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El aspirante a conspirador


Por L. Alberto Rodríguez/Excelsior

Enrique Bravo Escobar es un funcionario que se formó en el estilo político de Jorge G. Castañeda, canciller del conservador ex presidente mexicano Vicente Fox; es decir, en el estilo de Wall Street. Sus intereses están puestos en la liberalización total del mercado tal cual lo enseñó el gurú de la Escuela de Chicago y coautor del golpe de estado en Chile de 1973, Milton Friedman, quien se empeñó en que no hubiera barreras legales o humanas que impidieran una sociedad regida totalmente por el capitalismo. Ese es el testaferro con el cual actúa políticamente en su cargo como oficial en México de la Fundación Nacional para la Democracia (NED, en inglés), organización conspirativa asociada a la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), administrada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

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Almagro en México, base contrarrevolucionaria


Por Angel Guerra Cabrera

México se ha convertido crecientemente en centro de operaciones de la contrarrevolución (anti)cubana. Unas veces clandestinas, en balnearios y parajes alejados de la capital, con la asistencia de activistas de la derecha regional, y otras públicas o semi-públicas. Por el Senado han desfilado los más connotados mercenarios de Estados Unidos en la isla y también integrantes de la contrarrevolución venezolana.

Un caso paradigmático, por ser producto de los laboratorios imperiales de guerra sicológica, es el de Lillian Tintori, esposa del golpista y fascista venezolano Leopoldo López, encarcelado por su responsabilidad en la muerte de 43 compatriotas, sin contar otras fechorías desde que fuera uno los cabecillas del golpe de Estado de 2002 contra el presidente Hugo Chávez.

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Esto es COMEXI: manipular a México para acciones contra Cuba


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Tomado del blog de Alberto Buitre

Trabajando como reportero para un canal de televisión europeo, un día domingo de marzo, paseando por La Habana, toqué a la puerta de una de las llamadas disidentes cubanas. Según mis fuentes, la susodicha pertenecía a las “Damas de Blanco”, organización de mujeres cubanas que, afirman, se encargan de denunciar violaciones a derechos humanos en la isla, claro, con dinero que les asignaba la entonces oficina de intereses de Estados Unidos en la isla. Unos 100 dólares al mes, lo que alcanza para el salario de un trabajador regular cubano. Me encontraba cerca de la quinta avenida habanera, en la zona donde yacen diversas embajadas. Toqué a una casa color verde, amplia, casi el triple de grande que cualquier casa de interés social en México; quizá, unos doscientos metros cuadrados con todo y patio. Pero nadie abrió. Recuerdo haber pensado que aquella era demasiada morada para una “perseguida política de la dictadura”.

–Calma–, me dijo la fuente, como atajando mi ofuscación–, en cualquier momento las verás desfilar por acá enfrente, en el paseo de la avenida, como todos los domingos.

Pero nunca salieron. Pasamos a bebernos una cerveza Baviera casi enfrente, antes de regresar a mi hotel. Ya ahí, otra fuente me dijo que se habían enterado que un corresponsal les buscaba para entrevistarlas, pero que al advertir que no era un reportero “autorizado”, decidieron no salir.

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