De nuestra historia: Asunción del Paraguay


DibujoPor Roberto del Río

A sus espaldas cargaron la leña y los heridos. Como a niñitos trataron las mujeres a los hombres: les dieron agua fresca, consuelo y telarañas para las lastimaduras. Las voces de aliento y de alarma brotaron de sus bocas, y también las maldiciones que fulminaron a los cobardes y empujaron a los flojos.

Ellas dispararon las ballestas y los cañones mientras ellos se arrastraban buscando sombrita donde morir. Cuando llegaron a los bergantines los sobrevivientes del hambre y las flechas, fueron las mujeres quienes izaron las velas y buscaron rumbo, río arriba, remando y remando sin quejas. Así ocurrió en Buenos Aires y en el río Paraná.

Al cabo de veinte años, el gobernador Irala ha repartido indios y tierras en Asunción del Paraguay.

Bartolomé García, que fue de aquellos que llegaron en los bergantines desde el sur, masculla sus protestas. Irala no le ha dado más que dieciséis indios, a él que tiene todavía hundida en el brazo una punta de flecha y supo pelear cuerpo a cuerpo con los pumas que saltaban las empalizadas de Buenos Aires.

—¿Y yo? Si te quejas tú, ¿qué diré yo? —chilla doña Isabel de Guevara.

Ella también estuvo desde el principio. Vino desde España para fundar Buenos Aires junto a Mendoza y junto a Irala subió hasta Asunción. Por ser mujer, el gobernador no le ha dado ni un indio.

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