechista Mauricio Macri asumió en la Casa Rosada. Lugo y Rousseff fueron reemplazados por políticos de derecha apadrinados por EE.UU.

Tales cambios trajeron consecuencias nefastas para el sistema democrático. En 2016, con un Mercosur en manos de elementos conservadores, le negaron a Venezuela la posibilidad de ejercer la presidencia temporal del bloque, ya que era su turno en el ejercicio rotatorio semestral.

La operación contra Caracas fue un aviso de lo que vendría después. Esa nación suramericana, de suma importancia para el desarrollo de Mercosur al ser la quinta exportadora de petróleo a nivel global, se vio privada de su membrecía, no aceptada por los regímenes de derecha.

Mercosur se movió entonces hacia nuevos intereses representados por el Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversiones impulsado por la Casa Blanca como sustituta del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), derrotada en Mar del Plata por los mandatarios de Argentina, Néstor Kirchner y de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva.

El pasado año, Mercosur y la Unión Europea suscribieron, tras 20 años de negociaciones, un acuerdo que afectará a 770 millones de consumidores. La Comisión Europea calculó las exportaciones del bloque al Mercosur, con base en 2018, en 50 800 millones de dólares, en tanto las importaciones de los cuatro países suramericanos ascendieron a 48 100 millones.

Mientras, la firma de un convenio similar con EE.UU. está aún pendiente.

La pandemia de la COVID-19, que hasta el 9 de mayo de este año afectó a más de tres millones de seres humanos —con Europa durante más de un mes como centro— ha descabezado las economías locales en tanto se da como segura una recesión mayor que las conocidas el pasado siglo.

EE.UU. devenido epicentro de la enfermedad en el hemisferio norte, también está abocado a una crisis sin precedentes que, ahora mismo, tiene a más de 20 millones de personas desempleadas. El presidente Trump ha abierto el país para salvar el mercado, a pesar del alto costo que ello represente en vidas humanas. Y esto es solo el principio. La recuperación en los dos continentes puede tardar años, según aseguran notables economistas.

BOLSONARO Y SUS AMIGOS ULTRADERECHISTAS

Los gobiernos de derecha en el Mercosur, apoyados por Washington y algunos países de la Unión Europea, ejercieron una fuerte presión para promover cambios políticos en Venezuela, pero primero tenían que lograr la destitución al presidente legítimo Nicolás Maduro.

Uno de los mayores opositores a la Revolución Bolivariana es el controvertido presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien a pesar de tener una pesada crisis gubernamental en su contra, sigue a pie juntillas las orientaciones de la administración de Trump contra Venezuela.

Bolsonaro amenazó en octubre del pasado año con tomar medidas para expulsar a Argentina del Mercosur si ganaba el binomio progresista de Alberto Fernández y Cristina Fernández, cuyas ideas políticas tienen como fundamento servir a los sectores más vulnerables de su pueblo.

Para el “facho” (payaso, como lo llaman algunos sectores), el binomio del Frente para Todos, que arrasó en los comicios con más del 63 % de los votos válidos, podría interponerse en la apertura del bloque comercial hacia Washington, promovida por los tres regímenes derechistas que también lo integran. “Si eso ocurre pediré una reunión urgente para expulsar a los argentinos”, aseguró.

El presidente brasileño, que no se caracteriza por su inteligencia ni su rango de estadista, posee una visible tendencia a promover la desintegración en la región para mantenerla en su condición histórica de exportadora de materias primas hacia países desarrollados.

El ex senador paraguayo, Mario Paz Castaing, analizando los 29 años del Mercosur, asegura que “el bloque regional atraviesa además de la crisis sanitaria de la COVID-19 otra política y existencial”.

ARGENTINA NO SALE DEL MERCOSUR, PERO…

Argentina se retiró de las negociaciones que lleva adelante el Mercosur para acordar un tratado de libre mercado con Corea del Sur, Canadá, India y el Líbano, y los futuros, “excluyendo de esta determinación a las ya concluidas con la Unión Europea y con la Asociación Europea de Libre Comercio”, informó la cancillería de Paraguay, que ostenta la presidencia temporal del mecanismo.

En un documento difundido a los restantes socios y a la prensa, el Ministerio de Relaciones Exteriores paraguayo informó que “(…) adoptó esta determinación en atención a prioridades de su política económica interna, agravada por la pandemia de la COVID-19, e indicó que no será obstáculo para que los demás Estados Partes prosigan con los diversos procesos negociadores excluyendo de esta determinación a las ya concluidas con la Unión Europea y con la Asociación Europea de Libre Comercio”.

El presidente Fernández y su canciller Felipe Solá explicaron que las negociaciones en curso son perjudiciales para su país, pues se trata de acuerdos de libre comercio con países que producen bienes que compiten directamente con la industria local.

En su comunicación a Brasil, Uruguay y Paraguay, el ministro Solá señaló que “La integración regional es una forma de afrontar la pandemia global y sus consecuencias económicas y sociales. Es imperiosa en un mundo en el que los organismos internacionales predicen la caída del Producto Interno Bruto en los países de mayor desarrollo, una disminución brusca del comercio global de hasta un 32 % y un impacto imprevisible en la sociedad”.

Destacó que (…) “En su política interna la Argentina se previene de los efectos de la pandemia mientras protege las empresas, el empleo y la situación de las familias más humildes. Lo hace a diferencia de las posiciones de algunos socios, que plantean una aceleración de las tratativas hacia acuerdos de libre comercio con varios Estados”.

El canciller también explicó que “Esta posición, transmitida a los socios del Mercosur, no surge de un capricho sino de una visión sobre el modo de fortalecer las relaciones con las naciones del bloque regional: la hermandad no solo es noble sino potente, y se funda en la reconstrucción del tejido social y productivo de nuestros países”.

En ningún momento el gobierno argentino asumió una renuncia al Mercosur, o al menos no dejó entrever esa posibilidad, aunque su decisión perjudica la cohesión del mecanismo regional, pues cualquier acuerdo debe ser suscrito por los cuatro miembros.

Sin embargo, Fernández y su gabinete no desean meterse en transacciones que, a la larga, los perjudicarán cuando están en un proceso de reestructuración de su deuda externa, ascendiente a mas de 50 000 millones de dólares, la cual empezarán a pagar en 2023, según previsiones.

Argentina está buscando un reacomodo con el resto de los integrantes del Mercosur, que permitan al bloque un avance a ritmos diferenciados en la agenda de relacionamiento externo.

Ello significa que vendrá un esquema de dos velocidades dentro del bloque regional, de mayor flexibilidad para permitir tiempos y formas distintas en las tratativas, lo cual constituye una novedad para la tradicional posición de Buenos Aires frente a sus socios.

El Mercosur cruje. Uno de sus miembros más importantes ha escogido un camino diferente para levantar su economía destrozada por los años de gobierno de Mauricio Macri, que la dejó en ruinas y endeudada. La comunidad del Sur está en peligro.

En CubaHora

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