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Rehenes en el Norte


 

El Empress of the Seas se despide de La Habana. Fue el útimo crucero en entrar tras la tajante decisión del gobierno Trump.

Por Randy Alonso

La estela de espuma de mar que dejó en la bahía habanera el Empress of the Seas, en su viaje de retorno, puede ser la simbólica imagen del portazo que la administración Trump acaba de darle a la industria de cruceros y a los cientos de miles de estadounidenses que esperaban llegar por mar a la bella nación caribeña que por decenas de años le han prohibido visitar.

Pocas veces, y nunca por tan prolongado tiempo, le ha sido vedado al pueblo estadounidense el derecho a viajar y conocer otros pueblos. El bloqueo los ha convertido en rehenes de su gobierno por casi 60 años. Cuba sigue siendo el único lugar del planeta al que los ciudadanos estadounidenses no pueden ir como turistas. Pero al menos, en los finales del mandato de Obama, se les abrió una ventana con la autorización de los vuelos comerciales y cruceros para traer hasta el archipiélago vecino a quienes pudieran utilizar alguna de las 12 licencias que autorizaban a viajar hasta aquí.

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