AMLO a la altura de la diplomacia mexicana


Nunca una visita de un presidente mexicano a Estados Unidos (EE.UU.) despertó tantas incógnitas como el realizado por Andrés Manuel López Obrador hace pocos días, en el que, una vez más, quedó expuesta su inteligencia y proverbial calma ante la arrogancia y prepotencia de Donald Trump.

López Obrador, conocido por las siglas de su nombre, AMLO, había anunciado esta estratégica visita, efectuada los días 8 y 9 de este mes, para dialogar con Trump, quien había insultado y llamado ¨animales¨ a los emigrantes mexicanos. Una mayoría de analistas dudó de que los dos presidentes, tan diferentes entre sí en ideologías, principios y comportamiento, pudieran entenderse.

Muchos criticaron al mandatario del antiguo país de los aztecas por su viaje a Washington, por supuestamente plegarse al grosero Trump, otros pensaron en un encontronazo de trenes, y la mayoría esperó expectante los resultados, pocos días después de que los dos países, más Canadá, cuyo primer ministro JustinTrudeau no apareció en escena, firmaron un nuevo acuerdo comercial que sustituye el original Tratado de Libre Comercio tripartito.

Los agoreros del desastre lanzaron campanas al aire y pidieron en ríos de tinta que no se realizara el encuentro entre vecinos con miradas diferentes en los ámbitos socio-políticos, como si se tratara de una traición del jefe progresista.

No se detuvieron en la situación actual, con Estados Unidos debilitado, en una de sus peores fases económicas, una pandemia que mata a diario miles de personas, un Trump que busca la reelección, pero no se sostiene debido a su mala gobernanza respecto a la COVID-19, que dejó sin empleo a millones de trabajadores, mientras en aras de salvar el mercado abrió el país de par en par oficialmente, aunque muchos gobernadores no le hicieron mínimo caso.

En esta oportunidad no se hizo el ¨gracioso¨ con López Obrador, que no cedió un ápice en sus principios de que a México hay que respetarlo, tratando de igual a igual al representante de la mayor potencia económica y militar del planeta y su vecino más próximo.

En términos simbólicos, el viaje a Washington fue un éxito para el gobierno mexicano. Visitó el Memorial de Abraham Lincoln, donde colocó una ofrenda floral, y luego el monumento al Héroe Nacional Benito Juárez, donde cantó el Himno Nacional de su país. Centenares de inmigrantes lo vitorearon a su paso, luego de recorrer cientos de kilómetros desde Chicago, Indianápolis, las dos Carolinas y Atlanta, entre otros lugares.

No habló en inglés como suelen hacerlos los visitantes de la Casa Blanca. Su discurso en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca dejó clara la posición mexicana y sin dejar mucho espacio a futuras especulaciones.

Con referencias históricas, AMLO habló sobre la positiva relación entre el general Lázaro Cárdenas y el presidente demócrata Franklin D. Roosvelt.

El visitante rechazó de forma abierta la Doctrina Monroe que ahora Trump trata de imponer de nuevo a América Latina y El Caribe, y destacó que George Washington recomendó a Estados Unidos no aprovecharse del infortunio de otras naciones.

AMLO le restregó a Trump que ¨hay agravios que no se han olvidado¨, y le recordó que 11 millones de sus coterráneos y 34 millones más de ese origen son referentes obligados de la economía estadounidense.

La puesta en vigor del nuevo tratado tripartito, que originó su visita, será el punto de partida, opinó, de una economía para la región de Norteamérica, que ya antes de la COVID-19 perdía fuerza a nivel mundial, dejando bien claro que es tan importante para Washington como para México.

Para los analistas, la corbata de AMLO, mandó un mensaje claro a la prepotente Casa Blanca pues su diseño mostraba las seis águilas de la bandera mexicana en su etapa independiente, además de referirse explícitamente a la soberanía de su país y el rechazo a ser tratados o vistos como colonia.

Según el comportamiento mesurado y claro del presidente visitante, dos mensajes quedaron flotando: refrendar la soberanía mexicana en la misma Casa Blanca y la entrada en vigor del T-Mec como el comienzo de la reactivación económica del país y el relanzamiento de su gobierno.

AMLO recibió un país arruinado por una sucesión de gobiernos neoliberales y corruptos, una reducción de los precios del petróleo, la dura posición imperialista de Trump de situar un muro que impediría el paso de inmigrantes de Centroamérica y México a su país, el dominio del narcotráfico en varios Estados donde se yergue como gobernantes paralelos, y que tuvo un punto trágico con el atentado al secretario de seguridad ciudadana de Ciudad de México Omar García Harfuch, el pasado 26 de junio.

A ello se le suma el castigo que, en diversos órdenes, en especial humano y económico, deja a su paso la COVID-19 que aun azota a los mexicanos. A pesar de la delicada situación nacional, el gobierno de AMLO no ha perdido rumbo en cuanto a las perspectivas a futuro.

Uno de los enunciados de su gobierno progresista es el combate a la corrupción. En Florida, fue capturado el exgobernador de Chihuahua, César Duarte, prófugo de la justicia durante cuatro años, que ahora será juzgado por cargos de peculado y desvío de recursos.

El ex director de Petróleos Mexicanos Emilio Loyola, también acusado de corrupción aceptó de manera voluntaria ser juzgado en México, en tanto la política contra delitos auspiciada por la Fiscalía General de la República envuelve a importantes figuras políticas, entre ellas el exmandatario Enrique Peña Nieto.

Las mentiras del régimen de Peña Nieto sobre la desaparición forzada de 45 estudiantes normalistas de la escuela Normal de Ayotzinapa hace cinco años quedaron al descubierto cuando la pasada semana fueron encontrados los restos de uno de los muchachos asesinados por grupos de la mafia en combinación con la Policía Municipal y las autoridades institucionales del estado de Guerrero.

Las mentiras sobre ese caso involucran a Tomás Zeron, prófugo en Canadá, y Jesús Murillo Karam, bajo vigilancia de la Interpol y de la Unidad de Inteligencia Financiera mexicana.

Aun en medios de los serios problemas que enfrenta México, el encuentro del calmado pero firme AMLO y el impredecible Trump, debe verse como una victoria de la diplomacia que se impuso sobre la falsa retórica del mandatario estadounidense.

Al primer viaje del presidente al extranjero desde su asunción fue a su más importante socio comercial. Pronto, cuando haya condiciones, el líder de Morena enrumbará a China, en una visita que fortalecerá los vínculos con la nación asiática, segundo en la lista del comercio mexicano.

Nadie, con pensamiento crítico, pensará que la presencia de AMLO en la Casa Blanca elevará los niveles de aceptación de los mexicanos emigrantes para apoyar a Trump en las elecciones de noviembre próximo.

Fue un viaje de negocios, pues en el séquito mexicano se encontraban algunos de los empresarios más ricos del país. Los que, se quiera o no, garantizar las inversiones necesarias a la economía, sin que ello signifique traicionar los principios que llevaron a AMLO a la presidencia.

Claro que Trump se agarra de cualquier clavo para llevar adelante sus propósitos electorales y disminuir los 10 puntos porcentuales que lo mantienen atrás de las preferencias ciudadanas por Joe Biden, el exvicepresidente de Barack Obama (2009-2017). Las fotos quedaron para la historia, sin que ello signifique un apoyo electoral de los emigrantes mexicanos, los más explotados y peor pagados en el gigantesco imperio.

Desde la ninadeGuatemala

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