La Habana despide al más Leal de sus hijos


Tomado de Cubadebate

Silencio. Eusebio vuelve al Salón de los Pasos Perdidos. El Himno Nacional lo acompaña. Una pequeña caja guarda sus cenizas. Y una imagen lo eterniza a él, con los ojos cerrados, besando la bandera. Bajo la cúpula del Capitolio descansa el hombre más leal que ha tenido La Habana y la enseña nacional lleva un lazo negro, de luto.

Dijo Fina García Marruz que cuando los hombres lo olviden, todavía lo recordarán las piedras. ¿Quién podrá olvidarte, Eusebio, si hoy mismo —ahora— te volvimos a ver? Si la gente pasa y llora, se persigna y te dice “hasta pronto”. Hubo una anciana que escondió una lágrima, otro niño bajó la cabeza, y un señor –vestido de camisa y pantalón oscuros– te levantó el pulgar, como se le hace a los campeones.

“Tú, aun cuando lo amado no siempre te ha correspondido, contra viento y marea has continuado amando. Y lo mejor es que has sabido hacerlo dejando fuera lo banal, maravilla cada vez más extraña”, escribió Silvio cuando Eusebio aún vivía.

Al conocer la muerte del historiador de La Habana el 31 de julio último, comentó: “Con su partida nos quedamos más huérfanos de mujeres y hombres patriotas y revolucionarios que no sienten ni actúan por esquemas prefabricados”.

Quizás ahí es donde habita Leal, en la grandeza de amar y proscribir los odios, en construir y soñar. Por eso se ha guiado –dijo–, por tener un alto componente de sueños y tratar de poner un poco de locura en la cordura.

Entre los que le rindieron tributo a Eusebio Leal esta mañana en el Capitolio Nacional estuvo el cantautor Amaury Pérez.

“La muerte solo habita en el olvido y yo no lo olvido ni un solo día de mi vida. Todavía recuerdo cuando se fue a despedir. Estuvo en la casa con mi esposa y conmigo. Lloramos mucho. Sabíamos que él había hecho su última salida del hospital para ir a nuestra casa, a que yo le pusiera un par de canciones con las que se quería ir a volar”, cuenta.

Dice Amaury que Eusebio quiso escuchar Juego de amor, de José María Vitier, y uno puede imaginarlo tarareando, como le encantaba hacer: “Tan solo en ti, yo descubrí la sensación que amar es transformar la vida en juego”.

También cantaron, aquella última vez, Cuando un ángel cae, “una canción que le escribí a mi papá, y recuerdo que Eusebio me dijo: ‘un día me la vas a cantar a mí, cuando mi ángel caiga’”. Hasta que llegó aquel triste 31 de julio y todo se puso obscuro, se ausentaron las ventanas y decayó el aliento.

Una pequeña caja guarda sus cenizas este 17 de diciembre, justo frente a la estatua de la República. A Amaury se le quiebra la voz cuando dice: “En cuanto vi esa pequeña cajita de madera, pensé cuánta humanidad, cuánta luz, cuánto resplandor había allí adentro. Pero no es posible. Eusebio no cabe ahí. Entonces decidí ponerlo en una cajita más chiquita todavía, una que tengo en el medio del pecho”.

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