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Cada muerte desde el 6 de abril lleva el sello de Ortega Díaz


Todos los días desde el 6 de abril de 2017 nos estremecen noticias sobre gente que, directa o indirectamente, muere a causa de la violencia que se desató, con fuerza inusitada, los días siguientes al anuncio de la fiscal Luisa Ortega Díaz sobre la “ruptura” del hilo constitucional. Eso fue el 31 de marzo de 2017.

Algunos ingenuos pensaron, en análisis muy superficiales, que la cosa llegaría hasta allí. Otros celebraron el asunto creyendo que eso demostraba la “separación” de poderes y que la Fiscal estaría preñada de buenas intenciones.

Pero viendo más allá de lo que ella mostraba, no era muy difícil llegar a la conclusión de que ese sería el primer paso al frente para generar lo que vivimos en Venezuela actualmente: un choque de trenes, un choque de poderes que, apuntalado por las acciones de calle, busca generar ingobernabilidad y vender ante el mundo que Maduro preside un estado fallido. Ortega ahora se apoya en la Asamblea Nacional, después de defender la tesis del desacato y se cuadra con todos aquellos que combatió en el pasado. Pero en su interminable y aparente contradicción cuestiona al Tribunal Supremo de Justicia y pide anular las designaciones de lo magistrados que ella misma avaló. Ahora dice “yo no fui, fueron ellos, yo lo dije pero no me hicieron caso”. Hablamos de “aparente” contradicción porque llama la atención la insistencia en acudir a un poder que fue cuestionado por ella dos meses atrás. La Sala Plena es la que ventila los antejuicios de mérito y quizás ella tenga en ese cuerpo que reúne a los 32 magistrados el apoyo que necesita no sólo para anular la designación de los magistrados designados por ella misma y la AN de 2015, sino para intentar acciones más contundentes.

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La ultraderecha venezolana-española y Franco


Por Ramón Pedregal Casanova / Insurgente

¿Qué relación puede haber entre la Delegación del Gobierno de España en Madrid y los golpistas venezolanos?

Es una cuestión de intereses comunes, la ultraderecha de cualquier país entiende a la ultraderecha de cualquier país. El grupo de violentos de ultraderecha de España y Venezuela que acudieron a impedir que se expusiese su actividad criminal durante éste tiempo pasado, las guarimbas en las que asesinaron a un alto número de personas, desafiaban ante un espacio diplomático de Venezuela la convocatoria de diálogo y paz que hasta el Papa de la Iglesia Católica les ha pedido.

Es obligado repetir la pregunta del comienzo: ¿La Delegación del Gobierno en Madrid y los golpistas venezolanos están de acuerdo?

Si la familia Capriles, dueña de tantos medios en Venezuela, formadora de lo que se denomina la oligarquía, se asienta en Madrid, en la Colonia del Viso, esa zona reservada o ese gueto de la burguesía, zona a la que los fascistas durante la guerra de 1936-39 no bombardeaban cuando su aviación y sus cañones atacaban al resto de la población madrileña, es sólo porque sus intereses pueden guardarlos aquí como en Miami, lugar privilegiado de reunión del fascio del continente sur de América.

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