Otra vez el sainete sónico


Caricatura en relación a los supuestos ataques acústicos que habrían afectado a funcionarios estadounidenses, en La Habana, Cuba. 6 de octubre de 2017. ACN CARICATURA/Osvaldo GUTIÉRREZ GÓMEZ/ogm

Por Raúl Antonio Capote

Un informe de un Comité creado por las Academias Nacionales de Ciencia, Ingeniería y Medicina (Nasem) de EE.UU. señaló, recientemente, que las ondas de radiofrecuencia pudieran ser la causa más probable de las supuestas afectaciones de salud de los diplomáticos de EE.UU. y sus familias en la capital cubana.

Sin embargo, como se señaló este martes en el paraninfo de la Academia de Ciencias de Cuba, el referido documento no cita ninguna evidencia directa de la hipótesis de la radiofrecuencia, y su discusión de la literatura científica contradice esta idea en varios de sus párrafos.

En el encuentro sostenido en el recinto de la prestigiosa institución, con la prensa nacional y extranjera, participaron como ponentes los reconocidos científicos cubanos, Dr. C Luis Velázquez Pérez, presidente de la institución científica; el Dr. C Mitchell Valdés, director del Centro de Neurociencias y el eminente Dr. C Carlos Alberto Cabal Mirabal.

Expertos internacionales en Biofísica y Bioingeniería de varios países, incluido EE.UU., así como científicos de la Mayor de las Antillas, concluyeron que los síntomas no podrían haber sido causados por ondas de radiofrecuencia en ningún escenario probable.

Es oportuno señalar, y así lo distinguieron los expertos cubanos, que el informe del Nasem es el primer documento oficial de EE.UU. que asigna un papel a los desórdenes neurológicos funcionales y a los factores sicógenos en el desarrollo de las condiciones de salud de los diplomáticos.

El conocido mediáticamente como síndrome de La Habana trajo como resultado que el gobierno de Donald Trump, en el año 2017, retirara a la mayoría de los miembros del personal de la embajada, y emitiera una alerta de viaje, con el absurdo argumento de que sus diplomáticos habían experimentado «ataques selectivos».

Nuestro país rechazó de inmediato los hechos y destinó a sus mejores expertos para que estudiaran los incidentes.

La Associated Press (AP) revelaba en marzo de 2018 que el FBI, tras meses de investigación y cuatro viajes a la Isla, no había encontrado prueba alguna de esos supuestos «ataques sónicos».

En marzo de 2019, el titular de la Dirección de Estados Unidos de la Cancillería cubana, Carlos Fernández de Cossío, en rueda de prensa junto a investigadores del Ministerio del Interior y científicos cubanos, explicó todo el proceso de investigación realizado.

El evento ¿Existe el síndrome de La Habana?, foro internacional sobre los alegados incidentes de salud, organizado por la Academia de Ciencias de Cuba, en coordinación con el Centro de Neurociencias de Cuba (Cneuro), en marzo de 2020 desmintió, científicamente, las teorías de EE.UU.

En el foro, que contó con la participación de investigadores de EE.UU., Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido y Cuba, los especialistas coincidieron en que «no hay elementos para decir que existe una nueva enfermedad», y que las acusaciones «no resisten un análisis científico serio».

¿Quién se beneficia ahora con el uso manipulado del informe del Nasem? ¿Por qué algunos periodistas y políticos hacen uso irresponsable y malintencionado de la información contenida en el documento y omiten la mayoría de sus conclusiones, amplificando sus aspectos más especulativos?

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