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Con nuestra casa, no nos entendemos


Por Leticia Martínez Hernández

Una hamaca frente a la otra. La sombra densa de unos mangos bien frondosos, de esos dulces como solo saben crecer en tierra santiaguera. De un lado el pacificador, el hombre que había cerrado el paso a la independencia con un pacto irrespetuoso firmado entre cubanos indignos; del otro lado, un mulato terco que no bajaría su arma mambisa sin la libertad que tanta sangre había costado.

Cuenta Martí en su Diario de Campaña que “Martínez Campos lo fue a abrazar, y Maceo le puso el brazo por delante”. No había acuerdo mientras a la paz le faltara la independencia. No nos entendemos, dijo el hijo de Mariana, y en aquella manigua espesa no hubo más pacto que romper el corojo ocho días después.

Muchos años más tarde, para Fidel, “con la Protesta de Baraguá llegó a su punto más alto, llegó a su clímax, llegó a su cumbre, el espíritu patriótico y revolucionario de nuestro pueblo”. Desde entonces la frase del Titán se convirtió en el santo y seña de todo revolucionario inconforme.

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Las enseñanzas de Baraguá


Por Narciso Amador Fernández Ramírez

¡El futuro de nuestra patria será un eterno Baraguá!
Fidel Castro Ruz, discurso por el 137 aniversario del natalicio de José Martí.

Cada 15 de marzo en las escuelas cubanas los niños escenifican la famosa Protesta de Baraguá, protagonizada por Antonio Maceo en 1878. Un hecho considerado de lo más glorioso de nuestra  historia, y en el que la mayoría de los varones se disputan escenificar al Titán de Bronce cuando le dice al general español Martínez Campos: “Guarde usted ese documento, no queremos saber nada de él”.

Y mientras eso suceda, lo ocurrido en los Mangos de Baraguá no quedará olvidado, pues significó protestar ante una paz sin independencia ni abolición de la esclavitud y ratificar, con ello, la voluntad férrea de un grupo de cubanos de oponerse al Pacto del Zanjón y continuar la lucha.

Allí, además de la intransigencia revolucionaria, hubo otras lecciones de ética y civismo que no debemos pasar por alto, pues bajo los frondosos mangos, Maceo fue un militar de honra y pundonor, tal y como prueba este fragmento de una carta que le enviara al entonces coronel Flor Crombet, al enterarse que se planeaba aprovechar la entrevista para asesinar a Martínez Campos.

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